Apostando Al Milagro
¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?
150 Grados
John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.
sábado, 27 de febrero de 2016
Pulicaciones
Hola lectores. Agradeciendo hayan leido mis cuentos les presento la lista de lo publicado hasta el día de hoy. Espero les haya gustado. Mis agradecimientos.
Apostando al Milagro - Partes: 1 al 7
150 grados/ - Partes 1 al 7
El Resguardo
El Mar
Reserva Especial
Ella
El Domador de leones
El camino que lleva al fondo
150 grados - Séptima parte.
Escrita en Diciembre – 2009 y Abril – 2015
Séptima parte.
El sargento Smith logró hacer las reparaciones de la
nave en el tiempo estipulado y junto a Muller esperaron con ansias la llegada
del KKS12 a la órbita marciana. En la Tierra los ojos del mundo entero estaban
puestos sobre ese hecho tan esperado por 5 años. El satélite ruso, que ya tenía
siete años en el espacio, era monitoreado por la estación Pravmov en las
colinas Humedovich.
Iniciando el proceso de despegue el Phoenix presentó
algunos problemas por sobrepeso y parte de la cápsula para almacenaje fue desensamblada
al igual que muchos equipos que ya no necesitarían para llegar hasta la órbita
marciana. Luego del tercer intento por ascender, y ya en contacto con el KKS12,
el Phoenix arrancó y ascendió sin problemas, logrando bajar velocidad al entrar
a la órbita marciana. Una vez divisaron al satélite ruso procedieron a hacer el
contacto directo y ensamblar la nave a
una de las entradas por medio de un pasillo rémora que se adhirió al ser
disparado desde el satélite hasta la nave. Smith y Muller lograron trasladarse
por el corredor. Esta información fue divulgada por la estación rusa para el
mundo entero. Ambos tripulantes estaban en buenas condiciones. Estarían en el
KKS12 hasta que la misión se completara en unos seis meses más y aterrizarán en
la estación Pravmov.
_ “Como un
aporte del gobierno ruso, nuestra tripulación fue rescatada por su satélite y
estarán de vuelta para junio de este año. Felizmente pronto los tendremos en
casa. Le reportó la sargento Gray”.
A su salida de las instalaciones principales le
esperaba Amy Strongharm, esperanzada por conocer buenas noticias también sobre
su esposo.
_ ¿Alguna
novedad con el caso de mi esposo sgto?
_ El veredicto
no ha cambiado. Su caso ha sido declarado perdido en acción.
_ ¡John no
está muerto, usted lo sabe! –le reclamó la afligida esposa.
_
Tranquilícese señora, el asunto es delicado.
_ ¡No me
quedaré de brazos cruzados mientras ustedes lo dan por muerto!
_ Créame que
lo lamento mucho, él fue un excelente compañero y amigo.
Amy partió cabizbaja pasando en medio de las otras
esposas y familiares que celebraban la recuperación de sus cónyuges después de
cinco años de espera. Su esposo había dado toda su vida al servicio de los
viajes de exploración y la búsqueda de evidencias galácticas. Había sacrificado
su mujer y sus dos hijos con su ausencia por años. Y ahora no volvería a la Tierra
por un asunto de presupuesto. Amy sentía que eso no era lo justo para alguien
tan entregado a su oficio. Durante los siguientes meses participó en marchas frente
al congreso para pedir que su esposo volviera a casa, sin lograr grandes
expectativas. La gente estuvo enfocada solamente en la llegada de los sobrevivientes
y eso era suficiente por el momento.
Comenzando el 2001 en la base rusa aterrizó el KKS12, junto
a ellos los tripulantes americanos del Phoenix. Poco tiempo después de ser
examinados fueron trasladados a su país, para rendir la información con
carácter confidencial, de todo lo que sucedió y lo que vieron y cuales cosas
podían decirle a los medios cuando fueran entrevistados. El aspecto físico de
los astronautas era normal aunque delgados, pero el lado psicológico fue
parcialmente afectado. No dormían, alucinaban, lloraban y desarrollaron un
cuadro sicótico que requirió su internamiento en un centro hospitalario.
Apostando Al Milagro. - Séptima Parte.
Escrita en Mayo – 2009.
Séptima parte 1.
Cada mes aparecían casos más
complicados que los anteriores y el caso de don Goyo era uno de ellos. La
tuberculosis estaba matándolo y lo había dejado postrado en una cama. No podía
asistir a la iglesia así que junto a algunos feligreses fueron a hacerle la
visita. La casa estaba sucia y no había que comer. El anciano era atendido por
una hija que en ocasiones la poseía el mal. Por lo menos lo intentaría, quizás
su poder persuasivo lo podría influenciar.
_ ¿Cómo te
sientes mijo?
