Escrita en julio 2015
José partió con el alma en un frasco y el pueblo volvió a la normalidad. En
el camino presenció un accidente donde una madre resultó herida al salvar a su
hijo de una gran caída. La subió a su automóvil y los condujo al hospital.
_ Usted tiene un gran corazón. -
dijo la agradecida madre.
_ Pero ya no tengo alma.
_ ¿Qué es el alma señor? -
preguntó el niño.
_ Algo que todos deben tener.
_ ¿Y dónde está la mía?-preguntó
el niño tocando su cuerpo.
_ Es invisible.
_ ¿Y para qué sirve?
_ No preguntes tanto hijo.
_ Tampoco lo sé, creo que para
después que mueres.
_ No entiendo. ¿Si es para después
que mueres por qué se preocupa ahora que sigue
vivo?
_ No soy aceptado por la gente.
_ Yo tampoco, porque tengo una
pierna de madera. A mi madre le falta una oreja.
_ Pareces ser un buen hombre. Quédese
con nosotros. – dijo la mujer.
La falta de alma había cambiado de significado. Ya no era un inconveniente,
ahora era una ventaja para permanecer y ser parte de una familia que lo aceptaría
con cualquier diferencia.
Durante mucho tiempo los acompañó a recorrer caminos
inciertos hasta que se establecieron. Nunca más escuchó de nadie discriminarlo
por su carencia.
Una mañana sacó el frasco que siempre llevaba consigo y al ver que ya no la
necesitaría le dijo:
_ Vuela libre alma mía, ve a donde
quieras.
El humo blanco ascendió lentamente frente a él y se disipó. Su alma ahora
libre voló al viento para conocer la verdadera libertad.



0 comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por leer mis historias. Deja un comentario.