El Mar

Un día diferente en la vida de Yeyo lo llevó a disfrutar el lado dulce de su amarga vida.

Apostando Al Milagro

¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?

150 Grados

John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.

Reserva Especial

El amor puede manifestarse de muchas maneras.

El Resguardo

Nunca hables con extraños en lugares desconocidos.

Ella

La mujer que todos quisieron.

El domador de leones

El miedo se enfrenta en algún momento.

El camino que lleva al fondo

Los polos semejantes se atraen.

Aferrado

¿Oh muerte, por qué no me llevaste cuando Yuleiny se fue?

El Niño Perdido

La lúgubre celda guarda el alma de un niño

La Dichosa y Cruel Filiberta

"Ella debe tener algún embrujo que la quiere viuda".

La Silla

" Hay cosas que sólo se ven desde La Silla".

Las Lenguas Muertas de Doña Pura

" Para quien quiera sacar sus demonios".

El niño con voz de Jilguero

"Canta mi niño, canta".

Porque mañana llega Angela

"Manaña llega Ángela... – suspiró el alcalde".

La casa viviente

"'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa"".

Mayflower

"'La magia no está en las cosas"".

El hombre sin alma

¿Y ahora qué hago sin alma?

24 horas por morir

La puerta que nunca cierra no tiene dolientes; y lo peor, es que ella lo sabe.

sábado, 14 de mayo de 2016

La casa viviente - Segunda parte.

Escrita en julio 2015

Segunda parte.



Tocó la puerta de su solitario vecino más próximo y éste le atendió por la ventana.

_ No debieron mudarse a esa casa. Váyanse lo antes que puedan.- le advirtió Máximo.

_ ¿Por qué lo dice. Qué sucede en la casa?

_ Está viva. Se traga todo el que entra en ella. Lo ha hecho cientos de veces según cuenta la leyenda.

_ Es una broma. – comentó riendo.

_ Nadie ha sobrevivido en esa casa. Ella devora a sus inquilinos antes del amanecer.

_ No creo en casas encantadas, pero lo tendré en cuenta.

_ Créame. No saldrán vivos de ahí.

Juan siguió buscando en el patio y al no ver nada regresó a la puerta trasera. Al tratar de abrirla no pudo entrar.

_ Mary, no puedo abrir la puerta desde afuera.

_ Espera.

La esposa trató y no pudo. Buscó a Pedro para que la ayudara.

_ Usa la puerta frontal. ¡Esta casa es un asco!

_ No abre.

_ ¿Y las ventanas?

_ Tampoco abren. - dijo Luisa.

_ ¿Qué está pasando tío? – preguntó asustado Ángel.

_ Nada sobrino, cosas de una vieja casa.

Mientras Pedro y su hermana buscaban cómo abrir las puertas, los muchachos subieron nuevamente a su habitación a continuar el juego. El techo había retornado a su altura acostumbrada.

_ Me daré una ducha, sigue jugando.

_ Después no digas que hago trampa.

Santiago se quedó sobre la cama con el ruidoso videojuego, sin notar que nuevamente el techo comenzaba a moverse. Estaba tan cerca que cuando vino a notarlo ya lo tenía pegado a la cara literalmente. Trató de levantarse pero éste lo aplastaba a la cama y de un solo movimiento las células de la madera se abrieron y se ensancharon, arropando por completo al muchacho que no pudo emitir ningún sonido. Cientos de ventosas  lo consumieron por completo sin dejar huellas.

A los pocos minutos Ángel salió del baño y no encontró a su hermano. El videojuego seguía en uso encima de la cama arreglada sin  una arruga. Bajó al primer piso y preguntó a su madre si lo había visto. Mary preocupada lo buscó en toda la casa y no lo halló.

_ ¿Qué pasa ahí dentro? – preguntó Juan al oír el alboroto.

_ Santiago está escondido y no me gusta su bromita. – dijo la madre.

_ ¡Es la casa. Ya empezó a alimentarse! - vociferó el vecino desde su ventana.

_ ¡Hagámosle caso  a este loco y salgan todos! – gritó Juan.

_ ¿Por qué? ¿Qué sucede? – preguntó Pedro.

_ Nada que no se pueda corregir con una buena reprimenda a ese muchacho. – propuso la abuela.

_ No lo sé. Pero algo no está bien. – notó Juan.

Pedro salía de la cocina para llegar a la sala a través del pasillo cuando las paredes comenzaron a moverse dejándolo atrapado.

_ ¡El pasillo se estrechó! ¡Esta casa se está cayendo a pedazos!

_ Intentemos empujar un poco este lado para que puedas salir  - dijo su madre.

Pedro usó la fuerza para mover el largo panel de madera que conformaba el pasillo y al presionarlo, la madera se adhirió como ventosa a sus manos, absorbiendo su sangre. Fuera del pasillo Luisa intentaba despegar los paneles para sacar a su hijo quedando en la cocina sin salida.

