Escrita
en Diciembre – 2009 y Abril – 2015
Sexta parte.
Cuando la tormenta cesó, algunos de los alienígenas
fueron a inspeccionar el área exterior notando que no quedaba más que hierro
fundido y lava, todo lo que formaba el suelo había desaparecido, los pozos de
lodo - su alimento - ya no estaban, ni tampoco las rocas alucinógenas, mucho menos
las rocas rojizas de luz. Lo había devorado todo y pasaron a ser parte del
agujero negro. Si los fenómenos seguían ocurriendo llegarían hasta la caverna y
la destruirían como hicieron con el exterior. Y más aún su temperatura sería
tan alta que morirían calcinados sin poder escapar. Esa preocupación lo motivó
a inspeccionar las áreas prohibidas de la caverna. Ni siquiera los vigilantes
sabían que velaban ahí. Por generaciones en generaciones todos nacieron y
crecieron con esa cueva cerrada ante la amenaza de que si entraban morirían.
John alejó a otros compartimientos de la caverna a
todos los colonos e hizo algunos análisis abriendo primero un pequeño agujero
en las paredes para ver si salía algún humo o contaminante que produjera alguna
enfermedad. Su olfato ya no era muy bueno pero lo que percibió no le dio
ninguna señal de alarma. Un grupo de tres alienígenas comenzó a derribar las
piedras que impedían la entrada a la primera cueva. Al abrirla encontraron
grandes cantidades de equipos, partes de naves y muchísimos aparatos de
navegación. Él fue el primero en entrar e inspeccionar todos los objetos
encontrados. Habían dibujos de los exploradores estelares que llegaron a través
del agujero de gusano, el mismo que arrojó a John de Marte al planetoide.
También grabados en las paredes de cómo viajaron de galaxia en galaxia buscando
planetas habitables y las bitácoras escritas de toda su historia y las muertes
de los tripulantes de la nave Excelsior, que había viajado después de los
primeros expedicionarios al planeta Tierra. Eran parte de los migrantes
rezagados que viajaron buscando La Tierra, pero no llegaron. Habían habitado en
otros planetas por corto tiempo, en otras galaxias hasta ser atrapados por ese
agujero de gusano que los confinó a vivir en el planetoide que ellos llamaron
Exodus.
El medio ambiente fue deformando sus cuerpos y se
internaron en las cuevas. Para poder adaptarse debían desprenderse de los
equipos que ya no usarían y por eso lo catalogaron de prohibidos, para
preservarlos intactos. Muchos murieron, otros sobrevivieron y finalmente fueron
reproduciéndose y adaptándose al medio en que vivieron por siglos. John quedó
asombrado de lo que leyó en los escritos en lengua muerta.
_ ¡Son
humanos! –se dijo. !Evolucionaron!
Empezó a inspeccionar fijamente a Pkcrit por todos los
lados, provocando la algarabía entre los alienígenas que no comprendían su
emoción. John los abrazaba y bailoteó a alguno de ellos. Poco más tarde
entristeció al darse cuenta que con el tiempo, él seguiría transformando su
cuerpo hasta perder su lenguaje, su postura homínida, sus recuerdos, a Amy,
hasta convertirse en criatura también.
_ Oh Amy, no
querrás verme así. Estoy mutando…
Con tres años allí ya conocía el lenguaje nasal, y se
había acostumbrado a sus hábitos sin dificultad. Cada día entraba a la cueva a estudiar las piezas y partes de
naves, y los materiales en que estaban hechos para tener una idea de cómo
viajaron de galaxia en galaxia, ya que según lo que vio no se propulsaban con
combustible sino con una especie de batería energética que se descargó con el
tiempo. Entre los equipos de transmisión habían algunos que podrían utilizarse
si lograba repararlos y enviar mensajes al espacio exterior.
No te pierdas la continuación de esta increíble historia.



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