El Mar

Un día diferente en la vida de Yeyo lo llevó a disfrutar el lado dulce de su amarga vida.

Apostando Al Milagro

¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?

150 Grados

John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.

Reserva Especial

El amor puede manifestarse de muchas maneras.

El Resguardo

Nunca hables con extraños en lugares desconocidos.

Ella

La mujer que todos quisieron.

El domador de leones

El miedo se enfrenta en algún momento.

El camino que lleva al fondo

Los polos semejantes se atraen.

Aferrado

¿Oh muerte, por qué no me llevaste cuando Yuleiny se fue?

El Niño Perdido

La lúgubre celda guarda el alma de un niño

La Dichosa y Cruel Filiberta

"Ella debe tener algún embrujo que la quiere viuda".

La Silla

" Hay cosas que sólo se ven desde La Silla".

Las Lenguas Muertas de Doña Pura

" Para quien quiera sacar sus demonios".

El niño con voz de Jilguero

"Canta mi niño, canta".

Porque mañana llega Angela

"Manaña llega Ángela... – suspiró el alcalde".

La casa viviente

"'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa"".

Mayflower

"'La magia no está en las cosas"".

El hombre sin alma

¿Y ahora qué hago sin alma?

24 horas por morir

La puerta que nunca cierra no tiene dolientes; y lo peor, es que ella lo sabe.

martes, 22 de noviembre de 2016

24 horas por morir. Tercera parte



A las dos de la mañana todo parecía tranquilo. Nochebuena pasó sin notarse en este edificio. No hubo fiestas, ni olor a cerdo horneado y mucho menos el pase de cena como acostumbran los vecinos del edificio vecino.

Cada noche, Helenita la dueña del 3B, sacaba a los perros a hacer sus necesidades a la mata de mango. Ésta española solitaria de mediana edad vivía alejada de todo contacto con sus vecinos. No tenía hijos ni esposo, su única compañía eran Cachy y Dolchy: dos pomeranias dorados de hermoso pelaje y de apetito delicado. Esa vez uno de sus pequeños de 2 años tuvo malestares estomacales; amarró su plateado cabello con una pañoleta de ramos, vistió una bata y pantuflas y bajó a sus perros a limpiar sus estómagos por segunda vez. Aprovechó y agarró su cajetilla de cigarrillos para fumar unos cuantos, mientras esperaba que sus perros terminaran. El doctor le aconsejó no fumar, debido a su problema bronquial, pero siempre llevaba algunos escondidos en los bolsillos de su ropa. Puso los collares a Cachy y Dolchy y bajaron, dejando que como siempre ellos husmeen debajo de la escalera, antes de santiguar con orina la puerta de cristal que nunca cierra.

_ ¿Qué pasa Dolchy? – gritaba Helenita mientras sostenía en sus labios el cigarrillo consumido hasta la mitad al escuchar uno de sus perros ladrar insistentemente.

_ ¡Dolchy, Cachy vengan acá! -les ordenó con firmeza.

Los perros aparecieron entre la oscuridad junto a sus pies y arañaron su bata violeta.

_ ¿Te sigue doliendo la barriga? - preguntó a su perra.

Los canes corrieron nuevamente y ella los siguió hasta la mata de mango donde tropezó en la oscuridad.

_ ¿Qué  hay aquí? – cogió sus fósforos y rasgó uno de ellos dejando ver lo que estaba ante sus pies.

_ ¡Señor, señor! ¡No se mueve!

La asustada mujer les puso las correas nuevamente y entró a la recepción apagando su cigarrillo con la piel de cristal diariamente lastimada de la puerta subiendo las escaleras sin alertar a nadie. Dentro, se sentó en su sofá frente al televisor. Miraba el teléfono, aunque no estaba segura de a quien llamar, si a la policía o a la ambulancia. Mujer de carácter huraño, no quería estar implicada en ninguna investigación o declaración.

-¡Hola!, es una emergencia, hay un hombre tirado en mi residencial. Lo moví pero no responde. No, no lo conozco. Yo solo bajé a mis perros y me tropecé con él. No, no sé si esta borracho o herido.