Los cajones se levantaron todos del piso al mismo tiempo y la rodearon con latidos estruendosos. Decenas de cuchillos y utensilios rodeaban a Luisa. Todos se abalanzaron sobre ella provocándoles pequeñas punzadas que le provocaron una hemorragia. La sangre caía por doquier dándole vida a la madera que emitía sonidos casi humanos.

_ ¡Auxilio, ayúdenme!  - gritaba Luisa mientras era aguijoneada por los objetos punzantes.

_ ¡Aguanta, te sacaremos! – le decía Juan quien asustado golpeaba inútilmente la puerta con una hacha.

_ Es tarde. – aseguró el vecino.

Luisa perdió todas sus fuerzas cayendo desmayada al suelo que se la tragó de inmediato. Mientras más golpearon  la puerta más se reconstruía en el acto. En la sala Mary y su hijo buscaban cómo escapar.

_ Las paredes se mueven. Sube al ático Ángel. – le ordenó su madre.

Al subir las escaleras no pudo entrar a la habitación porque el techo estaba posado sobre ella. Intentó bajar rápidamente los escalones y se hundió entre dos escalones que se abrieron para tragarlo.

_ ¡Mami, Mami!

_ Sostén mi mano mi amor. – gritó agarrándolo con fuerza pero no podía sacarlo.

Bajó las escaleras, buscando debajo de ella por si podía rescatarlo de otro modo. Vio a su hijo hecho parte de la madera que componía los escalones. No tenía cómo liberarlo. Corrió hacia el pasillo y ya no estaba. No existía entrada a la cocina. Sus pies sangraban por las heridas provocadas por las estillas de madera del piso removido. El sonido obsesivo de los latidos se agudizaba aún más. La casa se movía por completo. Cada gota de sangre que caía, hacía que el piso adquiriera vida y destilara una sustancia rojiza por todo el terreno.

_ La puerta se abrió. – dijo Juan.

_ No entres, ella necesita más víctimas.

_ ¡Mary esta tirada en el suelo! Tengo que ayudarla.

_ Es una trampa. La casa quiere que entres para atraparte. Te dije que nunca nadie ha salido vivo de allí.

_ Debe haber algún modo de rescatarla.

_ Ella se alimenta de su sangre. Eso le da vida a la casa.

_ Mi sangre está enferma, tengo leucemia no creo que ella quiera alimentarse de mí.

Juan hirió su brazo izquierdo con un hacha y la derramó por todo el camino que recorrió hasta llegar a Mary. Toda la madera que estaba cerca se alejó de su sangre. Mary lucía blanquecina ya sin vida. Juan retrocedió resbalando, cayendo al terreno que comenzaba a hundirse. Enfermo y perdiendo sangre no tenía suficiente fuerzas para moverse. Juan iba a ser enterrado vivo. En solo un segundo el mismo suelo que lo hundió lo regurgitó hacia fuera quedando bajo las paredes que caían como piezas de dominó. Máximo alcanzó a ver su mano que se movía y le lanzó una soga. Tan pronto lo rescató la casa se hizo añicos y se destruyó totalmente tragándose todo el terreno desde sus cimientos, dejando un gran cráter.

_ Te dije que debían marcharse de esa casa.

_ Perdí a toda mi familia. Al menos la casa se destruyó. – dijo recompensado.

_ Es inútil. Hay muchas como ella en este residencial. Dice la historia que es una maldición del leñador que sembró esos árboles con que la construyeron.

_ ¿Por esa razón los vecinos tienen tanto miedo?

_ Han visto tantos casos que los pocos que quedan han enloquecido y viven encerrados.

Juan se quedó a dormir esa noche en su automóvil hasta que amaneció. Al cabo de unas horas despertó y al ver clarear el cielo miró hacia la casa y la vio intacta, regenerada, con las puertas abiertas, con el brillo y la belleza de su madera rojiza que tanto les encantó, dándoles la bienvenida a los próximos inquilinos.

_ No permitiré que nadie más entre a esa casa.



sábado, 7 de mayo de 2016

La casa viviente. Primera Parte.

Escrita en julio 2015




'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa".

En la selva de Rio Negro, un leñador ermitaño poseía un gran bosque de árboles maderables, en un terreno en disputa con sus reales propietarios que vivían en otra ciudad. Cada vez que alguien llegaba a presionarlo para que abandonara las tierras el leñador lo asesinaba, enterrándolo al pie de los árboles, alimentándolos de ese modo con la sangre de las víctimas. Después de veintidós años de asesinatos y desapariciones el viejo hombre murió y los árboles fueron talados y vendidos como madera para construir las casas de una empresa constructora.

