Apostando Al Milagro
¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?
150 Grados
John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.
sábado, 14 de mayo de 2016
La casa viviente - Segunda parte.
Escrita en julio 2015
Segunda parte.
Tocó la puerta de su solitario vecino más próximo y éste le atendió por la
ventana.
_ No debieron mudarse a esa casa.
Váyanse lo antes que puedan.- le advirtió Máximo.
_ ¿Por qué lo dice. Qué sucede en
la casa?
_ Está viva. Se traga todo el que
entra en ella. Lo ha hecho cientos de veces según cuenta la leyenda.
_ Es una broma. – comentó riendo.
_ Nadie ha sobrevivido en esa
casa. Ella devora a sus inquilinos antes del amanecer.
_ No creo en casas encantadas,
pero lo tendré en cuenta.
_ Créame. No saldrán vivos de ahí.
Juan siguió buscando en el patio y al no ver nada regresó a la puerta
trasera. Al tratar de abrirla no pudo entrar.
_ Mary, no puedo abrir la puerta
desde afuera.
_ Espera.
La esposa trató y no pudo. Buscó a Pedro para que la ayudara.
_ Usa la puerta frontal. ¡Esta
casa es un asco!
_ No abre.
_ ¿Y las ventanas?
_ Tampoco abren. - dijo Luisa.
_ ¿Qué está pasando tío? –
preguntó asustado Ángel.
_ Nada sobrino, cosas de una vieja
casa.
Mientras Pedro y su hermana buscaban cómo abrir las puertas, los muchachos
subieron nuevamente a su habitación a continuar el juego. El techo había
retornado a su altura acostumbrada.
_ Me daré una ducha, sigue
jugando.
_ Después no digas que hago
trampa.
Santiago se quedó sobre la cama con el ruidoso videojuego, sin notar que
nuevamente el techo comenzaba a moverse. Estaba tan cerca que cuando vino a
notarlo ya lo tenía pegado a la cara literalmente. Trató de levantarse pero éste
lo aplastaba a la cama y de un solo movimiento las células de la madera se
abrieron y se ensancharon, arropando por completo al muchacho que no pudo
emitir ningún sonido. Cientos de ventosas lo consumieron por completo sin dejar huellas.
A los pocos minutos Ángel salió del baño y no encontró a su hermano. El
videojuego seguía en uso encima de la cama arreglada sin una arruga. Bajó al primer piso y preguntó a
su madre si lo había visto. Mary preocupada lo buscó en toda la casa y no lo
halló.
_ ¿Qué pasa ahí dentro? – preguntó
Juan al oír el alboroto.
_ Santiago está escondido y no me
gusta su bromita. – dijo la madre.
_ ¡Es la casa. Ya empezó a
alimentarse! - vociferó el vecino desde su ventana.
_ ¡Hagámosle caso a este loco y salgan todos! – gritó Juan.
_ ¿Por qué? ¿Qué sucede? –
preguntó Pedro.
_ Nada que no se pueda corregir
con una buena reprimenda a ese muchacho. – propuso la abuela.
_ No lo sé. Pero algo no está
bien. – notó Juan.
Pedro salía de la cocina para llegar a la sala a través del pasillo cuando las
paredes comenzaron a moverse dejándolo atrapado.
_ ¡El pasillo se estrechó! ¡Esta
casa se está cayendo a pedazos!
_ Intentemos empujar un poco este
lado para que puedas salir - dijo su
madre.
Pedro usó la fuerza para mover el largo panel de madera que conformaba el
pasillo y al presionarlo, la madera se adhirió como ventosa a sus manos, absorbiendo
su sangre. Fuera del pasillo Luisa intentaba despegar los paneles para sacar a
su hijo quedando en la cocina sin salida.
Los cajones se levantaron todos del piso al mismo tiempo y la rodearon con
latidos estruendosos. Decenas de cuchillos y utensilios rodeaban a Luisa. Todos
se abalanzaron sobre ella provocándoles pequeñas punzadas que le provocaron una
hemorragia. La sangre caía por doquier
dándole vida a la madera que emitía sonidos casi humanos.
_ ¡Auxilio, ayúdenme!
- gritaba Luisa mientras era aguijoneada por los objetos punzantes.
_ ¡Aguanta, te sacaremos! – le decía Juan quien asustado
golpeaba inútilmente la puerta con una hacha.
_ Es tarde. – aseguró el vecino.
Luisa perdió todas sus fuerzas cayendo desmayada al suelo que se la tragó
de inmediato. Mientras más golpearon la
puerta más se reconstruía en el acto. En la sala Mary y su hijo buscaban cómo
escapar.
