El Mar

Un día diferente en la vida de Yeyo lo llevó a disfrutar el lado dulce de su amarga vida.

Apostando Al Milagro

¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?

150 Grados

John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.

Reserva Especial

El amor puede manifestarse de muchas maneras.

El Resguardo

Nunca hables con extraños en lugares desconocidos.

Ella

La mujer que todos quisieron.

El domador de leones

El miedo se enfrenta en algún momento.

El camino que lleva al fondo

Los polos semejantes se atraen.

Aferrado

¿Oh muerte, por qué no me llevaste cuando Yuleiny se fue?

El Niño Perdido

La lúgubre celda guarda el alma de un niño

La Dichosa y Cruel Filiberta

"Ella debe tener algún embrujo que la quiere viuda".

La Silla

" Hay cosas que sólo se ven desde La Silla".

Las Lenguas Muertas de Doña Pura

" Para quien quiera sacar sus demonios".

El niño con voz de Jilguero

"Canta mi niño, canta".

Porque mañana llega Angela

"Manaña llega Ángela... – suspiró el alcalde".

La casa viviente

"'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa"".

Mayflower

"'La magia no está en las cosas"".

El hombre sin alma

¿Y ahora qué hago sin alma?

24 horas por morir

La puerta que nunca cierra no tiene dolientes; y lo peor, es que ella lo sabe.

sábado, 27 de febrero de 2016

Pulicaciones

Hola lectores. Agradeciendo hayan leido mis cuentos les presento la lista de lo publicado hasta el día de hoy. Espero les haya gustado. Mis agradecimientos.


Apostando al Milagro - Partes: 1 al 7

150 grados/ - Partes 1 al 7

El Resguardo

El Mar

Reserva Especial

Ella

El Domador de leones

El camino que lleva al fondo

150 grados - Séptima parte.

Escrita en Diciembre – 2009 y Abril – 2015

Séptima parte.




El sargento Smith logró hacer las reparaciones de la nave en el tiempo estipulado y junto a Muller esperaron con ansias la llegada del KKS12 a la órbita marciana. En la Tierra los ojos del mundo entero estaban puestos sobre ese hecho tan esperado por 5 años. El satélite ruso, que ya tenía siete años en el espacio, era monitoreado por la estación Pravmov en las colinas Humedovich.

Iniciando el proceso de despegue el Phoenix presentó algunos problemas por sobrepeso y parte de la cápsula para almacenaje fue desensamblada al igual que muchos equipos que ya no necesitarían para llegar hasta la órbita marciana. Luego del tercer intento por ascender, y ya en contacto con el KKS12, el Phoenix arrancó y ascendió sin problemas, logrando bajar velocidad al entrar a la órbita marciana. Una vez divisaron al satélite ruso procedieron a hacer el contacto directo  y ensamblar la nave a una de las entradas por medio de un pasillo rémora que se adhirió al ser disparado desde el satélite hasta la nave. Smith y Muller lograron trasladarse por el corredor. Esta información fue divulgada por la estación rusa para el mundo entero. Ambos tripulantes estaban en buenas condiciones. Estarían en el KKS12 hasta que la misión se completara en unos seis meses más y aterrizarán en la estación Pravmov.

_ “Como un aporte del gobierno ruso, nuestra tripulación fue rescatada por su satélite y estarán de vuelta para junio de este año. Felizmente pronto los tendremos en casa. Le reportó la sargento Gray”.

A su salida de las instalaciones principales le esperaba Amy Strongharm, esperanzada por conocer buenas noticias también sobre su esposo.

_ ¿Alguna novedad con el caso de mi esposo sgto?

_ El veredicto no ha cambiado. Su caso ha sido declarado perdido en acción.

_ ¡John no está muerto, usted lo sabe! –le reclamó la afligida esposa.

_ Tranquilícese señora, el asunto es delicado.

_ ¡No me quedaré de brazos cruzados mientras ustedes lo dan por muerto!

_ Créame que lo lamento mucho, él fue un excelente compañero y amigo.

