Escrita en junio 2015
Las cortinas blancas, brillantes, recién lavadas lucían dobladas encima de
la mesita de la sala donde todo patas arriba esperaba ser embellecido, para
celebrar el reencuentro de la familia Perozo con su hija mayor.
_ ¡Mujé no te enganche tan alto,
que eso hueso no se pegan si te cae!
_ E que tu sabe que a la niña le
gutan la flore, ayúdame con eto.
_ Apurate mujé que viene gente y
van a encontra el mojadero.
_ Don Mon, el alcalde manda a
preguntar que dónde pone las sillas.
_ Ay muchacho de eso yo no sé. Dile
que le pregunte al cura - no al joven, al que me bautizó la niña de chiquita.
La plazoleta, el arco de la entrada del pueblo y la alcaldía iban a ser
remozados para entregar las llaves de honor a una hija meritísima que desde
hace 25 años ponía en alto el orgullo Elorense en tierras extranjeras.
En la casa paterna, los organizadores –de pie- se ponían de acuerdo con los
detalles finales para tan digno recibimiento.
_ ¿Y dónde vamo sa pone tanta
gente?
_ Bueno muje, la niña tiene que vé
mucha gente que la quiera, diga ute alcalde.
_ En la explanada de la Alcaldía
caben unas doscientas, los demás que queden de pie. ¿Que usted dice Cura?
_ Pues, serán los más jóvenes,
porque los ancianos no podrán resistir tantos discursos y chácharas.
_ Los jóvenes no la conocen. Hace muchos
años que se fue del pueblo y sus logros no se escuchan por aquí –dijo el director de la banda.
_ Y tampoco su filantropía
–aseguró el alcalde.
_ ¿A qué uté se refiere con eso de
la filapía? –preguntó la madre inquisidora.
_ Que este rancho se está cayendo
a pedazos y su hija ni se molesta en repararlo. Lo único que hace es decir cada
año que vendrá y no termina de llegar.
_ Mire uté, la niña ta muy ocupada.
–salió en defensa la abnegada madre.
_ Bueno, vamo sa lo que vinimo, no
hemo organizado la silla, ni la comida y tamo tarde - dijo el padre de la
homenajeada para calmar los ánimos.
_ Manaña llega Ángela... – suspiró
el alcalde.
_ ¿Y que uté dice con eso don Ocar?
_ Que recuerdo lo alegre que era.
_ ¿Alegre? Será inquieta – dijo el
cura.
_ ¿Inquieta cura? No, esa era una
puta. Tuvo con tanto hombre pudo, hasta encontrar al turco que se la llevó.
¡Qué piernas tenía esa hembra! – dijo el de la banda.
_ ¡Pobre turco! –expresó el
alcalde.
_ Si utede no se callan voy a saca
el machete pa córtale la lengua.
_ No se ponga así compadre Mon,
como quiera que sea, mañana llega Ángela y tenemos que terminar los
preparativos.
El silencio adornó por un minuto todo el aire de la sala patas arriba,
produciéndose un quiebre en la esquina que daba al callejón.
_ Aquí traje el reconocimiento a la
meritísima –dijo el profesor Molina.
_ Ja, ja, ja se burló el director
de la banda.
_ ¡Si uté no se va ahora mismo yo
lo mato! –exclamó el padre ofendido.
_ ¡Si se va la música me llevo las
sillas! – amenazó el alcalde.
_ ¡Si se llevan las sillas me
llevo el discurso! - dijo el cura.
_ ¡Pues si no hay música, ni
sillas, ni discurso me llevo el reconocimiento.
_ ¡Vállense todo, que como quiera
mañana ella viene.
Partieron los organizadores dando por terminado todo el aparataje que dicho
acontecimiento suspendido merecía.
_ Vieja, taba yo pensando, ¿porque
la niña nunca nos ha ayudado y nosotros poniendo cada año la casa bonita para
ella?
_ Yo no sé viejo, parece que el
turco no se porta bien.
_ ¿No será vieja que ella no se porta
bien con nosotro?
_ ¿Y que hagamo ahora?
_ Bájate de esa silla y acomodemo
lo mueble que tan mareao de tene la cabeza pa bajo.
El camino se revistió de una espesa polvareda que traía buenas nuevas. Un
auto convertible de lujo se dirigía a gran velocidad hacia Eloren, pueblo que antes
se caracterizaba por su limpieza y hospitalidad. Una máscara de polvo y sudor
cubrió el rostro de la elegante dama, que observaba con desprecio el lugar que
la vio nacer.
_ Si hubiese sabido que este
pueblo estaría tan sucio y polvoriento no habría puesto un pie nuevamente acá. ¡Tanto
que avisé que venía y ni siquiera barrieron la plaza!
Con un gesto de desaprobación dio la espalda, sacudió sus desnudos hombros
y encendió su automóvil girando en U para nunca regresar. Nadie notó su llegada
ni su partida.
_ No te preocupe viejo, ella no
vino eta vé pero el año que viene arreglaremo todo nosotro mimo para cuando
llegue la niña.
_ Asimimito será vieja.
Al caer la tarde los apenados padres se cansaron de esperar que ella
entrara por la puerta de la casa. Después de esperarla cada año haciendo
preparativos, los organizadores se cansaron de venerarla y del mérito pasó al
descrédito y del descrédito pasó al olvido.



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