sábado, 13 de agosto de 2016

Mayflower - Primera parte

Escrita en noviembre  2014.- 

Primera parte.





Como cada año el pequeño poblado de Tizzu se reviste de color. Zona de suelo fértil dedicada mayormente al cultivo de flores y frutas silvestres, posee un pequeño afluente cuyas aguas brotan de debajo de su único puente. El –Sooa- en algunas épocas está totalmente seco, pero en otras ocasiones salen de él aguas frescas, frías, limpias. No tiene mucha profundidad, lo que permite ver su fondo sin ninguna dificultad. En verano se coronan sus alrededores de flores silvestres multicolores: anaranjadas, carmín, amarillas, violetas, semejando una gran alfombra colocada a lo largo de la rivera. Sus aguas cristalinas reflejan el colorido de la zona y si una que otra flor es revoloteada por el viento, sus pétalos flotan en su apacible corriente.

Durante los días de junio al caer el sol, ocurre un evento sin igual. Las flores no son las protagonistas en el río, éste en cambio se viste con otro color, más transparente, con más vida: las efímeras o moscas de mayo ofrecen un gran espectáculo alado, formando con sus alas parecidas a los pétalos, flores flotantes. Este ritual de apareamiento da lugar a una nueva vida pero también lleva a la muerte a sus participantes.

Así nació Mayflower:

_ ¡Tan pronto tenga alas podré volar por todo el lugar y me posaré en todas las flores!

_ Eso lo dudo pequeñita. Mírate, eres diferente a todas las ninfas del rio. –dijo una de ellas.

_ Además moriremos antes de conocer a la gran belleza blanca. –advirtió otra.

_ No me siento diferente, quizás un poco más pequeña que ustedes – admitió.

_ Está bien pequeñita. Lo que tú digas.

En el fondo, las ninfas se alimentaban de materia orgánica mientras observaban con atención la zona, previniendo que los peces del lugar no las tomaran como alimento. Algunas de sus hermanas ya habían desaparecido de igual modo. Sobrevivir no era una opción, era una necesidad imprescindible para cumplir el gran sueño de toda mosca: contemplar la gran luna llena.

Una mañana muy temprano, apenas comenzaba a clarear cuando Mayflower comía junto a una multitud de ninfas, llegaron los peces hambrientos, quedando rodeadas por los depredadores. Ellos querían comer hasta el cansancio, subestimando las cualidades de éste pequeño insecto todavía no desarrollado. Los peces empezaron a absorber toda comida viviente existente en esa área. Las ninfas se movían con lentitud debido a su estado en desarrollo. Trataron de escapar pero la mayoría fue tragada por las fauces acuáticas.

Mayflower buscó rápidamente cuál sería el lugar por donde escapar y notó que uno de los grandes peces estaba tan satisfecho que apenas podía moverse. A la velocidad de un caracol ella se dirigió hasta el pez y sin éste notarla pudo salir de la zona de ataque sana y salva.

_ Un día más viva.

Algunas noches junto a un reducido grupo, subía a la superficie para admirar las pequeñas y amarillas lunas que desde la distancia se observaban en el poblado.

_ Crees que algún día alguien podrá llegar a esas lunas May?

_ Seguro que sí. Necesitamos comer, madurar y sobrevivir para lograrlo. Yo tengo muchos viajes por recorrer y….

 _ Ten por seguro que moriremos como ninfas. Seremos tragadas por los peces. Y las que crezcan serán eliminadas por los dueños de las lunas.

_ ¿Quién te dijo eso?

_ Todas lo saben menos tú. Ninguna estará en los rituales de la gran luna.

Todas estas pesimistas ideas eran transmitidas de generación en generación, creando una vida triste y conformista desde su nacimiento. Ella sentía que era diferente a las demás. Sabía que si logró escapar del pez gordo, podría escapar de situaciones peores. Nada era más difícil que sobrevivir diariamente en el fondo del rio. Nada podría ser peor que eso.

Empezó a hacer planes. Puso atención a algunos detalles que nadie más notaba: la temperatura del agua cambiaba cuando los peces llegaban y ésta se ponía más turbia. Creó un grupo de vigilancia, el cual avisaría tan pronto vieran algún cambio en el agua, dando tiempo a las demás ninfas de esconderse entre las rocas del fondo. Al hacerlo miles de ninfas fueron creciendo, sin preocuparse más por los peces y en unas semanas, sus cuerpos fueron mutando




Sigue esta interesante historia en su segunda parte.......

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