Amy partió cabizbaja pasando en medio de las otras esposas y familiares que celebraban la recuperación de sus cónyuges después de cinco años de espera. Su esposo había dado toda su vida al servicio de los viajes de exploración y la búsqueda de evidencias galácticas. Había sacrificado su mujer y sus dos hijos con su ausencia por años. Y ahora no volvería a la Tierra por un asunto de presupuesto. Amy sentía que eso no era lo justo para alguien tan entregado a su oficio. Durante los siguientes meses participó en marchas frente al congreso para pedir que su esposo volviera a casa, sin lograr grandes expectativas. La gente estuvo enfocada solamente en la llegada de los sobrevivientes y eso era suficiente por el momento.

Comenzando el 2001 en la base rusa aterrizó el KKS12, junto a ellos los tripulantes americanos del Phoenix. Poco tiempo después de ser examinados fueron trasladados a su país, para rendir la información con carácter confidencial, de todo lo que sucedió y lo que vieron y cuales cosas podían decirle a los medios cuando fueran entrevistados. El aspecto físico de los astronautas era normal aunque delgados, pero el lado psicológico fue parcialmente afectado. No dormían, alucinaban, lloraban y desarrollaron un cuadro sicótico que requirió su internamiento en un centro hospitalario.

Apostando Al Milagro. - Séptima Parte.

Escrita en Mayo – 2009.

Séptima parte 1.




Cada mes aparecían casos más complicados que los anteriores y el caso de don Goyo era uno de ellos. La tuberculosis estaba matándolo y lo había dejado postrado en una cama. No podía asistir a la iglesia así que junto a algunos feligreses fueron a hacerle la visita. La casa estaba sucia y no había que comer. El anciano era atendido por una hija que en ocasiones la poseía el mal. Por lo menos lo intentaría, quizás su poder persuasivo lo podría influenciar.

_ ¿Cómo te sientes mijo?

_ Ahora mejor que lo veo Santo -dijo el señor mientras tosía constantemente.

_ ¿Por qué no comes?

_ Una fuerza no quiere que lo haga. –respondió el anciano tendido en una litera con olor a muerte.

_ Voy a orar por ti para que esa fuerza del demonio se vaya.

En silencio hizo la oración, luego ordenó a las feligreses que limpiaran el lugar; llenaron de comida la alacena y el señor ingirió bocado de la mano del Santo. Mejoró por unos días pero luego falleció. Su cuerpo estaba demasiado demacrado. Cuando Euraclio lo supo lloró. Era la primera vez que lo hacía. Su madre al verlo no lo creía.

_ ¿Qué te pasa mijo? ¿Te estas ablandando ahora?

_ Ese anciano me recordó al padre que no tuve.

_ Tú y tus babosadas. Nunca necesitaste un padre –le aseguró.

_ Voy a orar por su alma. Déjame solo.

Doña Amalia salió de la habitación y se dirigió hacia las canastas de las ofrendas. El Padre Graciano la observó vaciar el falso fondo de éstas.

_ ¡Sabía que algo aquí estaba raro! Estos dos están compuestos -dijo para sí el cura.

Fue de prisa a la habitación de Euraclio y abrió repentinamente la puerta sin haberla tocado antes. Su deseo de reclamarle al Santo se deshizo cuando lo encontró de rodillas orando a Dios, bañado en lágrimas por la muerte del anciano. Cerró la puerta sin decir palabras, esperaría un mejor momento para hablarle.

Al día siguiente el Santo salió muy temprano y se dirigió a la casa del tuberculoso. Llevó su cuerpo a la iglesia y allí misas en descanso de su alma fueron realizadas. Fue enterrado en el cementerio del pueblo. Ahora solamente quedaba un problema: La poseída.

_ ¿Qué tu está pensando? ¿Te harás cargo de una loca?

_ Voy a sacarle el maligno.

_ ¿Cómo le vas a hacer?!si sabes bien que eres un farsante tú, un charlatán!

_ Yo veré que hago madre.

Hizo varios intentos y fracasaba en todos ellos. Por más que pensaba y pensaba no lograba llegar a una conclusión. Una tarde cercano a la vieja casa de su madre encontró una pieza que le haría cambiar su manera de sanar. La guardó en su bata y de vez en cuando la frotaba dentro del bolsillo. Mandó llamar a la poseída a la iglesia. Tuvieron que empujar la gente para que ésta pudiera entrar. Esa tarde la virgen lloró después de mucho tiempo.

_ Te invoco maligno, sal de este cuerpo - la mujer empezó a revolcarse en el suelo.

