sábado, 20 de febrero de 2016

El domador de leones

Escrita en junio 2015



_ ¡Salta león! –decía el domador mientras plasmaba un latigazo correctivo sobre su amaestrada fiera.

El público aplaudía todas las peripecias que este hombre le había enseñado al león traído hacía ocho años del África.

El animal siempre respondía fielmente a las peticiones de su amo hasta que llegó el momento del salto a través del aro de fuego. La carpa estaba a plaza llena, todos admirados esperaban el gran momento en que Sansón volara por los aires y traspasara el objeto en llamas. Redoblaron los tambores y posándose sobre una base redonda de muchos colores la fiera miró fijamente el aro sintiendo temor de lo que habría detrás del fuego.

_ ¡Sansón, Sansón! – gritaba el público.

_ ¡Vamos animal cobarde! –le pegó su domador con el látigo por segunda vez.

Sansón se puso en posición de ataque y de un sólo intento atravesó el fuego saliendo ileso. La multitud estaba de pie admirando tal proeza.

El domador subió a la base multicolor, para desde allí ser aplaudido por la multitud que le rendía pleitesía. Desde esa altura observó el aro de fuego y no pudo comprender lo que comenzaba a sentir.

A través de las llamas la fiera vio a su presa subida sobre la base, y con igual agilidad saltó nuevamente venciendo el obstáculo, cayendo encima de su amo, al que le destrozó la mano que todavía empuñaba el látigo. Auxiliado por sus compañeros el domador se levantó y miró fijamente al león y dijo:


_ Sansón me ha traspasado sus miedos. Ya sé cómo se siente esperar lo inesperado, al traspasar el aro hacia lo desconocido.

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