martes, 4 de octubre de 2016

El hombre sin alma. Parte final

Escrita en julio 2015



José partió con el alma en un frasco y el pueblo volvió a la normalidad. En el camino presenció un accidente donde una madre resultó herida al salvar a su hijo de una gran caída. La subió a su automóvil y los condujo al hospital.

_ Usted tiene un gran corazón. - dijo la agradecida madre.

_ Pero ya no tengo alma.

_ ¿Qué es el alma señor? - preguntó el niño.

_ Algo que todos deben tener.

_ ¿Y dónde está la mía?-preguntó el niño tocando su cuerpo.

_ Es invisible.

_ ¿Y para qué sirve?

_ No preguntes tanto hijo.

_ Tampoco lo sé, creo que para después que mueres.

_ No entiendo. ¿Si es para después que mueres por qué se preocupa ahora que sigue 
vivo?

_ No soy aceptado por la gente.

_ Yo tampoco, porque tengo una pierna de madera. A mi madre le falta una oreja.

_ Pareces ser un buen hombre. Quédese con nosotros. – dijo la mujer.

La falta de alma había cambiado de significado. Ya no era un inconveniente, ahora era una ventaja para permanecer y ser parte de una familia que lo aceptaría con cualquier diferencia. 

Durante mucho tiempo los acompañó a recorrer caminos inciertos hasta que se establecieron. Nunca más escuchó de nadie discriminarlo por su carencia.

Una mañana sacó el frasco que siempre llevaba consigo y al ver que ya no la necesitaría le dijo:

_ Vuela libre alma mía, ve a donde quieras.

El humo blanco ascendió lentamente frente a él y se disipó. Su alma ahora libre voló al viento para conocer la verdadera libertad.




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