Sin ser visto y como buen jugador de cartas sacó el mate ardiendo de su bolsillo y lo puso en la frente de la mujer, tapándolo con la palma de su mano. El calor de la semilla quemó la frente de la mujer y la sangre empezó a fluir de su nariz. La gente la rodeaba creyendo que esa sangre era el Espíritu que había salido. Hasta la misma mujer se sintió mejor después que la expulsó. Y a partir de ese momento no volvió a tener episodios malignos. Se integró a la iglesia encargándose de la limpieza y el cuidado del jardín. Euraclio se sintió recompensado, porque por lo menos a la ex posesa pudo salvar aunque no a su padre.

Cada día el santo se veía más triste. El Padre Graciano lo observaba en silencio. Una mañana de diciembre se enteró del nacimiento del niño de la estéril. Sus ojos llovieron lágrimas de alegría al saber que su primogénito había nacido. Fue a casa de los esposos y lo vio.  En ese momento su corazón se llenó de remordimiento. No quería que su hijo llevara por las venas la ambición desmedida de su padre, y tampoco que creyera que él era un Santo y lo venerara. Nunca había hecho nada bueno, solo vivió de los más débiles de espíritu. Partió sin decir palabras y se dirigió a la casa de su madre. La encontró sentada en la cama contando dinero.

_ ¿Madrecita, tienes buena vida eh?

_ Gracias a ti mijo y tus ideas.

_ ¿No te retumban los sesos?

_  Para nada, siempre tuve falta de dinerito y ahora es mi turno. ¿Y a ti que te sucede? Te dije que te estabas ablandando. ¡Eres un blandengue bueno para nada, comienzas una cosa y no la terminas!

_ Sabes algo, esta vez la voy a terminar.

Salió cabizbajo de la casa de su madre y regresó a su habitación donde permaneció por siete días encerrado sin probar bocado.






No te pierdas la octava parte de esta interesante historia..........

El camino que lleva al fondo

Escrita en julio 2015






La bondadosa Minerva quiso ir al fondo a recobrar a su malvado marido muerto a destiempo.

_ ¿Acaso no te cansaste de tantos malos tratos que él te dio? – preguntó Ramira.

_ Sé que lo podía cambiar. Con bondad lo haría regenerarse.

_ ¿Eres masoquista? Ese tipo es tan malo que ni el demonio lo querría.

_ ¿Crees que si voy  a buscarlo me lo devuelvan? – cuestionó esperanzada.

_ No sé. Ve a la Avenida de la Maldad donde murió y baja las escaleras hasta el fondo.

Con cansados pasos recorriendo dos mil trescientos escalones llegó hasta el fuego ardiente que nunca se apagaba siendo interceptada por dos demonios.

_ No puedes estar aquí. Los buenos no entran. – masculló un demonio.

_ Busco a mi marido. Murió ayer de un disparo en la avenida.

_ Si está aquí no saldrá. Sólo los malos viven en el fondo.

_ No me iré sin él, estoy segura que lo puedo cambiar y ser un hombre de bien.

_ ¿Cambiarlo? – preguntó el demonio. Hagamos una apuesta. Te lo devuelvo y si en un año no lo has cambiado tomaré su alma e iré por ti.

_ Es un trato.

Fueron muchos los esfuerzos de Minerva por entrar en razón, cordura y obediencia a Joselo. Su bondad y sobreprotección lo tenían asfixiado. Para huir de ella él salió a la calle y cometió la primera fechoría que tuvo a la mano, evento en el que murió enviándolo directo al fondo.

_ Viniste más rápido de lo que pensaba. –rio el demonio.

_ Tanta bondad me cansó, me sentía malo al lado de ella.

_ Gané la apuesta y voy a cobrarla.

_ ¿Cuál apuesta?

_ Si ella no te cambiaba vendría al fondo junto contigo.

_ No, eso no. No la soportaría aquí también.

_ Nunca imaginé que le temieras tanto al bien. – argumentó sorprendido.

_ Soy malo porque quiero. Nadie cambiará eso.

_ Estás en tu casa. ¡Nos mereces!

_ ¿Y qué harán con ella? ¿Le impedirán el paso?

_ No. Iré a buscar lo que me pertenece. –dijo el demonio.

Sin mucho esperar fue el demonio vestido de hombre a buscar lo que ganó.

