Escrita en junio 2015
Tan hermosa voz era la de aquel niño que su madre orgullosa lo mostraba
como trofeo donde quiera, forzando sin saber sus cuerdas vocales aun no desarrolladas.
Su vibrato, hermoso y limpio, provocaba los celos de las aves cantoras del
campo.
_ Canta mi niño como jilguero, las
aves están admiradas por tu hermosa voz. Canta mi niño y acurruca las flores
que cerrarán sus pétalos para descansar. Canta mi niño para que el cielo se
ponga azul y la tempestad se aleje. Canta para que crezcan los arrozales, para
que los ríos tengan agua. Canta para que las gotas de rocío inunden los campos.
Canta para que los frutos crezcan.
_ Mamá, ya no me queda voz, mi don
se ha marchado con esa ave que entró por la ventana.
La madre miró a su desconsolado hijo y dándole un beso le dijo estas
palabras:
_ Si tu don ya no está usa tus
manos. Siembra para que los frutos crezcan, limpia para que los ríos se llenen,
cuida para que el cielo sea siempre azul y protege tu ambiente para que un día
el jilguero vuelva a tu ventana y entonces cante para ti.



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