_ Las paredes se mueven. Sube al
ático Ángel. – le ordenó su madre.
Al subir las escaleras no pudo entrar a la habitación porque el techo
estaba posado sobre ella. Intentó bajar rápidamente los escalones y se hundió
entre dos escalones que se abrieron para tragarlo.
_ ¡Mami, Mami!
_ Sostén mi mano mi amor. – gritó agarrándolo
con fuerza pero no podía sacarlo.
Bajó las escaleras, buscando debajo de ella por si podía rescatarlo de otro
modo. Vio a su hijo hecho parte de la madera que componía los escalones. No
tenía cómo liberarlo. Corrió hacia el pasillo y ya no estaba. No existía
entrada a la cocina. Sus pies sangraban por las heridas provocadas por las
estillas de madera del piso removido. El sonido obsesivo de los latidos se
agudizaba aún más. La casa se movía por completo. Cada gota de sangre que caía,
hacía que el piso adquiriera vida y destilara una sustancia rojiza por todo el
terreno.
_ La puerta se abrió. – dijo Juan.
_ No entres, ella necesita más
víctimas.
_ ¡Mary esta tirada en el suelo! Tengo
que ayudarla.
_ Es una trampa. La casa quiere
que entres para atraparte. Te dije que nunca nadie ha salido vivo de allí.
_ Debe haber algún modo de
rescatarla.
_ Ella se alimenta de su sangre.
Eso le da vida a la casa.
_ Mi sangre está enferma, tengo leucemia
no creo que ella quiera alimentarse de mí.
Juan hirió su brazo izquierdo con un hacha y la derramó por todo el camino
que recorrió hasta llegar a Mary. Toda la madera que estaba cerca se alejó de
su sangre. Mary lucía blanquecina ya sin vida. Juan retrocedió resbalando,
cayendo al terreno que comenzaba a hundirse. Enfermo y perdiendo sangre no tenía
suficiente fuerzas para moverse. Juan iba a ser enterrado vivo. En solo un segundo
el mismo suelo que lo hundió lo regurgitó hacia fuera quedando bajo las paredes
que caían como piezas de dominó. Máximo alcanzó a ver su mano que se movía y le
lanzó una soga. Tan pronto lo rescató la casa se hizo añicos y se destruyó
totalmente tragándose todo el terreno desde sus cimientos, dejando un gran
cráter.
_ Te dije que debían marcharse de
esa casa.
_ Perdí a toda mi familia. Al
menos la casa se destruyó. – dijo recompensado.
_ Es inútil. Hay muchas como ella
en este residencial. Dice la historia que es una maldición del leñador que
sembró esos árboles con que la construyeron.
_ ¿Por esa razón los vecinos tienen
tanto miedo?
_ Han visto tantos casos que los
pocos que quedan han enloquecido y viven encerrados.
Juan se quedó a dormir esa noche en su automóvil hasta que amaneció. Al
cabo de unas horas despertó y al ver clarear el cielo miró hacia la casa y la
vio intacta, regenerada, con las puertas abiertas, con el brillo y la belleza
de su madera rojiza que tanto les encantó, dándoles la bienvenida a los
próximos inquilinos.
_ No permitiré que nadie más entre
a esa casa.
sábado, 7 de mayo de 2016
La casa viviente. Primera Parte.
Escrita en julio 2015
'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa".
En la selva de Rio Negro, un leñador ermitaño poseía un gran bosque de
árboles maderables, en un terreno en disputa con sus reales propietarios que
vivían en otra ciudad. Cada vez que alguien llegaba a presionarlo para que
abandonara las tierras el leñador lo asesinaba, enterrándolo al pie de los árboles,
alimentándolos de ese modo con la sangre de las víctimas. Después de veintidós
años de asesinatos y desapariciones el viejo hombre murió y los árboles fueron talados
y vendidos como madera para construir las casas de una empresa constructora.
Los González dejaron su ciudad, para disfrutar por una semana del aire
libre de contaminación que ofrecía Ébano Azul, un residencial de clase media
alejado de la selva de concreto. Pedro alquiló una vieja casa de estilo
victoriano, al final de una calle sin salida. Tenía todos los muebles y ajuares
como nuevos. Los pisos de madera aún conservaban su brillo después de cincuenta
y cinco años de construido. Un ligero sonido como pasos rechinantes se sentía en
los pasillos a ciertas horas del día, cuando el sol calentaba las paredes y las
cortinas volaban al viento.