_ Minerva aquí estoy. ¡Dame lo que me debes!

Al ver la mujer que del fondo le habían enviado a otro hombre, más apuesto que su marido aunque más malo decidió tomar medidas más desesperadas. Clausuró todas las puertas y ventanas y le impidió la salida para que no pudiera escaparse.

_ ¡Estás loca mujer! Déjame salir o te mataré y te llevaré al fondo conmigo.

_ Para que quieres ir al fondo si aquí estamos bien amor. Déjame consentirte.

_ ¿Consentirme? Bueno, esa emoción no la he sentido. Vamos a probar. Eso sí, no me empalagues como a Joselo.

_ Lo prometo, solo sigue malo.

_ Eres malvada mujer, ¡me mereces!


Y así el bien y el mal vivieron felices por siempre, sin bajar los escalones que conducían al fondo. 

sábado, 20 de febrero de 2016

El domador de leones

Escrita en junio 2015



_ ¡Salta león! –decía el domador mientras plasmaba un latigazo correctivo sobre su amaestrada fiera.

El público aplaudía todas las peripecias que este hombre le había enseñado al león traído hacía ocho años del África.

El animal siempre respondía fielmente a las peticiones de su amo hasta que llegó el momento del salto a través del aro de fuego. La carpa estaba a plaza llena, todos admirados esperaban el gran momento en que Sansón volara por los aires y traspasara el objeto en llamas. Redoblaron los tambores y posándose sobre una base redonda de muchos colores la fiera miró fijamente el aro sintiendo temor de lo que habría detrás del fuego.

_ ¡Sansón, Sansón! – gritaba el público.

_ ¡Vamos animal cobarde! –le pegó su domador con el látigo por segunda vez.

Sansón se puso en posición de ataque y de un sólo intento atravesó el fuego saliendo ileso. La multitud estaba de pie admirando tal proeza.

El domador subió a la base multicolor, para desde allí ser aplaudido por la multitud que le rendía pleitesía. Desde esa altura observó el aro de fuego y no pudo comprender lo que comenzaba a sentir.

A través de las llamas la fiera vio a su presa subida sobre la base, y con igual agilidad saltó nuevamente venciendo el obstáculo, cayendo encima de su amo, al que le destrozó la mano que todavía empuñaba el látigo. Auxiliado por sus compañeros el domador se levantó y miró fijamente al león y dijo:


_ Sansón me ha traspasado sus miedos. Ya sé cómo se siente esperar lo inesperado, al traspasar el aro hacia lo desconocido.

Apostando al milagro. Sexta parte

Escrita en Mayo – 2009



Era la mañana del lunes cuando el Padre Graciano llamó a la puerta de Euraclio para desayunar.

_ Muchacho despierta.

Tocó la puerta tres veces y nadie respondió. Caminó por el patio hasta salir a la calle y encontró al joven junto a la multitud, besando niños y riendo con los desamparados. Su rostro se notaba diferente. Lucía calmado como si nada le perturbara.

_ ¿Hijo qué haces? Ven aquí.

_ Padrecito,  mire cuánta gente hay afuera. Déjelos entrar a la iglesia.

_  Necesitas comer algo primero, ven y después hablamos.

_ No quiero nada Padrecito, estoy bien. Solo quiero orar. Abra las puertas.

El Padre se emocionó al oír esto tuvo sus dudas sobre si estaba realmente delante de un Santo. Euraclio había puesto la carnada y todos a excepción de su madre tenían clavado el anzuelo. En un área con capacidad para 100 personas entraron 300. Todos oraban. El calor se sentía fuertemente en el lugar: uno por personas que estaban allí agolpadas y otro por los velones encendidos. Ese era uno de los artículos de mayor consumo en el pueblo últimamente.

_ Es increíble que un pueblo tan incrédulo que nunca había venido a la iglesia en los veinticinco años que tengo aquí, este tan necesitado de la ayuda del Señor -expresó el cura.

Euraclio ahora Santo solamente oraba o por lo menos fingía orar. Maquinaba, cómo le iba a hacer con toda esa gente. Se quitó responsabilidad diciendo que él no era un Santo, era sólo un instrumento de Dios. Llegado el momento se armó de valor y decidió vivir de nuevo la experiencia del río. Se levantó del suelo y se volvió hacia la multitud. Allí vio a un hombre inválido: tenía sus dos piernas sanas pero un día a raíz de un trauma dejó de caminar. Por más médicos que visitó en la ciudad no logró ponerse de pie.

