sábado, 27 de febrero de 2016

El camino que lleva al fondo

Escrita en julio 2015






La bondadosa Minerva quiso ir al fondo a recobrar a su malvado marido muerto a destiempo.

_ ¿Acaso no te cansaste de tantos malos tratos que él te dio? – preguntó Ramira.

_ Sé que lo podía cambiar. Con bondad lo haría regenerarse.

_ ¿Eres masoquista? Ese tipo es tan malo que ni el demonio lo querría.

_ ¿Crees que si voy  a buscarlo me lo devuelvan? – cuestionó esperanzada.

_ No sé. Ve a la Avenida de la Maldad donde murió y baja las escaleras hasta el fondo.

Con cansados pasos recorriendo dos mil trescientos escalones llegó hasta el fuego ardiente que nunca se apagaba siendo interceptada por dos demonios.

_ No puedes estar aquí. Los buenos no entran. – masculló un demonio.

_ Busco a mi marido. Murió ayer de un disparo en la avenida.

_ Si está aquí no saldrá. Sólo los malos viven en el fondo.

_ No me iré sin él, estoy segura que lo puedo cambiar y ser un hombre de bien.

_ ¿Cambiarlo? – preguntó el demonio. Hagamos una apuesta. Te lo devuelvo y si en un año no lo has cambiado tomaré su alma e iré por ti.

_ Es un trato.

Fueron muchos los esfuerzos de Minerva por entrar en razón, cordura y obediencia a Joselo. Su bondad y sobreprotección lo tenían asfixiado. Para huir de ella él salió a la calle y cometió la primera fechoría que tuvo a la mano, evento en el que murió enviándolo directo al fondo.

_ Viniste más rápido de lo que pensaba. –rio el demonio.

_ Tanta bondad me cansó, me sentía malo al lado de ella.

_ Gané la apuesta y voy a cobrarla.

_ ¿Cuál apuesta?

_ Si ella no te cambiaba vendría al fondo junto contigo.

_ No, eso no. No la soportaría aquí también.

_ Nunca imaginé que le temieras tanto al bien. – argumentó sorprendido.

_ Soy malo porque quiero. Nadie cambiará eso.

_ Estás en tu casa. ¡Nos mereces!

_ ¿Y qué harán con ella? ¿Le impedirán el paso?

_ No. Iré a buscar lo que me pertenece. –dijo el demonio.

Sin mucho esperar fue el demonio vestido de hombre a buscar lo que ganó.

_ Minerva aquí estoy. ¡Dame lo que me debes!

Al ver la mujer que del fondo le habían enviado a otro hombre, más apuesto que su marido aunque más malo decidió tomar medidas más desesperadas. Clausuró todas las puertas y ventanas y le impidió la salida para que no pudiera escaparse.

_ ¡Estás loca mujer! Déjame salir o te mataré y te llevaré al fondo conmigo.

_ Para que quieres ir al fondo si aquí estamos bien amor. Déjame consentirte.

_ ¿Consentirme? Bueno, esa emoción no la he sentido. Vamos a probar. Eso sí, no me empalagues como a Joselo.

_ Lo prometo, solo sigue malo.

_ Eres malvada mujer, ¡me mereces!


Y así el bien y el mal vivieron felices por siempre, sin bajar los escalones que conducían al fondo. 

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