viernes, 2 de octubre de 2015

El Resguardo

Escrita en junio 2015.




Viajaba un forastero a la media noche en su viejo Mustang por una carretera oscura de la ruta 66, cuando uno de los neumáticos explotó.

_ ¡No podía haber sido peor mi suerte! pichado en medio de la nada.

_ Hey, Hey. Una voz le llamaba desde unos matorrales.

_ ¿Quién está ahí? –preguntó asustado.

_ Jose Morfa, un viajero sin valija.

_ Lamentablemente no puedo llevarlo – le argumentó.

_ No se preocupe no iré lejos.

_ Pues siga su camino, los desconocidos me ponen desconfiado.

_ Tranquilo amigo. Conmigo a usted no le pasará nada; es más, si me lleva hasta el cementerio de La Curva le daré un regalo.

_ Váyase por donde vino, usted no me hace sangre.

El hombre se perdió en la oscuridad mientras el vehículo emprendía su largo viaje. Después de recorrer treinta minutos a gran velocidad, la ideal para atropellar de muerte a cualquier cosa que estuviera en su camino, observó los matorrales y el bache donde su goma había explotado anteriormente. Estaba en el mismo lugar de donde partió y allí estaba el hombre saliendo del matorral nuevamente. Arrancó a toda velocidad sin esperar a que el sujeto le dirigiera la palabra. Pasó una hora manejando y sin quererlo estaba de nuevo en el mismo lugar donde el hombre le esperaba frente al matorral.

_ Le dije que si anda conmigo a usted no le pasará nada. Lléveme al cementerio de La Curva.

Simón tenía los nervios crispados, más que su erizado cabello. Arrancó el auto con el hombre a su lado, que no emitió palabra durante el trayecto. Unos minutos antes de llegar a su destino se quitó algo del cuello.

_ Tenga, se lo regalo.

_ Usted no me debe nada.

_ Es un resguardo, lo tengo desde hace años y me ha librado de la muerte muchas veces. Se lo compré al mismo Diablo.

Simón, más asustado ahora, lo cuestionó.

_ ¿Y por qué no lo quiere ahora?

_ Estoy cansado de tanto escapar, de que me persigan y no me atrapen. Ya quiero descansar.

_ Déselo a un familiar o a un hijo suyo.

_ Todos han muerto. Cada vez que me libro de la muerte el Diablo se lleva un ser querido.

_ ¡Yo no quiero esa cosa, la reprendo en el nombre de Dios!

_ Si no la toma pasará la noche dando vueltas en el mismo lugar. Además, si usted no tiene enemigos nadie lo va a perseguir y su familia no morirá.

_ También es cierto. ¿Qué va a pasar con usted sin el resguardo?

_ A lo mejor viva tranquilo por estos lares.

_ De acuerdo, déjeme el resguardo que yo lo guardaré.

_ Recuerde siempre llevarlo consigo, no se lo puede quitar – le advirtió.

Partió Simón de La Curva poniendo fin a tan extraña noche, viendo por el retrovisor al hombre medio a medio de la carretera. Apenas lo perdió de vista agarró el hilo grueso que sostenía un pequeño bulto amarrado, lo lanzó hacia el monte, terminando una noche de locos y locuras. Recorrió dos horas más cuando repentinamente de la nada salió una sombra a la cual atropelló.

Bajó lentamente del auto buscando al animal al que le había quitado la vida. Iluminó el suelo bajo el auto y allí estaba el hombre muerto, en el mismo lugar donde se le pichó la goma por primera vez. No podía sacarlo porque estaba atrabancado con el chasis. Sin pensarlo mucho arrancó el automóvil para destrabarlo pero lo que hizo fue arrastrar más al desdichado.

_ ¡El no debió quitarse el resguardo, no debió!                                   

Simón lloraba en medio de la oscuridad. Recorrió todo el trayecto arrastrando al hombre que dejó una larga mancha roja haciendo de la carretera una doble vía. Llegó hasta el cementerio de La Curva para enterrar lo que quedaba del hombre y luego aferrar su vida a la búsqueda del resguardo para no correr con la misma fatídica suerte.

Amaneció, después de dos horas de intensa búsqueda sin encontrar el resguardo. Cuando despertó estaba dentro de su carro, en el mismo lugar donde conoció al extraño hombre salido del matorral.



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