_ Hermano, levántate y camina -le ordenó al desdichado.

El hombre apoyó sus manos con fuerza sobre la silla de madera en que lo llevaron y se levantó. Cayó al instante al suelo y le volvió a ordenar que se levantara en nombre del Señor. Milagrosamente el hombre se agarró de la silla de nuevo y se levantó. Ayudado por sus familiares pudo dar sus primeros pasos en muchos años. La alegría y el júbilo se sintieron en el lugar. Las señoras cantaban al Señor con un coro ya organizado.



*  *  *

Cada semana la iglesia se colmaba de más y más personas, en más de una ocasión le hicieron ofrendas muy valiosas tanto a la iglesia como a Euraclio y su madre. Uno de los ganaderos regaló al Santo una casa que este cedió a su madre para que la habitara.

No siempre se efectuaban sanaciones en el lugar. Antes de los milagros doña Amalia debía averiguar las vidas de los feligreses a sanar, y junto a su hijo los escogían. Era casi seguro que irían a la iglesia a pedir ser sanados.

El mes siguiente un viernes cualquiera apareció una mujer muy hermosa en la misa de las siete. Euraclio se quedó maravillado por la belleza de la visitante.

_ ¿Y tu mija, a qué has venido?

_ Necesito un milagro, Santo.

_ Limpiaré tu cuerpo para que tu vientre de frutos.

_ Amén, Santo.

El Santo ya sabía cuál era el verdadero problema de ésta mujer. Se había casado con un hombre treinta años mayor que ella, un anciano que ya no era capaz de engendrar. Esto imposibilitaba que ella se embarazara, unido a su ansiedad de ser madre. Llegada a sus cuarenta sentía el deseo y no perdía las esperanzas de darle un hijo a su esposo. Por unos minutos pasó la mano por el vientre de la mujer y le dijo:

_ Ve a tu casa y acuéstate. Pide al Señor durante toda la noche.

Cada quince días se hacía una sanación. En la iglesia el Padre no sabía qué hacer con tantas ofrendas. Hasta el púlpito fue remodelado y se compró la casa de al lado para extender el área religiosa. Allí se daban los catecismos y se hacían retiros espirituales. Estaban la cocina y algunas habitaciones donde el Santo dormía.

Una noche muy tarde la mujer que recibió el milagro llegó a esa casa y tocó la habitación del Santo.

_ Santo, perdóneme que le moleste.

_ ¿Qué puedo hacer por ti mija?

_ He orado todos estos días y no he salido embarazada aún.

Los ojos de Euraclio brillaron pero no por emoción sino por picardía.

_ El Señor limpió tu vientre, pero te falta sembrar la semillita.

La mujer estaba confundida y en cierto modo emocionada. Parecía que el Santo la estuviera escogiendo para ser la madre de su santito.

_ ¿Va a ser hijo de mi esposo?

_ Claro mija, pero el Señor deberá ahora abonar el terreno. ¿Me entiendes?

_ Santo, gracias por ayudarme.

_ Ven mija entra a la habitación.

Era la primera vez en muchos meses después que Irene lo dejó por otro que Euraclio estaba con una mujer. Al amanecer la señora salió de habitación y se marchó a su casa, diciendo a su marido que estaba en un retiro orando para salir embarazada y así fue. Al cabo de unos meses la señora ya tenía una barriga y su esposo estaba tan contento que entregó al Santo un pequeño terreno con unas cabezas de ganado. Doña Amalia y su hijo reían a carcajadas. Ya tenían dinero, casa, bienes pero aún querían más.




No te pierdas la continuación de esta fantástica historia....

150 grados. Sexta parte.

Escrita en Diciembre – 2009 y Abril – 2015

Sexta parte.




