El Mar

Un día diferente en la vida de Yeyo lo llevó a disfrutar el lado dulce de su amarga vida.

Apostando Al Milagro

¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?

150 Grados

John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.

Reserva Especial

El amor puede manifestarse de muchas maneras.

El Resguardo

Nunca hables con extraños en lugares desconocidos.

Ella

La mujer que todos quisieron.

El domador de leones

El miedo se enfrenta en algún momento.

El camino que lleva al fondo

Los polos semejantes se atraen.

Aferrado

¿Oh muerte, por qué no me llevaste cuando Yuleiny se fue?

El Niño Perdido

La lúgubre celda guarda el alma de un niño

La Dichosa y Cruel Filiberta

"Ella debe tener algún embrujo que la quiere viuda".

La Silla

" Hay cosas que sólo se ven desde La Silla".

Las Lenguas Muertas de Doña Pura

" Para quien quiera sacar sus demonios".

El niño con voz de Jilguero

"Canta mi niño, canta".

Porque mañana llega Angela

"Manaña llega Ángela... – suspiró el alcalde".

La casa viviente

"'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa"".

Mayflower

"'La magia no está en las cosas"".

El hombre sin alma

¿Y ahora qué hago sin alma?

24 horas por morir

La puerta que nunca cierra no tiene dolientes; y lo peor, es que ella lo sabe.

martes, 13 de septiembre de 2016

El hombre sin alma. - Segunda parte

Escrita en julio 2015

Segunda parte




Salió presto a poner en marcha su plan para pescar un alma y fue a cuanto mortuorio había no encontrando ningún humo. Visitó hospitales, misa de almas, cementerios, morgues y nada. Los rumores comenzaron a correr de un lado a otro diciendo que ahora José se robaría un alma. La gente temerosa de que fueran plagiados se encerró en sus casas, con sus almas en cuarentena, hasta que José encontrara la que buscaba. Todos los lugares estaban desolados, persona alguna, ni viva ni muerta, estaban ante su presencia.

_ ¡Pobre de mí, sin alma, sin amigos, solo en este pueblo!

_ Buenas tardes señor.

José escuchó una voz a sus espaldas que se dirigía a él. Era la única persona que veía en largo rato de soledad.

_ Buenas tenga usted.

_ Pasé por aquí hace poco tiempo y había mucho movimiento. Hoy luce abandonado. ¿Qué sucedió aquí?

_ Todos temen a que yo le robe el alma.

_ ¿En serio puede hacerles eso?

_ No lo sé, tendría que esperar a que murieran para tomarla.

_ ¿Y para qué quiere usted un alma?

_ Porque no tengo.

_ Usted está de suerte.  Entre las cosas que tengo en mi maletín hay un alma.

_ ¿Bromea?

_ Seguro que la tengo, se la compré a un boticario.

_ ¡Esa es mi alma. La quiero de vuelta!

_ Espere. Le dije que se la puedo vender. Yo pagué por ella.

_ ¿Cuánto pide?

_ Diez mil pesos.

_ Eso es mucho, más de lo que tengo.

_ ¿Cuánto podría pagar?

_ Solo tres mil y una cadena de oro.

_ Acepto. Pero lo hago para ayudarlo. Es difícil vivir sin alma.

José hizo la compra y salió de inmediato para donde el boticario, a que le diera instrucciones de como volver el alma al cuerpo.

_ Destapa el frasco y trágate todo el humo.

_ ¿Sólo eso?

_ Hay una condición. Aunque te den dolores no puedes dejar que el alma se salga por ningún motivo.

_ Eso téngalo por seguro.

Salió de la botica feliz, viendo al pueblo celebrando que ya tenía alma. Todos lo rodeaban haciéndole preguntas sobre lo que sentía cuando no la tenía. Doña panchita le ofreció un dulce de batata con leche de cabra. Doña Herminia le llevó un jugo de tamarindo. Ambas delicias le provocaron fuertes retorcijones intestinales que trató de contener. Hubo un momento en que ya no pudo más y en medio de todo el público que le rodeaba expresó un desahogo intestinal estruendoso, un humo blanco que impresionó al más incrédulo de los testigos.

_ ¡Corran todos. José perdió su alma!

La gente temerosa se alejaba, mientras en el suelo José lloraba por la pérdida y la vergüenza. El boticario logro almacenar casi todo el humo en un frasco nuevamente y se la devolvió.

