martes, 13 de septiembre de 2016

El hombre sin alma. - Segunda parte

Escrita en julio 2015

Segunda parte




Salió presto a poner en marcha su plan para pescar un alma y fue a cuanto mortuorio había no encontrando ningún humo. Visitó hospitales, misa de almas, cementerios, morgues y nada. Los rumores comenzaron a correr de un lado a otro diciendo que ahora José se robaría un alma. La gente temerosa de que fueran plagiados se encerró en sus casas, con sus almas en cuarentena, hasta que José encontrara la que buscaba. Todos los lugares estaban desolados, persona alguna, ni viva ni muerta, estaban ante su presencia.

_ ¡Pobre de mí, sin alma, sin amigos, solo en este pueblo!

_ Buenas tardes señor.

José escuchó una voz a sus espaldas que se dirigía a él. Era la única persona que veía en largo rato de soledad.

_ Buenas tenga usted.

_ Pasé por aquí hace poco tiempo y había mucho movimiento. Hoy luce abandonado. ¿Qué sucedió aquí?

_ Todos temen a que yo le robe el alma.

_ ¿En serio puede hacerles eso?

_ No lo sé, tendría que esperar a que murieran para tomarla.

_ ¿Y para qué quiere usted un alma?

_ Porque no tengo.

_ Usted está de suerte.  Entre las cosas que tengo en mi maletín hay un alma.

_ ¿Bromea?

_ Seguro que la tengo, se la compré a un boticario.

_ ¡Esa es mi alma. La quiero de vuelta!

_ Espere. Le dije que se la puedo vender. Yo pagué por ella.

_ ¿Cuánto pide?

_ Diez mil pesos.

_ Eso es mucho, más de lo que tengo.

_ ¿Cuánto podría pagar?

_ Solo tres mil y una cadena de oro.

_ Acepto. Pero lo hago para ayudarlo. Es difícil vivir sin alma.

José hizo la compra y salió de inmediato para donde el boticario, a que le diera instrucciones de como volver el alma al cuerpo.

_ Destapa el frasco y trágate todo el humo.

_ ¿Sólo eso?

_ Hay una condición. Aunque te den dolores no puedes dejar que el alma se salga por ningún motivo.

_ Eso téngalo por seguro.

Salió de la botica feliz, viendo al pueblo celebrando que ya tenía alma. Todos lo rodeaban haciéndole preguntas sobre lo que sentía cuando no la tenía. Doña panchita le ofreció un dulce de batata con leche de cabra. Doña Herminia le llevó un jugo de tamarindo. Ambas delicias le provocaron fuertes retorcijones intestinales que trató de contener. Hubo un momento en que ya no pudo más y en medio de todo el público que le rodeaba expresó un desahogo intestinal estruendoso, un humo blanco que impresionó al más incrédulo de los testigos.

_ ¡Corran todos. José perdió su alma!

La gente temerosa se alejaba, mientras en el suelo José lloraba por la pérdida y la vergüenza. El boticario logro almacenar casi todo el humo en un frasco nuevamente y se la devolvió.

_ Boticario, mi alma no me quiere.

_ Quizás es que no la necesitas para vivir.

_ Pero nadie me va a querer si no tengo una.

_ La gente es cruel con quien considera diferente. Vete a otro pueblo y comienza de nuevo. Eso si, no le digas a nadie de lo que careces.




No te pierdas la tercera parte de esta historia......

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