El Mar

Un día diferente en la vida de Yeyo lo llevó a disfrutar el lado dulce de su amarga vida.

Apostando Al Milagro

¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?

150 Grados

John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.

Reserva Especial

El amor puede manifestarse de muchas maneras.

El Resguardo

Nunca hables con extraños en lugares desconocidos.

Ella

La mujer que todos quisieron.

El domador de leones

El miedo se enfrenta en algún momento.

El camino que lleva al fondo

Los polos semejantes se atraen.

Aferrado

¿Oh muerte, por qué no me llevaste cuando Yuleiny se fue?

El Niño Perdido

La lúgubre celda guarda el alma de un niño

La Dichosa y Cruel Filiberta

"Ella debe tener algún embrujo que la quiere viuda".

La Silla

" Hay cosas que sólo se ven desde La Silla".

Las Lenguas Muertas de Doña Pura

" Para quien quiera sacar sus demonios".

El niño con voz de Jilguero

"Canta mi niño, canta".

Porque mañana llega Angela

"Manaña llega Ángela... – suspiró el alcalde".

La casa viviente

"'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa"".

Mayflower

"'La magia no está en las cosas"".

El hombre sin alma

¿Y ahora qué hago sin alma?

24 horas por morir

La puerta que nunca cierra no tiene dolientes; y lo peor, es que ella lo sabe.

sábado, 19 de marzo de 2016

El Niño Perdido

Escrita en junio 2015





Juan tiene las manos manchadas de sangre. Sus huellas revelan un pasado secreto que vivirá eternamente plasmado en las oscuras paredes de su celda.

_ ¿Dónde está mi niño Juan?

_ Él se esconde bajo la cama de su madre.

_ ¿De qué se esconde?

_ De la desdicha, la incredulidad, del futuro tronchado. De las manos impúdicas, de los cuerpos sudados, velludos y musculosos. De la palabra, de la mudez, de los gritos y los silencios.

_ ¿Nadie escucha los gritos del niño?

_ Su madre no le cree, dice que la maldad habita en su mente.

_ ¿Por qué se llevó a los niños?

_ Porque no sabe cómo salir de su rincón secreto.

_ ¿Dónde está ese lugar?

_ Esta perdido en su pasado.


Hoy Juan tiene las manos manchadas de sangre, sangre inocente, sangre infantil, sangre que como la de él, un día creyó en los grandes.

Apostando al Milagro - Octava parte.



Escrita en Mayo – 2009




Mientras tanto en “El Bondado”, pueblo que vio crecer a Euraclio, un grupo de presos escaparon en la víspera atando a sus dos custodios. Entre ellos estaba José Juan, el mismo que había jurado vengarse de su amigo y que no pararía hasta encontrarlo. Por sus amigos Gonzalo y Casimiro se enteró que éste había abandonado el pueblo por problemas con el jefe de personal de la fábrica.

José Juan conocía mucho de Euraclio. Sabía que tenía una madre y a falta de Irene, ella sería su apoyo. Así que fue visitando todos los pueblos vecinos hasta llegar a “Las Cruces”, que pasó de ser un pueblo hostil a uno donde las personas se trataban con hospitalidad. El ex preso fue a parar precisamente a la casa de la ex poseída. Ella vivía a la entrada del pueblo justo al lado de la estación de guaguas. Inmediatamente tocó la puerta para obtener información.

_ Disculpe señora, soy un viajero y ando buscando a mi madre y a mi hermano.

_ ¿Cómo se llama usted?

_ José Juan, mi hermano se llama Euraclio y mi madre Amalia.

_ Oh, usted es hermano del Santo.

_ ¿Santo?

_ Si, el que hace los milagros.

Por las palabras dichas por la mujer José Juan se dio cuenta de que se trataba de la misma persona. Siempre tratando de conseguir dinero fácil.

_ ¿Sabe dónde vive el Santo?

_ ¡Claro, todo el mundo lo sabe! Vaya a la iglesia y allí lo encontrará.

_ Muchas gracias bella señora.

Esa misma mañana la ex poseída fue a hacer el aseo a la iglesia y como de costumbre buscó la bendición del Padre así como la del Santo.

_ Bendición Padre.

_ Dios te bendiga hija.

_ Bendición Santo.

_ Ya te he dicho mija que no debes pedirme la bendición. Soy una persona como tú.

_ Santo, su hermano lo anda buscando.

_ ¿Hermano?-preguntó asombrado ya que él es hijo único.

_ ¿Y cómo se llama el hombre?

_ José Juan.

El rostro de Euraclio cambió de repente, sabía que él había llegado a matarlo por lo que le hizo. Además si hablaba de más todo el mundo conocería su pasado y su presente.

_ ¿Y dónde está mi hermano?

_ No sé, a lo mejor fue a buscar a su madre. Yo le indiqué el camino.