Los González dejaron su ciudad, para disfrutar por una semana del aire libre de contaminación que ofrecía Ébano Azul, un residencial de clase media alejado de la selva de concreto. Pedro alquiló una vieja casa de estilo victoriano, al final de una calle sin salida. Tenía todos los muebles y ajuares como nuevos. Los pisos de madera aún conservaban su brillo después de cincuenta y cinco años de construido. Un ligero sonido como pasos rechinantes se sentía en los pasillos a ciertas horas del día, cuando el sol calentaba las paredes y las cortinas volaban al viento.

_ ¿Escuchaste eso Pedro? Las paredes hablan.

_ Esta casa es muy antigua mamá, no dudo que se caiga a pedazos.

_ Podría asegurar que fueron voces lo que escuché….olvídalo, voy a preparar la cena.

En las pocas horas que llevaban en el vecindario no vieron a nadie darle la bienvenida, sólo miradas curiosas que se escondían detrás de sus ventanales. Pedro reparaba su automóvil mientras Luisa hacía la cena. En la cocina, uno de los cajones se abrió lentamente, dejando entrever los objetos que tenía dentro. La madre volteó y vio un hermoso cuchillo de plata con adornos en su mango. Se podían observar decenas de zirconias brillantes que le provocaron asir el objeto.

_ ¡Rayos! Me corté.

Su hijo entraba por la puerta trasera cuando vio un charco de sangre sobre el piso de madera.

_ ¿Cómo te hiciste eso? Ten más cuidado mamá.

_ Apenas lo toqué me corté profusamente.

_ Te llevaré a la habitación, presiona la herida. Después vengo a limpiar la sangre.

No habían pasado diez minutos cuando regresó a la cocina con un paño.

_ ¿Dónde está la sangre? – se preguntó a sí mismo, al ver que no quedó ni siquiera una gota sobre los paneles del piso.

Toda la mancha había desaparecido colándose por las rendijas, hasta llegar a la tierra. En seguida el piso comenzó a desquebrajar los paneles de madera que lo componían.

_ ¡Se arruinó el piso. Mira la cubierta de madera! Eso costará repararlo.

_ Esta casa es muy antigua, es normal que sucedan cosas así hijo. Con razón permaneció tanto tiempo deshabitada.

Se escuchó la bocina de un automóvil. Su hija Mary junto a su esposo Juan y sus hijos llegaban de la tienda.

_ Es hermoso este clima fresco y limpio de aquí. Seguro le sentará bien a Juan. ¡Ángel, Santiago traigan las provisiones!

_ Mamá se cortó la mano y se arruinó el piso de la cocina. – le informó Pedro.

_ ¿Es algo serio mamá?

_ No. Le apliqué un vendaje y dejó de sangrar. –aseguró su hermano.

_ Mañana llamaremos a la inmobiliaria para que repongan el piso. – dijo calmada mientras sacaba las poterías de las fundas de empaque.

_ En unos veinte minutos cenaremos. - dijo Luisa.

Los muchachos se fueron a su habitación en el ático a jugar videojuegos, sin notar que el techo inclinado se acercaba a ellos con movimientos casi imperceptibles. El escaso ruido del desplazamiento fue disimulado por el estruendo sonido del videojuego. Al momento de bajar a cenar Santiago se golpeó la cabeza con el techo.

_ Ouch, ¿Eso estaba ahí cuando entramos?

_ Seguro que ni lo notaste.

_ Revísame por si estoy sangrando.

_ No seas llorón, sólo es una gotita. Ya manchaste el techo, se lo diré a mamá.

_ Anda, no seas soplón.

El reloj de pedestal marcaba las ocho. La fina madera de la cual estaba hecho impregnaba el aire con un olor maderable recién cortado. La mayor parte de la casa poseía cornisas también en madera con grabados antiguos. Lámparas, ventanales y pisos de color natural, siendo sus paredes en madera rojo vino.

Mientras cenaban todos en la mesa se escuchaba unos ligeros latidos de procedencia desconocida. Ángel acercó su oído a la mesa y puso escuchar de dónde provenían. Mientras más se acercaba más fuerte se escuchaba.

_ La mesa hace pum pum como un corazón –dijo el hijo menor.

_ Debe estar floja. –aseguró su padre.

De repente se escucharon los cajones de la cocina caer todos al suelo de un solo golpe.

_ ¿Qué fue eso? – preguntó Luisa.

_ Debe haber un intruso en la cocina. – aseguró Pedro.

_ Iré a revisar. - dijo Juan mientras se levantaba de la mesa.

_ Todo está tirado al suelo. ¿Ahora tendremos que reparar los cajones también? – se quejó Mary.

_ Revisaré el patio también, por si hay alguien afuera.

Juan abrió la puerta trasera y salió a indagar por los alrededores si alguien vio a un intruso o un animal que entrara a su casa.



No te pierdas la continuación de esta extraña historia......

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