Cuando la tormenta cesó, algunos de los alienígenas fueron a inspeccionar el área exterior notando que no quedaba más que hierro fundido y lava, todo lo que formaba el suelo había desaparecido, los pozos de lodo - su alimento - ya no estaban, ni tampoco las rocas alucinógenas, mucho menos las rocas rojizas de luz. Lo había devorado todo y pasaron a ser parte del agujero negro. Si los fenómenos seguían ocurriendo llegarían hasta la caverna y la destruirían como hicieron con el exterior. Y más aún su temperatura sería tan alta que morirían calcinados sin poder escapar. Esa preocupación lo motivó a inspeccionar las áreas prohibidas de la caverna. Ni siquiera los vigilantes sabían que velaban ahí. Por generaciones en generaciones todos nacieron y crecieron con esa cueva cerrada ante la amenaza de que si entraban morirían.

John alejó a otros compartimientos de la caverna a todos los colonos e hizo algunos análisis abriendo primero un pequeño agujero en las paredes para ver si salía algún humo o contaminante que produjera alguna enfermedad. Su olfato ya no era muy bueno pero lo que percibió no le dio ninguna señal de alarma. Un grupo de tres alienígenas comenzó a derribar las piedras que impedían la entrada a la primera cueva. Al abrirla encontraron grandes cantidades de equipos, partes de naves y muchísimos aparatos de navegación. Él fue el primero en entrar e inspeccionar todos los objetos encontrados. Habían dibujos de los exploradores estelares que llegaron a través del agujero de gusano, el mismo que arrojó a John de Marte al planetoide. También grabados en las paredes de cómo viajaron de galaxia en galaxia buscando planetas habitables y las bitácoras escritas de toda su historia y las muertes de los tripulantes de la nave Excelsior, que había viajado después de los primeros expedicionarios al planeta Tierra. Eran parte de los migrantes rezagados que viajaron buscando La Tierra, pero no llegaron. Habían habitado en otros planetas por corto tiempo, en otras galaxias hasta ser atrapados por ese agujero de gusano que los confinó a vivir en el planetoide que ellos llamaron Exodus.

El medio ambiente fue deformando sus cuerpos y se internaron en las cuevas. Para poder adaptarse debían desprenderse de los equipos que ya no usarían y por eso lo catalogaron de prohibidos, para preservarlos intactos. Muchos murieron, otros sobrevivieron y finalmente fueron reproduciéndose y adaptándose al medio en que vivieron por siglos. John quedó asombrado de lo que leyó en los escritos en lengua muerta.

_ ¡Son humanos! –se dijo. !Evolucionaron!

Empezó a inspeccionar fijamente a Pkcrit por todos los lados, provocando la algarabía entre los alienígenas que no comprendían su emoción. John los abrazaba y bailoteó a alguno de ellos. Poco más tarde entristeció al darse cuenta que con el tiempo, él seguiría transformando su cuerpo hasta perder su lenguaje, su postura homínida, sus recuerdos, a Amy, hasta convertirse en criatura también.

_ Oh Amy, no querrás verme así. Estoy mutando…


Con tres años allí ya conocía el lenguaje nasal, y se había acostumbrado a sus hábitos sin dificultad. Cada día entraba a  la cueva a estudiar las piezas y partes de naves, y los materiales en que estaban hechos para tener una idea de cómo viajaron de galaxia en galaxia, ya que según lo que vio no se propulsaban con combustible sino con una especie de batería energética que se descargó con el tiempo. Entre los equipos de transmisión habían algunos que podrían utilizarse si lograba repararlos y enviar mensajes al espacio exterior.



No te pierdas la continuación de esta increíble historia.

miércoles, 10 de febrero de 2016

150 Grados. - Quinta parte

Escrita en Diciembre – 2009 y Abril – 2015


Quinta parte.-




Mediante un comunicado a la base de la Florida, el Congreso anunció la negación de un nuevo presupuesto para otra expedición antes de los siguientes diez años, debido a las dificultades económicas que atravesaba el país en esos momentos. Con esta información ponían fin a las esperanzas de los astronautas y de sus familias para reunificarse nuevamente. Al hacerse eco en las noticias y medios informáticos internacionales, el gobierno ruso expresó su solidaridad y puso a su disposición el programa RUSSSAT12, donde uno de sus satélites –el KKS12- con dos integrantes a bordo pasaría cerca de la órbita marciana en unos dos años aproximadamente. Si los astronautas alcanzaran a este satélite en la órbita marciana podría estar más cerca su regreso a la Tierra. Aunque lejana, era una noticia que daba una esperanza. Restaba tratar de comunicarse nuevamente con el Phoenix en Marte para presentarles la propuesta. La transmisión de mensajes fueron interrumpidos por las ondas magnéticas de un asteroide que se acercaba amenazante a la zona oscura.