_ ¿Escuchaste eso Pedro? Las
paredes hablan.
_ Esta casa es muy antigua mamá,
no dudo que se caiga a pedazos.
_ Podría asegurar que fueron voces
lo que escuché….olvídalo, voy a preparar la cena.
En las pocas horas que llevaban en el vecindario no vieron a nadie darle la
bienvenida, sólo miradas curiosas que se escondían detrás de sus ventanales. Pedro
reparaba su automóvil mientras Luisa hacía la cena. En la cocina, uno de los
cajones se abrió lentamente, dejando entrever los objetos que tenía dentro. La madre
volteó y vio un hermoso cuchillo de plata con adornos en su mango. Se podían
observar decenas de zirconias brillantes que le provocaron asir el objeto.
_ ¡Rayos! Me corté.
Su hijo entraba por la puerta trasera cuando vio un charco de sangre sobre
el piso de madera.
_ ¿Cómo te hiciste eso? Ten más
cuidado mamá.
_ Apenas lo toqué me corté
profusamente.
_ Te llevaré a la habitación,
presiona la herida. Después vengo a limpiar la sangre.
No habían pasado diez minutos cuando regresó a la cocina con un paño.
_ ¿Dónde está la sangre? – se
preguntó a sí mismo, al ver que no quedó ni siquiera una gota sobre los paneles
del piso.
Toda la mancha había desaparecido colándose por las rendijas, hasta llegar
a la tierra. En seguida el piso comenzó a desquebrajar los paneles de madera
que lo componían.
_ ¡Se arruinó el piso. Mira la
cubierta de madera! Eso costará repararlo.
_ Esta casa es muy antigua, es
normal que sucedan cosas así hijo. Con razón permaneció tanto tiempo
deshabitada.
Se escuchó la bocina de un automóvil. Su hija Mary junto a su esposo Juan y
sus hijos llegaban de la tienda.
_ Es hermoso este clima fresco y
limpio de aquí. Seguro le sentará bien a Juan. ¡Ángel, Santiago traigan las
provisiones!
_ Mamá se cortó la mano y se
arruinó el piso de la cocina. – le informó Pedro.
_ ¿Es algo serio mamá?
_ No. Le apliqué un vendaje y dejó
de sangrar. –aseguró su hermano.
_ Mañana llamaremos a la inmobiliaria
para que repongan el piso. – dijo calmada mientras sacaba las poterías de las
fundas de empaque.
_ En unos veinte minutos
cenaremos. - dijo Luisa.
Los muchachos se fueron a su habitación en el ático a jugar videojuegos,
sin notar que el techo inclinado se acercaba a ellos con movimientos casi
imperceptibles. El escaso ruido del desplazamiento fue disimulado por el
estruendo sonido del videojuego. Al momento de bajar a cenar Santiago se golpeó
la cabeza con el techo.
_ Ouch, ¿Eso estaba ahí cuando
entramos?
_ Seguro que ni lo notaste.
_ Revísame por si estoy sangrando.
_ No seas llorón, sólo es una
gotita. Ya manchaste el techo, se lo diré a mamá.
_ Anda, no seas soplón.
El reloj de pedestal marcaba las ocho. La fina madera de la cual estaba
hecho impregnaba el aire con un olor maderable recién cortado. La mayor parte
de la casa poseía cornisas también en madera con grabados antiguos. Lámparas,
ventanales y pisos de color natural, siendo sus paredes en madera rojo vino.
Mientras cenaban todos en la mesa se escuchaba unos ligeros latidos de
procedencia desconocida. Ángel acercó su oído a la mesa y puso escuchar de
dónde provenían. Mientras más se acercaba más fuerte se escuchaba.
_ La mesa hace pum pum como un
corazón –dijo el hijo menor.
_ Debe estar floja. –aseguró su
padre.
De repente se escucharon los cajones de la cocina caer todos al suelo de un
solo golpe.
_ ¿Qué fue eso? – preguntó Luisa.
_ Debe haber un intruso en la
cocina. – aseguró Pedro.
_ Iré a revisar. - dijo Juan
mientras se levantaba de la mesa.
_ Todo está tirado al suelo. ¿Ahora
tendremos que reparar los cajones también? – se quejó Mary.
_ Revisaré el patio también, por
si hay alguien afuera.
Juan abrió la puerta trasera y salió a indagar por los alrededores si
alguien vio a un intruso o un animal que entrara a su casa.
No te pierdas la continuación de esta extraña historia......






















