Escrita en junio 2015.
Viajaba un forastero a la media noche en su viejo Mustang por una carretera
oscura de la ruta 66, cuando uno de los neumáticos explotó.
_ ¡No podía haber sido peor mi
suerte! pichado en medio de la nada.
_ Hey, Hey. Una voz le llamaba
desde unos matorrales.
_ ¿Quién está ahí? –preguntó
asustado.
_ Jose Morfa, un viajero sin
valija.
_ Lamentablemente no puedo
llevarlo – le argumentó.
_ No se preocupe no iré lejos.
_ Pues siga su camino, los
desconocidos me ponen desconfiado.
_ Váyase por donde vino, usted no
me hace sangre.
El hombre se perdió en la oscuridad mientras el vehículo emprendía su largo
viaje. Después de recorrer treinta minutos a gran velocidad, la ideal para
atropellar de muerte a cualquier cosa que estuviera en su camino, observó los
matorrales y el bache donde su goma había explotado anteriormente. Estaba en el
mismo lugar de donde partió y allí estaba el hombre saliendo del matorral
nuevamente. Arrancó a toda velocidad sin esperar a que el sujeto le dirigiera
la palabra. Pasó una hora manejando y sin quererlo estaba de nuevo en el mismo
lugar donde el hombre le esperaba frente al matorral.
_ Le dije que si anda conmigo a
usted no le pasará nada. Lléveme al cementerio de La Curva.
Simón tenía los nervios crispados, más que su erizado cabello. Arrancó el
auto con el hombre a su lado, que no emitió palabra durante el trayecto. Unos
minutos antes de llegar a su destino se quitó algo del cuello.
_ Tenga, se lo regalo.
_ Usted no me debe nada.
_ Es un resguardo, lo tengo desde
hace años y me ha librado de la muerte muchas veces. Se lo compré al mismo
Diablo.
Simón, más asustado ahora, lo cuestionó.
_ ¿Y por qué no lo quiere ahora?
_ Estoy cansado de tanto escapar,
de que me persigan y no me atrapen. Ya quiero descansar.
_ Déselo a un familiar o a un hijo
suyo.
_ Todos han muerto. Cada vez que
me libro de la muerte el Diablo se lleva un ser querido.
_ ¡Yo no quiero esa cosa, la
reprendo en el nombre de Dios!
_ Si no la toma pasará la noche
dando vueltas en el mismo lugar. Además, si usted no tiene enemigos nadie lo va
a perseguir y su familia no morirá.
_ También es cierto. ¿Qué va a
pasar con usted sin el resguardo?
_ De acuerdo, déjeme el resguardo
que yo lo guardaré.
_ Recuerde siempre llevarlo
consigo, no se lo puede quitar – le advirtió.
Partió Simón de La Curva poniendo fin a tan extraña noche, viendo por el
retrovisor al hombre medio a medio de la carretera. Apenas lo perdió de vista
agarró el hilo grueso que sostenía un pequeño bulto amarrado, lo lanzó hacia el
monte, terminando una noche de locos y locuras. Recorrió dos horas más cuando
repentinamente de la nada salió una sombra a la cual atropelló.
Bajó lentamente del auto buscando al animal al que le había quitado la
vida. Iluminó el suelo bajo el auto y allí estaba el hombre muerto, en el mismo
lugar donde se le pichó la goma por primera vez. No podía sacarlo porque estaba
atrabancado con el chasis. Sin pensarlo mucho arrancó el automóvil para
destrabarlo pero lo que hizo fue arrastrar más al desdichado.
_ ¡El
no debió quitarse el resguardo, no debió!
Simón lloraba en medio de la oscuridad. Recorrió todo el trayecto
arrastrando al hombre que dejó una larga mancha roja haciendo de la carretera
una doble vía. Llegó hasta el cementerio de La Curva para enterrar lo que quedaba
del hombre y luego aferrar su vida a la búsqueda del resguardo para no correr
con la misma fatídica suerte.
Amaneció, después de dos horas de intensa búsqueda sin encontrar el
resguardo. Cuando despertó estaba dentro de su carro, en el mismo lugar donde
conoció al extraño hombre salido del matorral.



1 comentarios:
Me encanto!!
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