_ Ahora mejor
que lo veo Santo -dijo el señor mientras tosía constantemente.
_ ¿Por qué no
comes?
_ Una fuerza
no quiere que lo haga. –respondió el anciano tendido en una litera con olor a
muerte.
_ Voy a orar
por ti para que esa fuerza del demonio se vaya.
En silencio hizo la oración, luego
ordenó a las feligreses que limpiaran el lugar; llenaron de comida la alacena y
el señor ingirió bocado de la mano del Santo. Mejoró por unos días pero luego
falleció. Su cuerpo estaba demasiado demacrado. Cuando Euraclio lo supo lloró.
Era la primera vez que lo hacía. Su madre al verlo no lo creía.
_ ¿Qué te pasa
mijo? ¿Te estas ablandando ahora?
_ Ese anciano
me recordó al padre que no tuve.
_ Tú y tus babosadas.
Nunca necesitaste un padre –le aseguró.
_ Voy a orar por
su alma. Déjame solo.
Doña Amalia salió de la habitación y
se dirigió hacia las canastas de las ofrendas. El Padre Graciano la observó
vaciar el falso fondo de éstas.
_ ¡Sabía que
algo aquí estaba raro! Estos dos están compuestos -dijo para sí el cura.
Fue de prisa a la habitación de
Euraclio y abrió repentinamente la puerta sin haberla tocado antes. Su deseo de
reclamarle al Santo se deshizo cuando lo encontró de rodillas orando a Dios,
bañado en lágrimas por la muerte del anciano. Cerró la puerta sin decir
palabras, esperaría un mejor momento para hablarle.
Al día siguiente el Santo salió muy
temprano y se dirigió a la casa del tuberculoso. Llevó su cuerpo a la iglesia y
allí misas en descanso de su alma fueron realizadas. Fue enterrado en el cementerio
del pueblo. Ahora solamente quedaba un problema: La poseída.
_ ¿Qué tu está
pensando? ¿Te harás cargo de una loca?
_ Voy a
sacarle el maligno.
_ ¿Cómo le vas
a hacer?!si sabes bien que eres un farsante tú, un charlatán!
_ Yo veré que
hago madre.
Hizo varios intentos y fracasaba en
todos ellos. Por más que pensaba y pensaba no lograba llegar a una conclusión.
Una tarde cercano a la vieja casa de su madre encontró una pieza que le haría
cambiar su manera de sanar. La guardó en su bata y de vez en cuando la frotaba
dentro del bolsillo. Mandó llamar a la poseída a la iglesia. Tuvieron que
empujar la gente para que ésta pudiera entrar. Esa tarde la virgen lloró
después de mucho tiempo.
_ Te invoco
maligno, sal de este cuerpo - la mujer empezó a revolcarse en el suelo.
Sin ser visto y como buen jugador de
cartas sacó el mate ardiendo de su bolsillo y lo puso en la frente de la mujer,
tapándolo con la palma de su mano. El calor de la semilla quemó la frente de la
mujer y la sangre empezó a fluir de su nariz. La gente la rodeaba creyendo que
esa sangre era el Espíritu que había salido. Hasta la misma mujer se sintió
mejor después que la expulsó. Y a partir de ese momento no volvió a tener
episodios malignos. Se integró a la iglesia encargándose de la limpieza y el
cuidado del jardín. Euraclio se sintió recompensado, porque por lo menos a la
ex posesa pudo salvar aunque no a su padre.
Cada día el santo se veía más
triste. El Padre Graciano lo observaba en silencio. Una mañana de diciembre se
enteró del nacimiento del niño de la estéril. Sus ojos llovieron lágrimas de
alegría al saber que su primogénito había nacido. Fue a casa de los esposos y
lo vio. En ese momento su corazón se
llenó de remordimiento. No quería que su hijo llevara por las venas la ambición
desmedida de su padre, y tampoco que creyera que él era un Santo y lo venerara.
Nunca había hecho nada bueno, solo vivió de los más débiles de espíritu. Partió
sin decir palabras y se dirigió a la casa de su madre. La encontró sentada en
la cama contando dinero.
_ ¿Madrecita,
tienes buena vida eh?
_ Gracias a ti
mijo y tus ideas.
_ ¿No te retumban
los sesos?
_ Para nada, siempre tuve falta de dinerito y
ahora es mi turno. ¿Y a ti que te sucede? Te dije que te estabas ablandando. ¡Eres
un blandengue bueno para nada, comienzas una cosa y no la terminas!
_ Sabes algo,
esta vez la voy a terminar.
Salió cabizbajo de la casa de su
madre y regresó a su habitación donde permaneció por siete días encerrado sin
probar bocado.
No te pierdas la octava parte de esta interesante historia..........