El doctor Marinez falleció repentinamente a consecuencia de una falla cardíaca. Tenía implantado un catéter magnético que dejó de funcionar por la influencia del asteroide. Este aparato ayudaba a mantener su corazón bombeando, hasta que empezó a alterar su ritmo cardíaco y se detuvo provocando la pérdida de flujo sanguíneo.

Muller y Smith inspeccionaron todos los hangares hasta encontrar equipos o herramientas que le permitieran restablecer la comunicación. Parte de esas piezas podrían encontrarse a un rango de veinte kilómetros de distancia. Tardaron casi un año en conseguir conectarse nuevamente y captar cualquier señal viviente cercana a ellos. El KKS12 envió el mensaje diariamente hasta que Phoenix contestara, recibiendo confirmación. Estos le indicaron en cuáles coordenadas y cuándo estarían sobrevolando la órbita marciana en la parte iluminada.

Contentos por la noticia de que alguien más se preocupaba por ellos, pero también preocupados porque ignoraban si el Phoenix podría encender y no explosionar en el intento comenzaron a hacer ensayos. Sus paneles aunque reparados mostraban la temperatura aumentar súbitamente. Podría desmoronarse en el espacio apenas comenzara a ascender. Debían asegurarse que la nave funcionara y sólo quedaban seis meses para repararla con lo que tuvieran y hacer el intento de partir a casa.

Apostando Al Milagro. - Quinta Parte.

Escrita en Mayo – 2009




_ ¡Dame lo que me toca desgracimado.

_ ¡Toma! y esto es el principio, seremos ricos.

_ ¡Tanto! Yo sabía que un día harías algo útil.

_ Lo sé madrecita.

Euraclio entregó el dinero a su madre y empezó a planear el próximo paso; ya tenía la iglesia muchos feligreses fijos, las ofrendas estaban funcionando y la virgen continuaba llorando. El día que lo hacía se corría la voz y más gente del pueblo acudían a verla y a pedir milagros. Eso faltaba en el pueblo: un milagro.

Cada tarde la catequesis era enseñada a un grupo de sesenta personas entre grandes y chicos incluyendo a doña Amalia. Pasó un mes y la señora ya se estaba impacientando.

_ ¿Qué es lo que tanto piensas? –preguntó a su hijo. Mira que eso pone loco a los muchachos. Ya casi no te veo en las mañanas, ni siquiera en la iglesia.

_ Estoy pensando el próximo paso madre. Si no me has visto últimamente es que estoy practicando.

_ ¿Entonces para cuándo será?

_ Para el día del bautizo.

Salió de casa de su madre y entró a la parroquia y allí estaba el Padre tomando los datos de algunos de los futuros bautizados. A cada uno de ellos le pidió que escribieran el nombre de sus padrinos y madrinas.

_ Padrecito ¿Cómo le va?

_ Te esperaba Euraclio. Lléname esta forma para el archivo de bautizados.

_ No lo sé hacer Padrecito.

_ ¿Y por qué no, hijo?

_ Es que no sé de letra.

_ Bueno, déjame ayudarte. Comencemos. Dame tu nombre.

_ Euraclio Santaolea.

_ ¿El apellido de tu madre?

_ Si.

_ ¿Y el de tu padre?

_ Nunca conocí a mi papá. Mi madrecita sólo lo vio una vez.

_ ¿Cuándo naciste?

_ El veinticinco de diciembre de 1963.

_ Cumplirás treinta y tres años este diciembre.

_ Exactamente padrecito.

El cura se quedó observando fijamente el rostro de Euraclio: alto, blanco, flacuchento, demacrado, bigotes, barba y cabello más largos de lo aceptado, y unos profundos ojos negros que le daban un celaje misterioso al muchacho.

_ ¿A qué te dedicabas antes de venir al pueblo?

_ Yo trabajaba en una fábrica. Me botaron porque mi mujer me engañó con uno de mis jefes. Por eso dejé el pueblo y busqué a mi madrecita.

_ ¡Es una lástima! ¿Ya escogiste padrinos?

_ No conozco a nadie en el pueblo.

_ No te preocupes, yo te buscaré a alguien.

