Escrita en julio 2015
Segunda parte
Salió presto a poner en marcha su plan para pescar un alma y fue a cuanto
mortuorio había no encontrando ningún humo. Visitó hospitales, misa de almas,
cementerios, morgues y nada. Los rumores comenzaron a correr de un lado a otro
diciendo que ahora José se robaría un alma. La gente temerosa de que fueran
plagiados se encerró en sus casas, con sus almas en cuarentena, hasta que José
encontrara la que buscaba. Todos los lugares estaban desolados, persona alguna,
ni viva ni muerta, estaban ante su presencia.
_ ¡Pobre de mí, sin alma, sin
amigos, solo en este pueblo!
_ Buenas tardes señor.
José escuchó una voz a sus espaldas que se dirigía a él. Era la única
persona que veía en largo rato de soledad.
_ Buenas tenga usted.
_ Pasé por aquí hace poco tiempo y
había mucho movimiento. Hoy luce abandonado. ¿Qué sucedió aquí?
_ Todos temen a que yo le robe el
alma.
_ ¿En serio puede hacerles eso?
_ No lo sé, tendría que esperar a
que murieran para tomarla.
_ ¿Y para qué quiere usted un
alma?
_ Porque no tengo.
_ Usted está de suerte. Entre las cosas que tengo en mi maletín hay
un alma.
_ ¿Bromea?
_ Seguro que la tengo, se la
compré a un boticario.
_ ¡Esa es mi alma. La quiero de
vuelta!
_ Espere. Le dije que se la puedo
vender. Yo pagué por ella.
_ ¿Cuánto pide?
_ Diez mil pesos.
_ Eso es mucho, más de lo que
tengo.
_ ¿Cuánto podría pagar?
_ Solo tres mil y una cadena de
oro.
_ Acepto. Pero lo hago para
ayudarlo. Es difícil vivir sin alma.
José hizo la compra y salió de
inmediato para donde el boticario, a que le diera instrucciones de como volver
el alma al cuerpo.
_ Destapa el frasco y trágate todo
el humo.
_ ¿Sólo eso?
_ Hay una condición. Aunque te den
dolores no puedes dejar que el alma se salga por ningún motivo.
_ Eso téngalo por seguro.
Salió de la botica feliz, viendo al pueblo celebrando que ya tenía alma.
Todos lo rodeaban haciéndole preguntas sobre lo que sentía cuando no la tenía. Doña panchita le ofreció un dulce de batata con leche de
cabra. Doña Herminia le llevó un jugo de tamarindo. Ambas delicias le
provocaron fuertes retorcijones intestinales que trató de contener. Hubo un momento
en que ya no pudo más y en medio de todo el público que le rodeaba expresó un
desahogo intestinal estruendoso, un humo blanco que impresionó al más incrédulo
de los testigos.
_ ¡Corran todos. José perdió su
alma!
La gente temerosa se alejaba, mientras en el suelo José lloraba por la pérdida
y la vergüenza. El boticario logro almacenar casi todo el humo en un frasco
nuevamente y se la devolvió.
_ Boticario, mi alma no me quiere.
_ Quizás es que no la necesitas
para vivir.
_ Pero nadie me va a querer si no
tengo una.
_ La gente es cruel con quien
considera diferente. Vete a otro pueblo y comienza de nuevo. Eso si, no le
digas a nadie de lo que careces.
No te pierdas la tercera parte de esta historia......



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