jueves, 28 de abril de 2016

Porque mañana llega Ángela

Escrita en junio  2015





Las cortinas blancas, brillantes, recién lavadas lucían dobladas encima de la mesita de la sala donde todo patas arriba esperaba ser embellecido, para celebrar el reencuentro de la familia Perozo con su hija mayor.

_ ¡Mujé no te enganche tan alto, que eso hueso no se pegan si te cae!

_ E que tu sabe que a la niña le gutan la flore, ayúdame con eto.

_ Apurate mujé que viene gente y van a encontra el mojadero.

_ Don Mon, el alcalde manda a preguntar que dónde pone las sillas.

_ Ay muchacho de eso yo no sé. Dile que le pregunte al cura - no al joven, al que me bautizó la niña de chiquita.

La plazoleta, el arco de la entrada del pueblo y la alcaldía iban a ser remozados para entregar las llaves de honor a una hija meritísima que desde hace 25 años ponía en alto el orgullo Elorense en tierras extranjeras.

En la casa paterna, los organizadores –de pie- se ponían de acuerdo con los detalles finales para tan digno recibimiento.

_ ¿Y dónde vamo sa pone tanta gente?

_ Bueno muje, la niña tiene que vé mucha gente que la quiera, diga ute alcalde.

_ En la explanada de la Alcaldía caben unas doscientas, los demás que queden de pie. ¿Que usted dice Cura?

_ Pues, serán los más jóvenes, porque los ancianos no podrán resistir tantos discursos y chácharas.

_ Los jóvenes no la conocen. Hace muchos años que se fue del pueblo y sus logros no se escuchan  por aquí –dijo el director de la banda.

_ Y tampoco su filantropía –aseguró el alcalde.

_ ¿A qué uté se refiere con eso de la filapía? –preguntó la madre inquisidora.

_ Que este rancho se está cayendo a pedazos y su hija ni se molesta en repararlo. Lo único que hace es decir cada año que vendrá y no termina de llegar.

_ Mire uté, la niña ta muy ocupada. –salió en defensa la abnegada madre.

_ Bueno, vamo sa lo que vinimo, no hemo organizado la silla, ni la comida y tamo tarde - dijo el padre de la homenajeada para calmar los ánimos.

_ Manaña llega Ángela... – suspiró el alcalde.

_ ¿Y que uté dice con eso don Ocar?

_ Que recuerdo lo alegre que era.

_ ¿Alegre? Será inquieta – dijo el cura.

_ ¿Inquieta cura? No, esa era una puta. Tuvo con tanto hombre pudo, hasta encontrar al turco que se la llevó. ¡Qué piernas tenía esa hembra! – dijo el de la banda.

_ ¡Pobre turco! –expresó el alcalde.

_ Si utede no se callan voy a saca el machete pa córtale la lengua.

_ No se ponga así compadre Mon, como quiera que sea, mañana llega Ángela y tenemos que terminar los preparativos.

El silencio adornó por un minuto todo el aire de la sala patas arriba, produciéndose un quiebre en la esquina que daba al callejón.

_ Aquí traje el reconocimiento a la meritísima –dijo el profesor Molina.

_ Ja, ja, ja se burló el director de la banda.

_ ¡Si uté no se va ahora mismo yo lo mato! –exclamó el padre ofendido.

_ ¡Si se va la música me llevo las sillas! – amenazó el alcalde.

_ ¡Si se llevan las sillas me llevo el discurso! - dijo el cura.

_ ¡Pues si no hay música, ni sillas, ni discurso me llevo el reconocimiento.

_ ¡Vállense todo, que como quiera mañana ella viene.

Partieron los organizadores dando por terminado todo el aparataje que dicho acontecimiento suspendido merecía.

_ Vieja, taba yo pensando, ¿porque la niña nunca nos ha ayudado y nosotros poniendo cada año la casa bonita para ella?

_ Yo no sé viejo, parece que el turco no se porta bien.

_ ¿No será vieja que ella no se porta bien con nosotro?

_ ¿Y que hagamo ahora?

_ Bájate de esa silla y acomodemo lo mueble que tan mareao de tene la cabeza pa bajo.

El camino se revistió de una espesa polvareda que traía buenas nuevas. Un auto convertible de lujo se dirigía a gran velocidad hacia Eloren, pueblo que antes se caracterizaba por su limpieza y hospitalidad. Una máscara de polvo y sudor cubrió el rostro de la elegante dama, que observaba con desprecio el lugar que la vio nacer.

_ Si hubiese sabido que este pueblo estaría tan sucio y polvoriento no habría puesto un pie nuevamente acá. ¡Tanto que avisé que venía y ni siquiera barrieron la plaza!

Con un gesto de desaprobación dio la espalda, sacudió sus desnudos hombros y encendió su automóvil girando en U para nunca regresar. Nadie notó su llegada ni su partida.

_ No te preocupe viejo, ella no vino eta vé pero el año que viene arreglaremo todo nosotro mimo para cuando llegue la niña.

_ Asimimito será vieja.

Al caer la tarde los apenados padres se cansaron de esperar que ella entrara por la puerta de la casa. Después de esperarla cada año haciendo preparativos, los organizadores se cansaron de venerarla y del mérito pasó al descrédito y del descrédito pasó al olvido.

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