Euraclio se retiró a su habitación. Se vistió, tomó una Biblia que recién estaba aprendiendo a leer con el Padre, la guardó debajo de su ropa y se dirigió al altar, donde estaba el cuadro de Jesús y la estatua de Sor Juan de Las Cruces. El miedo había regresado a su vida y esta vez era en serio. Se puso de rodillas, se persignó y por vez primera en su vida habló sinceramente con Dios.

_ Señor Padre Todopoderoso ten piedad de mí; mis enemigos me acorralan y mi deseo de seguir huyendo ha llegado a su fin; te pido una oportunidad. Pero si mi destino es morir en manos de José Juan, que por lo menos mi madre no lo vea ni ninguno de mis seres queridos -refiriéndose al Padre Graciano y su hijo…

Terminada su oración se levantó y continuó con su ritmo de vida habitual; caminó por todos los lugares, visitó enfermos y no ocurrió nada. A la mañana siguiente en su acostumbrada sesión de oración al Señor apareció José Juan y se colocó a sus espaldas.

_ ¡Levántate miserable, he venido a acabar con tu vida!

José Juan tenía en su mano derecha un puñal que había robado en el mercado del pueblo. Euraclio lucía tranquilo. Ya no iba a huir más. Su destino estaba escrito, sea cual fuere.

_ ¡Toma! -dijo José Juan enterrándole el puñal.

El convicto aprovechó el instante en que el santo se levantó, le asestó una puñalada en el costado izquierdo haciendo que este cayera al suelo. Los feligreses al verlo se impresionaron y atacaron furiosos al hombre que tuvo que salir corriendo del lugar sin su puñal. El Padre Graciano corrió a ver a Euraclio y para gloria de Dios el dichoso hombre vivía.

_ No sé por qué ese hombre te atacó pero lo que si sé es que Dios ha hecho un milagro en ti.

El puñal no llegó a tocar su tórax porque quedó enterrado en la Biblia que siempre llevaba consigo. Euraclio se sentó y abrazó al Padre llorando.

_ ¡Padrecito perdóneme porque he pecado!

_ Tranquilo hijo, ven conmigo.

La multitud estaba eufórica, el demonio quiso matar a su Santo. Buscaron en todos los rincones del pueblo y no encontraron al hombre. Pasaron unos días cuando Euraclio repuesto decidió salir a la calle, a los pueblos a predicar y a visitar a todos los enfermos. Esta vez no hacía milagros, el oraba para que el Señor obrara en ellos. Duró unas semanas haciendo eso y su madre volvió a ser la misma de antes. Esa que lo detestaba, que no quería saber de él y más porque ya no recibía dinero. Euraclio se despojó de todo lo que poseía al punto de donar a unos agricultores pobres el terreno y las cabezas de ganado que tenía, así como cada peso que consiguió estafando al pueblo. Por último le pidió a su madre que dejara la casa para regalarla a unas personas sin hogar y que se fuera con él a predicar la palabra. Ese no era el plan de Amalia, cómoda en su casa con dinero y sirvientes. Algo debía planear para controlar a su hijo.

La mañana del veinticinco de diciembre estuvo llena de festividades y alegría del pueblo con el cumpleaños treinta y tres del Santo. Su madre organizó la cena de la iglesia donde se darían las gracias a Dios por haberle enviado al Santo al pueblo de Las Cruces. Todo estaba preparado: la comida, el coro, el vino; hasta los músicos del pueblo le acompañaron. Juntaron muchas mesas e hicieron una sola y utilizaron los bancos del salón como asientos. Sólo faltaba que el Santo apareciera en el salón.

En su habitación el joven rezaba el credo y la vela que tenía encendida al lado de la Biblia se apagó. El cuarto se oscureció y Euraclio murmulló: lo sé. Conforme a su destino entró al salón y se sentó con los comensales. Todo el mundo comía y reía. El Padre Graciano notaba tristeza en el joven.

_ Es tu fiesta, ¿Por qué tan triste?

_ Padrecito, le dejo. Pero mi corazón se queda aquí.

El Padre entristeció. Había algo en el aire que le indicaba que el momento de verlo partir había llegado.

Llegó el vino, la madre lo servía y la ex poseída entregaba a cada quien un vaso.

_ Pásale éste a mijo en esta copa de plata. Por ser Santo necesita una vasija digna de un rey -dijo la madre.

La ex poseída así lo hizo. Llevó el vino y lo distribuyó dándole a cada quien el suyo. Al cabo de algunas horas el Santo empezó a sentirse mal y fue llevado a su habitación a la que llamó a su madre.

_ Quiero ver a mi madrecita.

_ Sólo es dolor de estómago, él casi nunca come -dijo la ex poseída dirigiéndose al Padre.

