Escrita en julio 2015
'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa".
En la selva de Rio Negro, un leñador ermitaño poseía un gran bosque de
árboles maderables, en un terreno en disputa con sus reales propietarios que
vivían en otra ciudad. Cada vez que alguien llegaba a presionarlo para que
abandonara las tierras el leñador lo asesinaba, enterrándolo al pie de los árboles,
alimentándolos de ese modo con la sangre de las víctimas. Después de veintidós
años de asesinatos y desapariciones el viejo hombre murió y los árboles fueron talados
y vendidos como madera para construir las casas de una empresa constructora.
Los González dejaron su ciudad, para disfrutar por una semana del aire
libre de contaminación que ofrecía Ébano Azul, un residencial de clase media
alejado de la selva de concreto. Pedro alquiló una vieja casa de estilo
victoriano, al final de una calle sin salida. Tenía todos los muebles y ajuares
como nuevos. Los pisos de madera aún conservaban su brillo después de cincuenta
y cinco años de construido. Un ligero sonido como pasos rechinantes se sentía en
los pasillos a ciertas horas del día, cuando el sol calentaba las paredes y las
cortinas volaban al viento.
_ ¿Escuchaste eso Pedro? Las
paredes hablan.
_ Esta casa es muy antigua mamá,
no dudo que se caiga a pedazos.
_ Podría asegurar que fueron voces
lo que escuché….olvídalo, voy a preparar la cena.
En las pocas horas que llevaban en el vecindario no vieron a nadie darle la
bienvenida, sólo miradas curiosas que se escondían detrás de sus ventanales. Pedro
reparaba su automóvil mientras Luisa hacía la cena. En la cocina, uno de los
cajones se abrió lentamente, dejando entrever los objetos que tenía dentro. La madre
volteó y vio un hermoso cuchillo de plata con adornos en su mango. Se podían
observar decenas de zirconias brillantes que le provocaron asir el objeto.
_ ¡Rayos! Me corté.
Su hijo entraba por la puerta trasera cuando vio un charco de sangre sobre
el piso de madera.
_ ¿Cómo te hiciste eso? Ten más
cuidado mamá.
_ Apenas lo toqué me corté
profusamente.
_ Te llevaré a la habitación,
presiona la herida. Después vengo a limpiar la sangre.
No habían pasado diez minutos cuando regresó a la cocina con un paño.
_ ¿Dónde está la sangre? – se
preguntó a sí mismo, al ver que no quedó ni siquiera una gota sobre los paneles
del piso.
Toda la mancha había desaparecido colándose por las rendijas, hasta llegar
a la tierra. En seguida el piso comenzó a desquebrajar los paneles de madera
que lo componían.
_ ¡Se arruinó el piso. Mira la
cubierta de madera! Eso costará repararlo.
_ Esta casa es muy antigua, es
normal que sucedan cosas así hijo. Con razón permaneció tanto tiempo
deshabitada.
Se escuchó la bocina de un automóvil. Su hija Mary junto a su esposo Juan y
sus hijos llegaban de la tienda.
_ Es hermoso este clima fresco y
limpio de aquí. Seguro le sentará bien a Juan. ¡Ángel, Santiago traigan las
provisiones!
_ Mamá se cortó la mano y se
arruinó el piso de la cocina. – le informó Pedro.
_ ¿Es algo serio mamá?
_ No. Le apliqué un vendaje y dejó
de sangrar. –aseguró su hermano.
_ Mañana llamaremos a la inmobiliaria
para que repongan el piso. – dijo calmada mientras sacaba las poterías de las
fundas de empaque.
_ En unos veinte minutos
cenaremos. - dijo Luisa.
Los muchachos se fueron a su habitación en el ático a jugar videojuegos,
sin notar que el techo inclinado se acercaba a ellos con movimientos casi
imperceptibles. El escaso ruido del desplazamiento fue disimulado por el
estruendo sonido del videojuego. Al momento de bajar a cenar Santiago se golpeó
la cabeza con el techo.
_ Ouch, ¿Eso estaba ahí cuando
entramos?
_ Seguro que ni lo notaste.
_ Revísame por si estoy sangrando.
_ No seas llorón, sólo es una
gotita. Ya manchaste el techo, se lo diré a mamá.
_ Anda, no seas soplón.
El reloj de pedestal marcaba las ocho. La fina madera de la cual estaba
hecho impregnaba el aire con un olor maderable recién cortado. La mayor parte
de la casa poseía cornisas también en madera con grabados antiguos. Lámparas,
ventanales y pisos de color natural, siendo sus paredes en madera rojo vino.
Mientras cenaban todos en la mesa se escuchaba unos ligeros latidos de
procedencia desconocida. Ángel acercó su oído a la mesa y puso escuchar de
dónde provenían. Mientras más se acercaba más fuerte se escuchaba.
_ La mesa hace pum pum como un
corazón –dijo el hijo menor.
_ Debe estar floja. –aseguró su
padre.
De repente se escucharon los cajones de la cocina caer todos al suelo de un
solo golpe.
_ ¿Qué fue eso? – preguntó Luisa.
_ Debe haber un intruso en la
cocina. – aseguró Pedro.
_ Iré a revisar. - dijo Juan
mientras se levantaba de la mesa.
_ Todo está tirado al suelo. ¿Ahora
tendremos que reparar los cajones también? – se quejó Mary.
_ Revisaré el patio también, por
si hay alguien afuera.
Juan abrió la puerta trasera y salió a indagar por los alrededores si
alguien vio a un intruso o un animal que entrara a su casa.
No te pierdas la continuación de esta extraña historia......



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