Escrita en julio 2015
José no tiene alma. Así lo aseguran todos. Hace muchos años padecía
terribles dolores en el cuerpo que le afectaban los pulmones, en un momento le
dolían los riñones, en otro rato la cabeza o las articulaciones. Salió desde la
loma hasta la ciudad a buscar la cura de su molestoso mal. Cientos de exámenes
y pruebas no arrojaron enfermedad alguna. Estaba fuerte como roble. Como última
salida fue a visitar a un viejo boticario que lo sabía casi todo.
_ Eso que tu sientes que sube,
baja y cambia de posición es el alma que se te quiere salir.
_ Yo no creo eso, no soy creyente.
– le aseguró.
_ ¿Y
por qué estás aquí entonces? – preguntó intrigado.
_ Porque estoy desesperado, los
dolores son cada vez más fuertes.
_ Podría ayudarte a sacarlo, pero
de hoy en adelante quedarás sin alma.
_ Hágalo, no creo que algo que
quiera salir de mi sirva para mucho.
El anciano puso al hombre desnudo de pie. Analizó cada parte de su cuerpo.
Vio por donde pasaba una bola de aire que subía y bajaba, notándose más en su
pierna derecha. La contuvo fuertemente evitando que se esfumara de la zona y
con una cánula la pinchó y ésta salió como humo blanco hacia el exterior, que
se confundió con el aire en pocos segundos.
Al ver esto José se sorprendió. El alma se le salió del cuerpo, liberándolo
de dolores para siempre. A partir de ese momento tuvo una salud de fierro.
Fueron muchos los curiosos que circularon la noticia, hasta que toda la
población estuvo enterada de lo que sucedió con José –el sin alma- nombre con
el que fue llamado desde entonces.
Mejorando su economía ya que podía seguir dedicándose a su oficio de
albañil, quiso formar una familia y fue a enamorar a una bella muchacha del
rancho vecino.
_ Lo siento mucho José. No puedo
aceptarte porque eres un desalmado. No sabrás quererme y yo sólo voy a sufrir
contigo.
Abandonó la idea de casarse y fue a la iglesia a que el padre lo ayudara.
_ No puedo hacer nada José. No
tienes alma para salvar. ¿Qué le puedes ofrecer a Dios o al demonio?
Salió José compungido de la iglesia y en el camino se le atravesó un
caballo y lo hirió de muerte. Fue llevado al cuartel para ser juzgado por su
crimen.
_ Este hombre aunque cruel no
tiene alma, por tanto, no es responsable de sus actos. – dijo el juez.
Lo que en un principio pareció una ventaja ahora se convertía en un
prejuicio. Ni para bien ni para mal era aceptado por no tener alma. Quiso darle
otro rumbo a su vida y comenzar nuevamente. Se integró en la milicia para
luchar por su país.
_ José no puedes unírtenos porque
necesitarás tu alma para sobrellevar esta vida de sacrificios.
_ Estoy cansado ya de tantas limitaciones.
- manifestó derrotado.
_ ¿Y por qué no sales a buscar tu
alma para que seas normal nuevamente? – dijo el reclutador.
_ ¿Podría?
_ Seguro que el que te la quitó
podría dártela si quisiera.
Volvió el desdichado donde el boticario que lo liberó de los dolores y le
manifestó su petición.
_ Quiero mi alma de vuelta.
_
No puedo hacer eso. La vendí.
Asustado el hombre preguntó:
_ ¿A quién se la vendió?
_ Un viajero que pasaba por aquí
buscando curiosidades.
_ ¿Y ahora qué hago sin alma?
_ Estabas bien sin ella, ¿por qué
la quieres de vuelta si padecías de dolor?
_ No me puede amar una mujer, ni a
Dios ni mi país sino tengo alma. Lo he intentado todo y nadie me acepta.
_ Sólo te queda una cosa: Toma
esta cánula e inhala el humo blanco que salga de algún moribundo, así poseerás
su alma.
continuará..............................................



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