Era una noche larga y ajetreada para el personal médico de emergencias. En la parte céntrica de la ciudad el tráfico era pesado: mucha gente bebiendo y celebrando parqueados en medio de las principales calles; otros regresando de visitar sus parientes después de cenar. En fin, tomaron más de media hora para acudir al llamado. Algunos de los residentes vieron y oyeron las luces de las sirenas, pero nadie se atrevió a salir, ni siquiera Helenita y sus canes. Los paramédicos encontraron al hombre tirado, tomaron sus signos vitales y se dieron cuenta que estaba infartado. Pusieron al anciano en una camilla, colocaron oxígeno y subieron a la ambulancia. El auxiliar permaneció atrás prestando ayuda al moribundo pasajero, mientras el chofer arrancaba a toda velocidad hacia el centro de la ciudad. Tan pronto salió del residencial y giró a la izquierda, en la primera esquina chocaron con el automóvil de la señora del apartamento 2B que había salido a recibir al aeropuerto a Juan, que llegó de Nueva York para pasar las vacaciones navideñas. Los esposos salieron del carro y discutieron con los paramédicos dilucidando quién chocó a quién. Cuando Lucia vio a quién transportaban, les dijo que lo resolverían luego, lo importante era que don Mario –su vecino del 1B- no muriera.

Ella entró a su automóvil y escuchó el celular de su marido que no paraba de repicar. Vio quien llamaba: la súper modelo del 1A. Siempre vestía ropas y joyas caras, dizque de un supuesto novio que le mandaba dinero del exterior. En ese momento ató cabos y concluyó que su marido era también novio de la chica. Al minuto Juan entró al auto y prácticamente fue impactado más fuerte que el choque con la ambulancia.

_ ¡Desgraciado, mal agradecido! ¡Tú te metiste con esa sucia!

_ ¿De qué me estás hablando mi amor?- preguntó asombrado Juan, agarrándose la gorra de un famoso equipo de beisbol que Lucia casi le arrebató de un golpe.

_  ¿Tú crees que yo no iba a darme cuenta? Ya veo quien le regalaba cosas caras.

_ No mi amor, esa mujer siempre me estaba molestando. Ella es la que insiste.

Arrancó la dama el carro a toda velocidad y casi abrió la puerta del lobby con el parachoques. Tumbaba la puerta a manotazos, al tiempo que vociferaba toda clase de improperios a la muchacha. Arturo esposo de Melisa y cuñado de Yuleiny al escuchar los golpes, acudió con un bate de beisbol en la mano.

_ ¿Qué es lo que está pasando? –dijo muy enojado mientras observaba a su vecina con los ojos llorosos. En seguida se unió Melisa luciendo una bata larga, cubierta de una crema de algas verdes y unas anchoas en el pelo para conservar su forma de cabello.

_ ¿Qué pasa vecina, nunca la había visto así?

Lucia con los ojos rojos, y el rímel corrido hasta los pómulos entre sollozos, explicó a los vecinos lo que aconteció. Mientras Juan siguió directo hacia su apartamento y dejó el pleito armado.

_ ¡Esa -la que ustedes tienen viviendo aquí- es una aprovechada, tiene un romance con mi marido! Pero hasta aquí llegó, no verá un centavo más de él.

Al escuchar esas palabras Arturo se puso rojo de ira, corrió hasta la habitación de Yuleiny y le cayó a bofetadas siendo detenido por su mujer, que no entendió el enojo demostrado por su marido.

_ ¡Desgraciada! después de todo lo que he hecho por ti. Yo te pago tus estudios, te doy ropa, comida, techo ¡y así me pagas!

_ Cálmate Arturo, ella es muy joven, se equivocó.- argumentó Melisa agarrando a su marido, como para justificar las acciones de su hermanita menor.

_ ¿Se equivocó? ¡Ella no sirve mejor dicho!

_ ¿Por qué estás tan molesto? no te entiendo. Ella no es tu hermana.

_ Lo que sucede es que tu marido también me enamora, al igual que el vecino. Y muchas veces me ha propuesto dejarte y quedarse conmigo y con el niño,  porque soy joven y bonita.

Al escuchar Melisa la palabras de Yuleiny entonces fue ella quien la golpeó, no podía creer que su única hermana estaría conspirando para acabar con su matrimonio de diez años de felicidad con un esposo devoto. Había invertido demasiado dinero en cremas y liposucciones como para dejar que su marido la cambiara por la primera veinteañera que viera.

_ Él te quiere como una hija.

_ Ah, ¿pero tú estás ciega?- manifestó Yuleiny.

Eran las cuatro de la mañana y todavía la discusión continuaba en el 1A, mientras Lucia le informaba a José los pormenores del caso de su padre. Por suerte doña Sara seguía medicada para dormir. José estaba muy nervioso. Se abotonó una camisa para ir enseguida al hospital a alcanzar a su padre, quizás ya sin vida. 


continuará......................................


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