_ Gracias Padrecito, usted es un buen amigo.

_ Gracias a ti también hijo, desde que llegaste Dios ha iluminado esta iglesia. Te puedo asegurar que en algunos momentos me decepcioné al ver tanta gente atea.

_ Voy a trabajar para que venga mucha a la iglesia.

_ Me agrada oírte hablar así muchacho. Cuando te vi por primera vez creí que eras otro incrédulo más.

_ Yo creo en la virgen y en Jesús

_ Haz entrar al próximo, todavía me quedan muchas fichas por llenar.

Durante las clases de la catequesis Euraclio fue uno de los mejores estudiantes. De espíritu inquieto, hacía preguntas y aprendía con mucha facilidad. El día especial se acercaba y todo ya estaba preparado. Días previos al bautizo el Padre Graciano le dijo que no se preocupara por adornar la iglesia para ese día, porque había recibido permiso de sus superiores para celebrar el acto en el río Adón, ya que eran demasiadas personas para bautizar y junto a los feligreses que vivían prácticamente en la iglesia venerando a la virgen iban a destruir la casa de Dios.

Llevaba meses preparándose para el momento. Doña Amalia llena de ansiedad se comía las uñas por temor a que algo saliera mal y su hijo tan calmado, como si hubiese engañado al mundo desde que nació.

Por fin llego el día, a todos los bautizados le colocaron una bata blanca. Una larga fila de ahijados y padrinos se hizo. A lo ancho le rodeaban familiares y personas del pueblo. El sacerdote fue llamando cada uno de los bautizados haciéndoles las mismas preguntas, luego entraban al río y mojaban su frente con agua corriente. Uno a uno fue llamado hasta llegar a Euraclio. El día estaba soleado y el río brillante.

_ ¿Aceptas al Señor como tu Salvador?¿Crees que Jesús fue engendrado, no creado, que viene del Padre,….etc?

Cuando Euraclio entró al agua una paloma blanca voló no se sabe de dónde y se posó sobre su cabeza.

_ ¡Es el Espíritu Santo! -gritó su madre.

Las personas empezaron a arrodillarse.

_ Es el enviado del Señor- decían otros.

La gente se volvió loca. Todos querían entrar al agua. La paloma voló y cuando Euraclio levantó sus ojos mirando al cielo su cabeza se iluminó reflejando el sol como un aura en su cabello. En ese momento el Padre Graciano cayó de rodillas al igual que cientos de pueblerinos.

_ ¡Cúrame, por favor Santo! -dijo un enfermo.

Euraclio no sabía qué hacer, lo tocó y el hombre salió sano: esa fue su primera sanación. Nadó río adentro para no ser aplastado por la multitud y llegó al otro lado. Corrió directo hacia la iglesia y se encerró en su angosta habitación. El milagro había sobrepasado sus expectativas. No esperaba tal avalancha humana, solo quería emocionar un poco al pueblo.

_ Todos los que no pudieron ser bautizados los dejaremos pendientes -dijo el Padre.

La multitud corrió hacia la iglesia y las señoras cantaban al Señor como si fuera una procesión. En la iglesia las campanas no repicaron y las puertas permanecieron cerradas luego de sacar a los fervientes de la virgen. El Padre llegó acompañado de doña Amalia.

_ Primero la virgen y luego tú ¿Quieres decirme qué es lo que sucede?

_ No sé lo que está pasando Padrecito, yo nunca fui a la iglesia y ahora me siento diferente desde que vine al pueblo.

Doña Amalia besaba las manos de su hijo.

_ Mijo esta bendecido Padrecito –expresó la señora emocionada.

_ Esto nunca lo había presenciado en mi vida –dijo el Padre. Vamos a ver cómo calmamos a la multitud. No salgas de tu habitación por hoy, no quiero que te lastimen.

_ ¡Queremos ver al Santo! -gritaban.

Aunque les ordenó que se fueran, los fervientes feligreses encendieron velas y colocaron flores en frente de la iglesia y allí permanecieron días hasta ver al Santo otra vez.

_ Mijo, soy yo, déjame entrar.

_ No mamita hoy no. Mañana.

Doña Amalia se fue en la tarde a su casa saliendo por el patio de la iglesia. No entendía por qué si todo había salido tan bien, su vástago se sentía tan mal.

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