Apostando Al Milagro
¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?
150 Grados
John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.
sábado, 19 de marzo de 2016
El Niño Perdido
Escrita en junio 2015
Juan tiene las manos manchadas de sangre. Sus huellas revelan un pasado
secreto que vivirá eternamente plasmado en las oscuras paredes de su celda.
_ ¿Dónde está mi niño Juan?
_ Él se esconde bajo la cama de su
madre.
_ ¿De qué se esconde?
_ De la desdicha, la incredulidad,
del futuro tronchado. De las manos impúdicas, de los cuerpos sudados, velludos
y musculosos. De la palabra, de la mudez, de los gritos y los silencios.
_ ¿Nadie escucha los gritos del
niño?
_ Su madre no le cree, dice que la
maldad habita en su mente.
_ ¿Por qué se llevó a los niños?
_ Porque no sabe cómo salir de su
rincón secreto.
_ ¿Dónde está ese lugar?
_ Esta perdido en su pasado.
Hoy Juan tiene las manos manchadas de sangre, sangre inocente, sangre
infantil, sangre que como la de él, un día creyó en los grandes.
Apostando al Milagro - Octava parte.
Escrita en
Mayo – 2009
Mientras tanto en “El Bondado”,
pueblo que vio crecer a Euraclio, un grupo de presos escaparon en la víspera
atando a sus dos custodios. Entre ellos estaba José Juan, el mismo que había
jurado vengarse de su amigo y que no pararía hasta encontrarlo. Por sus amigos
Gonzalo y Casimiro se enteró que éste había abandonado el pueblo por problemas
con el jefe de personal de la fábrica.
José Juan conocía mucho de Euraclio.
Sabía que tenía una madre y a falta de Irene, ella sería su apoyo. Así que fue
visitando todos los pueblos vecinos hasta llegar a “Las Cruces”, que pasó de
ser un pueblo hostil a uno donde las personas se trataban con hospitalidad. El
ex preso fue a parar precisamente a la casa de la ex poseída. Ella vivía a la
entrada del pueblo justo al lado de la estación de guaguas. Inmediatamente tocó
la puerta para obtener información.
_ Disculpe
señora, soy un viajero y ando buscando a mi madre y a mi hermano.
_ ¿Cómo se
llama usted?
_ José Juan,
mi hermano se llama Euraclio y mi madre Amalia.
_ Oh, usted es
hermano del Santo.
_ ¿Santo?
_ Si, el que
hace los milagros.
Por las palabras dichas por la mujer
José Juan se dio cuenta de que se trataba de la misma persona. Siempre tratando
de conseguir dinero fácil.
_ ¿Sabe dónde
vive el Santo?
_ ¡Claro, todo
el mundo lo sabe! Vaya a la iglesia y allí lo encontrará.
_ Muchas
gracias bella señora.
Esa misma mañana la ex poseída fue a
hacer el aseo a la iglesia y como de costumbre buscó la bendición del Padre así
como la del Santo.
_ Bendición Padre.
_ Dios te
bendiga hija.
_ Bendición Santo.
_ Ya te he
dicho mija que no debes pedirme la bendición. Soy una persona como tú.
_ Santo, su
hermano lo anda buscando.
_ ¿Hermano?-preguntó
asombrado ya que él es hijo único.
_ ¿Y cómo se
llama el hombre?
_ José Juan.
El rostro de Euraclio cambió de
repente, sabía que él había llegado a matarlo por lo que le hizo. Además si
hablaba de más todo el mundo conocería su pasado y su presente.
_ ¿Y dónde está
mi hermano?
_ No sé, a lo
mejor fue a buscar a su madre. Yo le indiqué el camino.
Euraclio se retiró a su habitación.
Se vistió, tomó una Biblia que recién estaba aprendiendo a leer con el Padre,
la guardó debajo de su ropa y se dirigió al altar, donde estaba el cuadro de Jesús
y la estatua de Sor Juan de Las Cruces. El miedo había regresado a su vida y
esta vez era en serio. Se puso de rodillas, se persignó y por vez primera en su
vida habló sinceramente con Dios.
_ Señor Padre
Todopoderoso ten piedad de mí; mis enemigos me acorralan y mi deseo de seguir
huyendo ha llegado a su fin; te pido una oportunidad. Pero si mi destino es
morir en manos de José Juan, que por lo menos mi madre no lo vea ni ninguno de
mis seres queridos -refiriéndose al Padre Graciano y su hijo…
Terminada su oración se levantó y
continuó con su ritmo de vida habitual; caminó por todos los lugares, visitó
enfermos y no ocurrió nada. A la mañana siguiente en su acostumbrada sesión de
oración al Señor apareció José Juan y se colocó a sus espaldas.
