Escrita en junio 2015
La infructuosa tragedia permanecía en la habitación de Gustavo. La lucha
campal de dos energías, que aplicaban la misma fuerza a un mismo cuerpo, se
disputaban quien quedaría vencedora.
Tres meses y dos días de sufrimiento ante la partida de Yuleini con otro
hombre fueron suficientes para poner fin a su mal. Ese día lluvioso se recostó
en la cama mientras contemplaba el gris del cielo por los agujeros del techo.
Recordaba los buenos momentos vividos con ella y su promesa de amor eterno
frustrada por la llegada de un extraño al vecindario.
Bajo la cama guardaba los requerimientos mínimos para que la muerte viniera
por él. Nunca imaginó que esa hora fuera tan dolorosa, tan angustiante. La
espera no era fugaz, podría perdurar minutos, horas, dependiendo de la táctica
usada. Había practicado muchas veces ese nudo. Era perfecto, sin fallas y con
seguridad le rompería el cuello. Algo fallaba entonces, estaba aferrado con sus
dedos a la vida. En ese momento no quería morir, luchó amarrado por una hora
suspendido de la viga del techo de madera y zinc. Lo único que pudo hacer fue
dejarse llevar por sus pensamientos.
_ ¿Oh muerte, por qué no me
llevaste cuando Yuleiny se fue? ¿Querías hacerme padecer? Un segundo bastaba
para que mi alma no se contuviera y se entregara a ti. Con un mínimo empujón hubiese
muerto de dolor, de amor, de odio. No siento lo mismo ahora, ¡al diablo ella y
su amante! Lo que quiero es que te alejes de mí y aflojes esta cuerda.
Con la piel blanquecina y los labios morados trataba con desesperación de
soltar el nudo que tenía ajustado al cuello, en su primer intento por abandonar
su estado carnal. Sus manos, desesperadas, se movían alrededor de la soga,
tratando de encontrar donde desamarrarlo, mientras sus pies de puntillas, danzaban
un baile ruso, suspendidos en el aire.
Llovía y las goteras mojaban su larga cabellera rizada, lluvia que al
descender se hizo una con la orina que mojó sus pantalones de kaki.
La agonía terminó cuando Chencho -su hermano- entró en la habitación y lo
desató.
_ ¿Y tu qué hacías ahí colgado, te
querías morir?
_ No, yo sólo intentaba vivir.



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