En seguida su madre entró a la habitación sin señal de dolor por lo que hizo. Ya estando solos el hijo miró a su madre a los ojos y la cuestionó.

_ No voy a perder lo que tengo, te dije que siempre fuiste un perdedor, comienzas algo y no lo terminas. Ahora yo le daré término a esto. No tirarás por la ventana todos nuestros bienes. Prefiero un Santo muerto que un fracasado vivo.

El dolor estremeció al muchacho. La bebida contenía veneno de ratas y ésto quemaba sus entrañas. Empezó a cambiar de color y su boca se tornó morada. Quería decirle muchas cosas, entre ellas que tenía un nieto, pero calló. No quería que el pobre niño corriera con la misma suerte que él. Sólo articuló algunas palabras.

_ Te perdono madrecita.

En seguida el Padre Graciano entró y en la habitación ya se sentía el olor a muerte dentro de ella.

_ Padrecito, quiero confesarme.

_ Te escucho hijo.

Doña Amalia salió de cuarto y se quedó detrás de la puerta tratando de escuchar lo que hablaban.

_ Perdóneme Padrecito porque soy un mentiroso.

_ Hijo, el Señor conoce tu vida y todo lo que has hecho. Él sabe que te arrepentiste y has cambiado, y conoce lo que has hecho por tus hermanos. Voy a darte la extremaunción.

Al final de la conversación con Dios el Padre cerró los ojos del muchacho.

Una calma se sintió en la habitación esa noche. Euraclio murió sin recibir atención médica, sin ver a su hijo por última vez, sin perdonar a José Juan, sin terminar su obra. El llanto de los feligreses corrió como lluvia por las calles hasta que éstas pudieron lavarse. Al siguiente día temprano en la mañana se ofreció una ceremonia para despedir su cuerpo. El amor y su espíritu quedarían en ese pueblo. Todo el mundo excepto su madre lloró por varios días y mucho más cuando al tercer día de enterrarlo su tumba se encontró vacía. Gran revuelta se originó en el pueblo creyendo que el Santo muerto había resucitado, que él no era un hombre normal, que era un enviado del Señor.




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150º GRADOS - Octava parte.

Escrita en Diciembre – 2009 y Abril – 2015




La segunda hiper tormenta de gran dimensión después de seis años, amenazaba con causar estragos aún mayores sobre Exodus. La velocidad de los vientos y el intenso calor en la entrada de la cueva lo delataba. John calculó que esta vez serían mayores los daños y posiblemente tendrían pérdidas humanas. Tenía mucho tiempo reparando los transmisores y se vio preciso a enviar el primer mensaje al universo esperando que en algún momento tuvieran respuesta.

Por el tiempo sin comunicarse en su idioma y las deformaciones de sus fosas nasales, laringe, labios y manos, fue perdiendo la habilidad de escribir. El transmisor usaba una lengua muerta que utilizaba una serie de criptografía como alfabeto. Con el uso de esos símbolos transmitió el mensaje lo más simple posible para que pudiera entenderse. Explicó que vivía con alienígenas descendientes de viajeros estelares. Según los radares de las naves que allí quedaron y el estudio de las estrellas indicó en cuáles coordenadas invertidas estaban situados, aunque no pudo identificar la galaxia. Clamó por ayuda ya que un agujero negro podría tragarse el planetoide si en su recorrido se acercara más a la órbita, pero aún lejos estaba alimentándose del planeta y acabando con la estratosfera. Permaneció en esa cueva por largo tiempo esperando recibir una confirmación de mensaje.

La tormenta finalmente llegó y fue tan fuerte que aumentó la temperatura interior fundiendo los minerales que conformaban su entrada convirtiéndola en lava fosilizada e  impidiendo el acceso y salida del lugar confinando a todos sus pobladores a vivir encerrados en la caverna. Las paredes más cercanas a la entrada fueron impactadas por el alto grado de calor provocando el traslado de los habitantes de las chozas incrustadas en lo alto.

En un hecho infructuoso por salvar a las criaturas del techo cavernario Pkcrit escaló con sus agiles patas traseras e intentó sacar a varias familias de las chozas ardientes que se lanzaban desde lo alto prendidas en fuego. Una de las cuevas explotó debido a la conformación del material de las rocas en contacto con el fuego, arrojando a todas las criaturas hacia el suelo. Pkcrit cayó desde lo alto, al igual que decenas de estalactitas se desprendían como filosas lanzas atravesando los cuerpos de los caídos. John no se contuvo y corrió hasta llegar al alienígena para sacarlo de la zona de peligro. En ese momento una roca se desprendió cayendo sobre John, provocando serias heridas en sus piernas, al cubrir con su cuerpo a su pequeño amigo. La invalidez provocada por este hecho lo confinó a vivir dentro de la cueva de los equipos almacenados.