_ ¡Levántate
miserable, he venido a acabar con tu vida!
José Juan tenía en su mano derecha
un puñal que había robado en el mercado del pueblo. Euraclio lucía tranquilo.
Ya no iba a huir más. Su destino estaba escrito, sea cual fuere.
_ ¡Toma! -dijo
José Juan enterrándole el puñal.
El convicto aprovechó el instante en
que el santo se levantó, le asestó una puñalada en el costado izquierdo
haciendo que este cayera al suelo. Los feligreses al verlo se impresionaron y
atacaron furiosos al hombre que tuvo que salir corriendo del lugar sin su
puñal. El Padre Graciano corrió a ver a Euraclio y para gloria de Dios el
dichoso hombre vivía.
_ No sé por qué
ese hombre te atacó pero lo que si sé es que Dios ha hecho un milagro en ti.
El puñal no llegó a tocar su tórax porque
quedó enterrado en la Biblia que siempre llevaba consigo. Euraclio se sentó y
abrazó al Padre llorando.
_ ¡Padrecito
perdóneme porque he pecado!
_ Tranquilo
hijo, ven conmigo.
La multitud estaba eufórica, el
demonio quiso matar a su Santo. Buscaron en todos los rincones del pueblo y no
encontraron al hombre. Pasaron unos días cuando Euraclio repuesto decidió salir
a la calle, a los pueblos a predicar y a visitar a todos los enfermos. Esta vez
no hacía milagros, el oraba para que el Señor obrara en ellos. Duró unas
semanas haciendo eso y su madre volvió a ser la misma de antes. Esa que lo
detestaba, que no quería saber de él y más porque ya no recibía dinero.
Euraclio se despojó de todo lo que poseía al punto de donar a unos agricultores
pobres el terreno y las cabezas de ganado que tenía, así como cada peso que
consiguió estafando al pueblo. Por último le pidió a su madre que dejara la
casa para regalarla a unas personas sin hogar y que se fuera con él a predicar
la palabra. Ese no era el plan de Amalia, cómoda en su casa con dinero y
sirvientes. Algo debía planear para controlar a su hijo.
La mañana del veinticinco de
diciembre estuvo llena de festividades y alegría del pueblo con el cumpleaños
treinta y tres del Santo. Su madre organizó la cena de la iglesia donde se
darían las gracias a Dios por haberle enviado al Santo al pueblo de Las Cruces.
Todo estaba preparado: la comida, el coro, el vino; hasta los músicos del
pueblo le acompañaron. Juntaron muchas mesas e hicieron una sola y utilizaron
los bancos del salón como asientos. Sólo faltaba que el Santo apareciera en el
salón.
En su habitación el joven rezaba el
credo y la vela que tenía encendida al lado de la Biblia se apagó. El cuarto se
oscureció y Euraclio murmulló: lo sé. Conforme a su destino entró al salón y se
sentó con los comensales. Todo el mundo comía y reía. El Padre Graciano notaba
tristeza en el joven.
_ Es tu
fiesta, ¿Por qué tan triste?
_ Padrecito,
le dejo. Pero mi corazón se queda aquí.
El Padre entristeció. Había algo en el aire que le
indicaba que el momento de verlo partir había llegado.
Llegó el vino, la madre lo servía y
la ex poseída entregaba a cada quien un vaso.
_ Pásale éste
a mijo en esta copa de plata. Por ser Santo necesita una vasija digna de un rey
-dijo la madre.
La ex poseída así lo hizo. Llevó el
vino y lo distribuyó dándole a cada quien el suyo. Al cabo de algunas horas el
Santo empezó a sentirse mal y fue llevado a su habitación a la que llamó a su
madre.
_ Quiero ver a
mi madrecita.
_ Sólo es
dolor de estómago, él casi nunca come -dijo la ex poseída dirigiéndose al
Padre.
En seguida su madre entró a la
habitación sin señal de dolor por lo que hizo. Ya estando solos el hijo miró a
su madre a los ojos y la cuestionó.
_ No voy a
perder lo que tengo, te dije que siempre fuiste un perdedor, comienzas algo y
no lo terminas. Ahora yo le daré término a esto. No tirarás por la ventana
todos nuestros bienes. Prefiero un Santo muerto que un fracasado vivo.
El dolor estremeció al muchacho. La
bebida contenía veneno de ratas y ésto quemaba sus entrañas. Empezó a cambiar
de color y su boca se tornó morada. Quería decirle muchas cosas, entre ellas
que tenía un nieto, pero calló. No quería que el pobre niño corriera con la
misma suerte que él. Sólo articuló algunas palabras.
