Escrita en julio 2015
La bondadosa Minerva quiso ir al fondo a recobrar a su malvado marido
muerto a destiempo.
_ ¿Acaso no te cansaste de tantos
malos tratos que él te dio? – preguntó Ramira.
_ Sé que lo podía cambiar. Con
bondad lo haría regenerarse.
_ ¿Eres masoquista? Ese tipo es
tan malo que ni el demonio lo querría.
_ ¿Crees que si voy a buscarlo me lo devuelvan? – cuestionó
esperanzada.
_ No sé. Ve a la Avenida de la Maldad
donde murió y baja las escaleras hasta el fondo.
Con cansados pasos recorriendo dos mil trescientos escalones llegó hasta el
fuego ardiente que nunca se apagaba siendo interceptada por dos demonios.
_ No puedes estar aquí. Los buenos
no entran. – masculló un demonio.
_ Busco a mi marido. Murió ayer de
un disparo en la avenida.
_ Si está aquí no saldrá. Sólo los
malos viven en el fondo.
_ No me iré sin él, estoy segura
que lo puedo cambiar y ser un hombre de bien.
_ ¿Cambiarlo? – preguntó el
demonio. Hagamos una apuesta. Te lo devuelvo y si en un año no lo has cambiado tomaré
su alma e iré por ti.
_ Es un trato.
Fueron muchos los esfuerzos de Minerva por entrar en razón, cordura y obediencia
a Joselo. Su bondad y sobreprotección lo tenían asfixiado. Para huir de ella él
salió a la calle y cometió la primera fechoría que tuvo a la mano, evento en el
que murió enviándolo directo al fondo.
_ Viniste más rápido de lo que
pensaba. –rio el demonio.
_ Tanta bondad me cansó, me sentía
malo al lado de ella.
_ Gané la apuesta y voy a
cobrarla.
_ ¿Cuál apuesta?
_ Si ella no te cambiaba vendría
al fondo junto contigo.
_ No, eso no. No la soportaría
aquí también.
_ Nunca imaginé que le temieras
tanto al bien. – argumentó sorprendido.
_ Soy malo porque quiero. Nadie cambiará
eso.
_ Estás en tu casa. ¡Nos mereces!
_ ¿Y qué harán con ella? ¿Le
impedirán el paso?
_ No. Iré a buscar lo que me
pertenece. –dijo el demonio.
Sin mucho esperar fue el demonio vestido de hombre a buscar lo que ganó.
_ Minerva aquí estoy. ¡Dame lo que
me debes!
Al ver la mujer que del fondo le habían enviado a otro hombre, más apuesto
que su marido aunque más malo decidió tomar medidas más desesperadas. Clausuró
todas las puertas y ventanas y le impidió la salida para que no pudiera
escaparse.
_ ¡Estás loca mujer! Déjame salir
o te mataré y te llevaré al fondo conmigo.
_ Para que quieres ir al fondo si
aquí estamos bien amor. Déjame consentirte.
_ ¿Consentirme? Bueno, esa emoción
no la he sentido. Vamos a probar. Eso sí, no me empalagues como a Joselo.
_ Lo prometo, solo sigue malo.
_ Eres malvada mujer, ¡me mereces!
Y así el bien y el mal vivieron felices por siempre, sin bajar los
escalones que conducían al fondo.



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