_ Boticario, mi alma no me quiere.

_ Quizás es que no la necesitas para vivir.

_ Pero nadie me va a querer si no tengo una.

_ La gente es cruel con quien considera diferente. Vete a otro pueblo y comienza de nuevo. Eso si, no le digas a nadie de lo que careces.




No te pierdas la tercera parte de esta historia......

lunes, 5 de septiembre de 2016

El hombre sin alma. Primera parte.

Escrita en julio 2015




José no tiene alma. Así lo aseguran todos. Hace muchos años padecía terribles dolores en el cuerpo que le afectaban los pulmones, en un momento le dolían los riñones, en otro rato la cabeza o las articulaciones. Salió desde la loma hasta la ciudad a buscar la cura de su molestoso mal. Cientos de exámenes y pruebas no arrojaron enfermedad alguna. Estaba fuerte como roble. Como última salida fue a visitar a un viejo boticario que lo sabía casi todo.

_ Eso que tu sientes que sube, baja y cambia de posición es el alma que se te quiere salir.

_ Yo no creo eso, no soy creyente. – le aseguró.

_ ¿Y por qué estás aquí entonces? – preguntó intrigado.

_ Porque estoy desesperado, los dolores son cada vez más fuertes.

_ Podría ayudarte a sacarlo, pero de hoy en adelante quedarás sin alma.

_ Hágalo, no creo que algo que quiera salir de mi sirva para mucho.

El anciano puso al hombre desnudo de pie. Analizó cada parte de su cuerpo. Vio por donde pasaba una bola de aire que subía y bajaba, notándose más en su pierna derecha. La contuvo fuertemente evitando que se esfumara de la zona y con una cánula la pinchó y ésta salió como humo blanco hacia el exterior, que se confundió con el aire en pocos segundos.

Al ver esto José se sorprendió. El alma se le salió del cuerpo, liberándolo de dolores para siempre. A partir de ese momento tuvo una salud de fierro. Fueron muchos los curiosos que circularon la noticia, hasta que toda la población estuvo enterada de lo que sucedió con José –el sin alma- nombre con el que fue llamado desde entonces.

Mejorando su economía ya que podía seguir dedicándose a su oficio de albañil, quiso formar una familia y fue a enamorar a una bella muchacha del rancho vecino.

_ Lo siento mucho José. No puedo aceptarte porque eres un desalmado. No sabrás quererme y yo sólo voy a sufrir contigo.

Abandonó la idea de casarse y fue a la iglesia a que el padre lo ayudara.

_ No puedo hacer nada José. No tienes alma para salvar. ¿Qué le puedes ofrecer a Dios o al demonio?

Salió José compungido de la iglesia y en el camino se le atravesó un caballo y lo hirió de muerte. Fue llevado al cuartel para ser juzgado por su crimen.

_ Este hombre aunque cruel no tiene alma, por tanto, no es responsable de sus actos. – dijo el juez.

Lo que en un principio pareció una ventaja ahora se convertía en un prejuicio. Ni para bien ni para mal era aceptado por no tener alma. Quiso darle otro rumbo a su vida y comenzar nuevamente. Se integró en la milicia para luchar por su país.

_ José no puedes unírtenos porque necesitarás tu alma para sobrellevar esta vida de sacrificios.

_ Estoy cansado ya de tantas limitaciones. - manifestó derrotado.

_ ¿Y por qué no sales a buscar tu alma para que seas normal nuevamente? – dijo el reclutador.

_ ¿Podría?

_ Seguro que el que te la quitó podría dártela si quisiera.

Volvió el desdichado donde el boticario que lo liberó de los dolores y le manifestó su petición.

_ Quiero mi alma de vuelta.

_  No puedo hacer eso. La vendí.

Asustado el hombre preguntó:  

_ ¿A quién se la vendió?

_ Un viajero que pasaba por aquí buscando curiosidades.

_ ¿Y ahora qué hago sin alma?

_ Estabas bien sin ella, ¿por qué la quieres de vuelta si padecías de dolor?

_ No me puede amar una mujer, ni a Dios ni mi país sino tengo alma. Lo he intentado todo y nadie me acepta.

_ Sólo te queda una cosa: Toma esta cánula e inhala el humo blanco que salga de algún moribundo, así poseerás su alma.


continuará..............................................


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