_ Te perdono
madrecita.
En seguida el Padre Graciano entró y
en la habitación ya se sentía el olor a muerte dentro de ella.
_ Padrecito,
quiero confesarme.
_ Te escucho
hijo.
Doña Amalia salió de cuarto y se
quedó detrás de la puerta tratando de escuchar lo que hablaban.
_ Perdóneme
Padrecito porque soy un mentiroso.
_ Hijo, el Señor
conoce tu vida y todo lo que has hecho. Él sabe que te arrepentiste y has cambiado,
y conoce lo que has hecho por tus hermanos. Voy a darte la extremaunción.
Al final de la conversación con Dios el Padre cerró los
ojos del muchacho.
Una calma se sintió en la habitación
esa noche. Euraclio murió sin recibir atención médica, sin ver a su hijo por
última vez, sin perdonar a José Juan, sin terminar su obra. El llanto de los
feligreses corrió como lluvia por las calles hasta que éstas pudieron lavarse.
Al siguiente día temprano en la mañana se ofreció una ceremonia para despedir
su cuerpo. El amor y su espíritu quedarían en ese pueblo. Todo el mundo excepto
su madre lloró por varios días y mucho más cuando al tercer día de enterrarlo
su tumba se encontró vacía. Gran revuelta se originó en el pueblo creyendo que
el Santo muerto había resucitado, que él no era un hombre normal, que era un
enviado del Señor.
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150º GRADOS - Octava parte.
Escrita
en Diciembre – 2009 y Abril – 2015
La segunda hiper tormenta de gran dimensión después de
seis años, amenazaba con causar estragos aún mayores sobre Exodus. La velocidad
de los vientos y el intenso calor en la entrada de la cueva lo delataba. John calculó
que esta vez serían mayores los daños y posiblemente tendrían pérdidas humanas.
Tenía mucho tiempo reparando los transmisores y se vio preciso a enviar el
primer mensaje al universo esperando que en algún momento tuvieran respuesta.
Por el tiempo sin comunicarse en su idioma y las
deformaciones de sus fosas nasales, laringe, labios y manos, fue perdiendo la
habilidad de escribir. El transmisor usaba una lengua muerta que utilizaba una
serie de criptografía como alfabeto. Con el uso de esos símbolos transmitió el
mensaje lo más simple posible para que pudiera entenderse. Explicó que vivía
con alienígenas descendientes de viajeros estelares. Según los radares de las
naves que allí quedaron y el estudio de las estrellas indicó en cuáles
coordenadas invertidas estaban situados, aunque no pudo identificar la galaxia.
Clamó por ayuda ya que un agujero negro podría tragarse el planetoide si en su
recorrido se acercara más a la órbita, pero aún lejos estaba alimentándose del
planeta y acabando con la estratosfera. Permaneció en esa cueva por
largo tiempo esperando recibir una confirmación de mensaje.
La tormenta finalmente llegó
y fue tan fuerte que aumentó la temperatura interior fundiendo los minerales
que conformaban su entrada convirtiéndola en lava fosilizada e impidiendo el acceso y salida del lugar
confinando a todos sus pobladores a vivir encerrados en la caverna. Las paredes
más cercanas a la entrada fueron impactadas por el alto grado de calor
provocando el traslado de los habitantes de las chozas incrustadas en lo alto.
En un hecho infructuoso por salvar a las criaturas del
techo cavernario Pkcrit escaló con sus agiles patas traseras e intentó sacar a
varias familias de las chozas ardientes que se lanzaban desde lo alto prendidas
en fuego. Una de las cuevas explotó debido a la conformación del material de
las rocas en contacto con el fuego, arrojando a todas las criaturas hacia el
suelo. Pkcrit cayó desde lo alto, al igual que decenas de estalactitas se
desprendían como filosas lanzas atravesando los cuerpos de los caídos. John no
se contuvo y corrió hasta llegar al alienígena para sacarlo de la zona de
peligro. En ese momento una roca se desprendió cayendo sobre John, provocando
serias heridas en sus piernas, al cubrir con su cuerpo a su pequeño amigo. La
invalidez provocada por este hecho lo confinó a vivir dentro de la cueva de los
equipos almacenados.
Ante la gravedad del claustro
y la alteración de la temperatura, John pasó el resto de sus días enviando
mensajes al espacio diariamente, haciendo esto por diez años hasta que sus
manos ya no pudieron movilizarse y su vista se fue deteriorando, quedando
brotados sus ojos totalmente. La tormenta duró más de veinte descensos hasta
que retomó nuevamente su órbita y se alejó.
