Escrita en junio 2015
Ella, la de los ojos verdes, la que por ella muchos se batieron a tiros, ya
no está. Se fue con la lluvia, después de una tarde de pocos clientes.
Ella, la que enfermó a muchos y la que sanó a pocos ya se fue. Se la llevó
el sistema, la insalubridad, la violencia y el malvivir de la calle.
Ella, por la que muchos, gustosos perdieron la vida por poseer sus carnes
blancas y saciar sus fantasías más recónditas que mudas dormían bajo su
almohada marital ya no está: se hizo muda, invisible e indolora.
Ella, hoy es olvidada, negada. Su cuerpo, sus manos, sus labios, su pícara
mirada verde no dejaron huellas en sus amantes, ni en los maridos, en los
clientes ni en los transeúntes.
Ella, hoy muerta cede su esquina, sus hombres y detalles a las nuevas, que
en corto tiempo serán el blanco de los destazadores de la miseria humana.



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