Ante la gravedad del claustro y la alteración de la temperatura, John pasó el resto de sus días enviando mensajes al espacio diariamente, haciendo esto por diez años hasta que sus manos ya no pudieron movilizarse y su vista se fue deteriorando, quedando brotados sus ojos totalmente. La tormenta duró más de veinte descensos hasta que retomó nuevamente su órbita y se alejó.

En una ocasión, percibió una neblina cercana a la cueva donde estaba procedente de la Cueva de la Vida. Una nube de gas impedía se notara el crecimiento de pequeñas algas y diminutos insectos que crecían allí. Con su escasa visión pudo notar que esa cueva daba una esperanza a los habitantes enclaustrados en la caverna, a sus descendientes y quizás a otros viajeros intergalácticos. Para que no se fuera a destruir la producción de oxígeno y agua que salía de esos gases mantuvo prohibida la entrada al lugar como forma de resguardar el futuro del planetoide.


Envió un último mensaje a quien pudiera escucharle dando a conocer de un acontecimiento sin igual. El polvo cósmico que transportaba material genético se estaba transformando en materia viva. De no destruirse el planetoide por causa del agujero negro, en unas cuantas décadas podría ser un planeta habitable, ya que la producción de gases aplacarían las altas temperaturas y cambiarían el medio ambiente.


También y sin saber si lo recibiría envió un mensaje a la única persona que lo estaba esperando.


_ Amada Amy, he viajado toda mi vida persiguiendo lo desconocido. He dado mi vida por mi país y por la ciencia. Conocerte fue mi mayor descubrimiento. Lamento no haber dedicado suficiente tiempo para que supieras cuanto te amo. Lamento no cumplir las promesas que te hice. Lamento también el no poder regresar a la Tierra. Solo quiero que sepas que siempre estarás en mis pensamientos. Te amaré por siempre.


John permanecía postrado en un pozo de fango para perdurar más tiempo vivo, mientras enseñaba a Pkcrit y a los más despiertos amplios conocimientos de biología, física y astronomía. Incluso a cómo continuar usando los transmisores. Su vida se estaba apagando y dentro del fango falleció, después de veinte años fuera de su planeta. Pkirt conmovido por la muerte de su amigo, lo hundió por completo dentro de la fosa de fango y ahí permaneció como un objeto más de valor dentro de la cueva. Por poseer más conocimientos sobre las cuevas quedó a cargo de los equipos y de supervisar la cueva de la Vida que ya emitía un aire más fresco e iba refrescando aún más la caverna.

 



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lunes, 7 de marzo de 2016

Aferrado

Escrita en junio 2015




La infructuosa tragedia permanecía en la habitación de Gustavo. La lucha campal de dos energías, que aplicaban la misma fuerza a un mismo cuerpo, se disputaban quien quedaría vencedora.

Tres meses y dos días de sufrimiento ante la partida de Yuleini con otro hombre fueron suficientes para poner fin a su mal. Ese día lluvioso se recostó en la cama mientras contemplaba el gris del cielo por los agujeros del techo. Recordaba los buenos momentos vividos con ella y su promesa de amor eterno frustrada por la llegada de un extraño al vecindario.

Bajo la cama guardaba los requerimientos mínimos para que la muerte viniera por él. Nunca imaginó que esa hora fuera tan dolorosa, tan angustiante. La espera no era fugaz, podría perdurar minutos, horas, dependiendo de la táctica usada. Había practicado muchas veces ese nudo. Era perfecto, sin fallas y con seguridad le rompería el cuello. Algo fallaba entonces, estaba aferrado con sus dedos a la vida. En ese momento no quería morir, luchó amarrado por una hora suspendido de la viga del techo de madera y zinc. Lo único que pudo hacer fue dejarse llevar por sus pensamientos.

_ ¿Oh muerte, por qué no me llevaste cuando Yuleiny se fue? ¿Querías hacerme padecer? Un segundo bastaba para que mi alma no se contuviera y se entregara a ti. Con un mínimo empujón hubiese muerto de dolor, de amor, de odio. No siento lo mismo ahora, ¡al diablo ella y su amante! Lo que quiero es que te alejes de mí y aflojes esta cuerda.

Con la piel blanquecina y los labios morados trataba con desesperación de soltar el nudo que tenía ajustado al cuello, en su primer intento por abandonar su estado carnal. Sus manos, desesperadas, se movían alrededor de la soga, tratando de encontrar donde desamarrarlo, mientras sus pies de puntillas, danzaban un baile ruso, suspendidos en el aire.

Llovía y las goteras mojaban su larga cabellera rizada, lluvia que al descender se hizo una con la orina que mojó sus pantalones de kaki.

La agonía terminó cuando Chencho -su hermano- entró en la habitación y lo desató.

_ ¿Y tu qué hacías ahí colgado, te querías morir?

_ No, yo sólo intentaba vivir.



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