En una ocasión, percibió una neblina cercana a la cueva donde estaba
procedente de la Cueva de la Vida. Una nube de gas impedía se notara el
crecimiento de pequeñas algas y diminutos insectos que crecían allí. Con su
escasa visión pudo notar que esa cueva daba una esperanza a los habitantes
enclaustrados en la caverna, a sus descendientes y quizás a otros viajeros
intergalácticos. Para que no se fuera a destruir la producción de oxígeno y
agua que salía de esos gases mantuvo prohibida la entrada al lugar como forma
de resguardar el futuro del planetoide.
Envió un último mensaje a quien pudiera escucharle dando a conocer de un
acontecimiento sin igual. El polvo cósmico que transportaba material genético
se estaba transformando en materia viva. De no destruirse el planetoide por
causa del agujero negro, en unas cuantas décadas podría ser un planeta
habitable, ya que la producción de gases aplacarían las altas temperaturas y
cambiarían el medio ambiente.
También y sin saber si lo recibiría envió un mensaje a la única persona
que lo estaba esperando.
_
Amada Amy, he viajado toda mi vida persiguiendo lo desconocido. He dado mi vida
por mi país y por la ciencia. Conocerte fue mi mayor descubrimiento. Lamento no
haber dedicado suficiente tiempo para que supieras cuanto te amo. Lamento no
cumplir las promesas que te hice. Lamento también el no poder regresar a la
Tierra. Solo quiero que sepas que siempre estarás en mis pensamientos. Te amaré
por siempre.
John permanecía postrado en un pozo de fango para perdurar más tiempo
vivo, mientras enseñaba a Pkcrit y a los más despiertos amplios conocimientos
de biología, física y astronomía. Incluso a cómo continuar usando los
transmisores. Su vida se estaba apagando y dentro del fango falleció, después
de veinte años fuera de su planeta. Pkirt conmovido por la muerte de su amigo,
lo hundió por completo dentro de la fosa de fango y ahí permaneció como un
objeto más de valor dentro de la cueva. Por poseer más conocimientos sobre las
cuevas quedó a cargo de los equipos y de supervisar la cueva de la Vida que ya
emitía un aire más fresco e iba refrescando aún más la caverna.
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lunes, 7 de marzo de 2016
Aferrado
Escrita en junio 2015
La infructuosa tragedia permanecía en la habitación de Gustavo. La lucha
campal de dos energías, que aplicaban la misma fuerza a un mismo cuerpo, se
disputaban quien quedaría vencedora.
Tres meses y dos días de sufrimiento ante la partida de Yuleini con otro
hombre fueron suficientes para poner fin a su mal. Ese día lluvioso se recostó
en la cama mientras contemplaba el gris del cielo por los agujeros del techo.
Recordaba los buenos momentos vividos con ella y su promesa de amor eterno
frustrada por la llegada de un extraño al vecindario.
Bajo la cama guardaba los requerimientos mínimos para que la muerte viniera
por él. Nunca imaginó que esa hora fuera tan dolorosa, tan angustiante. La
espera no era fugaz, podría perdurar minutos, horas, dependiendo de la táctica
usada. Había practicado muchas veces ese nudo. Era perfecto, sin fallas y con
seguridad le rompería el cuello. Algo fallaba entonces, estaba aferrado con sus
dedos a la vida. En ese momento no quería morir, luchó amarrado por una hora
suspendido de la viga del techo de madera y zinc. Lo único que pudo hacer fue
dejarse llevar por sus pensamientos.
_ ¿Oh muerte, por qué no me
llevaste cuando Yuleiny se fue? ¿Querías hacerme padecer? Un segundo bastaba
para que mi alma no se contuviera y se entregara a ti. Con un mínimo empujón hubiese
muerto de dolor, de amor, de odio. No siento lo mismo ahora, ¡al diablo ella y
su amante! Lo que quiero es que te alejes de mí y aflojes esta cuerda.
Con la piel blanquecina y los labios morados trataba con desesperación de
soltar el nudo que tenía ajustado al cuello, en su primer intento por abandonar
su estado carnal. Sus manos, desesperadas, se movían alrededor de la soga,
tratando de encontrar donde desamarrarlo, mientras sus pies de puntillas, danzaban
un baile ruso, suspendidos en el aire.
Llovía y las goteras mojaban su larga cabellera rizada, lluvia que al
descender se hizo una con la orina que mojó sus pantalones de kaki.
La agonía terminó cuando Chencho -su hermano- entró en la habitación y lo
desató.
_ ¿Y tu qué hacías ahí colgado, te
querías morir?
_ No, yo sólo intentaba vivir.
























