lunes, 5 de septiembre de 2016

El hombre sin alma. Primera parte.

Escrita en julio 2015




José no tiene alma. Así lo aseguran todos. Hace muchos años padecía terribles dolores en el cuerpo que le afectaban los pulmones, en un momento le dolían los riñones, en otro rato la cabeza o las articulaciones. Salió desde la loma hasta la ciudad a buscar la cura de su molestoso mal. Cientos de exámenes y pruebas no arrojaron enfermedad alguna. Estaba fuerte como roble. Como última salida fue a visitar a un viejo boticario que lo sabía casi todo.

_ Eso que tu sientes que sube, baja y cambia de posición es el alma que se te quiere salir.

_ Yo no creo eso, no soy creyente. – le aseguró.

_ ¿Y por qué estás aquí entonces? – preguntó intrigado.

_ Porque estoy desesperado, los dolores son cada vez más fuertes.

_ Podría ayudarte a sacarlo, pero de hoy en adelante quedarás sin alma.

_ Hágalo, no creo que algo que quiera salir de mi sirva para mucho.

El anciano puso al hombre desnudo de pie. Analizó cada parte de su cuerpo. Vio por donde pasaba una bola de aire que subía y bajaba, notándose más en su pierna derecha. La contuvo fuertemente evitando que se esfumara de la zona y con una cánula la pinchó y ésta salió como humo blanco hacia el exterior, que se confundió con el aire en pocos segundos.

Al ver esto José se sorprendió. El alma se le salió del cuerpo, liberándolo de dolores para siempre. A partir de ese momento tuvo una salud de fierro. Fueron muchos los curiosos que circularon la noticia, hasta que toda la población estuvo enterada de lo que sucedió con José –el sin alma- nombre con el que fue llamado desde entonces.

Mejorando su economía ya que podía seguir dedicándose a su oficio de albañil, quiso formar una familia y fue a enamorar a una bella muchacha del rancho vecino.

_ Lo siento mucho José. No puedo aceptarte porque eres un desalmado. No sabrás quererme y yo sólo voy a sufrir contigo.

Abandonó la idea de casarse y fue a la iglesia a que el padre lo ayudara.

_ No puedo hacer nada José. No tienes alma para salvar. ¿Qué le puedes ofrecer a Dios o al demonio?

Salió José compungido de la iglesia y en el camino se le atravesó un caballo y lo hirió de muerte. Fue llevado al cuartel para ser juzgado por su crimen.

_ Este hombre aunque cruel no tiene alma, por tanto, no es responsable de sus actos. – dijo el juez.

Lo que en un principio pareció una ventaja ahora se convertía en un prejuicio. Ni para bien ni para mal era aceptado por no tener alma. Quiso darle otro rumbo a su vida y comenzar nuevamente. Se integró en la milicia para luchar por su país.

_ José no puedes unírtenos porque necesitarás tu alma para sobrellevar esta vida de sacrificios.

_ Estoy cansado ya de tantas limitaciones. - manifestó derrotado.

_ ¿Y por qué no sales a buscar tu alma para que seas normal nuevamente? – dijo el reclutador.

_ ¿Podría?

_ Seguro que el que te la quitó podría dártela si quisiera.

Volvió el desdichado donde el boticario que lo liberó de los dolores y le manifestó su petición.

_ Quiero mi alma de vuelta.

_  No puedo hacer eso. La vendí.

Asustado el hombre preguntó:  

_ ¿A quién se la vendió?

_ Un viajero que pasaba por aquí buscando curiosidades.

_ ¿Y ahora qué hago sin alma?

_ Estabas bien sin ella, ¿por qué la quieres de vuelta si padecías de dolor?

_ No me puede amar una mujer, ni a Dios ni mi país sino tengo alma. Lo he intentado todo y nadie me acepta.

_ Sólo te queda una cosa: Toma esta cánula e inhala el humo blanco que salga de algún moribundo, así poseerás su alma.


continuará..............................................


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