El camino que lleva al fondo
Escrita en julio 2015
La bondadosa Minerva quiso ir al fondo a recobrar a su malvado marido
muerto a destiempo.
_ ¿Acaso no te cansaste de tantos
malos tratos que él te dio? – preguntó Ramira.
_ Sé que lo podía cambiar. Con
bondad lo haría regenerarse.
_ ¿Eres masoquista? Ese tipo es
tan malo que ni el demonio lo querría.
_ ¿Crees que si voy a buscarlo me lo devuelvan? – cuestionó
esperanzada.
_ No sé. Ve a la Avenida de la Maldad
donde murió y baja las escaleras hasta el fondo.
Con cansados pasos recorriendo dos mil trescientos escalones llegó hasta el
fuego ardiente que nunca se apagaba siendo interceptada por dos demonios.
_ No puedes estar aquí. Los buenos
no entran. – masculló un demonio.
_ Busco a mi marido. Murió ayer de
un disparo en la avenida.
_ Si está aquí no saldrá. Sólo los
malos viven en el fondo.
_ No me iré sin él, estoy segura
que lo puedo cambiar y ser un hombre de bien.
_ ¿Cambiarlo? – preguntó el
demonio. Hagamos una apuesta. Te lo devuelvo y si en un año no lo has cambiado tomaré
su alma e iré por ti.
_ Es un trato.
Fueron muchos los esfuerzos de Minerva por entrar en razón, cordura y obediencia
a Joselo. Su bondad y sobreprotección lo tenían asfixiado. Para huir de ella él
salió a la calle y cometió la primera fechoría que tuvo a la mano, evento en el
que murió enviándolo directo al fondo.
_ Viniste más rápido de lo que
pensaba. –rio el demonio.
_ Tanta bondad me cansó, me sentía
malo al lado de ella.
_ Gané la apuesta y voy a
cobrarla.
_ ¿Cuál apuesta?
_ Si ella no te cambiaba vendría
al fondo junto contigo.
_ No, eso no. No la soportaría
aquí también.
_ Nunca imaginé que le temieras
tanto al bien. – argumentó sorprendido.
_ Soy malo porque quiero. Nadie cambiará
eso.
_ Estás en tu casa. ¡Nos mereces!
_ ¿Y qué harán con ella? ¿Le
impedirán el paso?
_ No. Iré a buscar lo que me
pertenece. –dijo el demonio.
Sin mucho esperar fue el demonio vestido de hombre a buscar lo que ganó.
_ Minerva aquí estoy. ¡Dame lo que
me debes!
Al ver la mujer que del fondo le habían enviado a otro hombre, más apuesto
que su marido aunque más malo decidió tomar medidas más desesperadas. Clausuró
todas las puertas y ventanas y le impidió la salida para que no pudiera
escaparse.
_ ¡Estás loca mujer! Déjame salir
o te mataré y te llevaré al fondo conmigo.
_ Para que quieres ir al fondo si
aquí estamos bien amor. Déjame consentirte.
_ ¿Consentirme? Bueno, esa emoción
no la he sentido. Vamos a probar. Eso sí, no me empalagues como a Joselo.
_ Lo prometo, solo sigue malo.
_ Eres malvada mujer, ¡me mereces!
Y así el bien y el mal vivieron felices por siempre, sin bajar los
escalones que conducían al fondo.
sábado, 20 de febrero de 2016
El domador de leones
Escrita en junio 2015
_ ¡Salta león! –decía el domador
mientras plasmaba un latigazo correctivo sobre su amaestrada fiera.
El público aplaudía todas las peripecias que este hombre le había enseñado
al león traído hacía ocho años del África.
El animal siempre respondía fielmente a las peticiones de su amo hasta que
llegó el momento del salto a través del aro de fuego. La carpa estaba a plaza
llena, todos admirados esperaban el gran momento en que Sansón volara por los
aires y traspasara el objeto en llamas. Redoblaron los tambores y posándose
sobre una base redonda de muchos colores la fiera miró fijamente el aro
sintiendo temor de lo que habría detrás del fuego.
_ ¡Sansón, Sansón! – gritaba el público.
_ ¡Vamos animal cobarde! –le pegó
su domador con el látigo por segunda vez.
Sansón se puso en posición de ataque y de un sólo intento atravesó el fuego
saliendo ileso. La multitud estaba de pie admirando tal proeza.
El domador subió a la base multicolor, para desde allí ser aplaudido por la
multitud que le rendía pleitesía. Desde esa altura observó el aro de fuego y no
pudo comprender lo que comenzaba a sentir.
A través de las llamas la fiera vio a su presa subida sobre la base, y con
igual agilidad saltó nuevamente venciendo el obstáculo, cayendo encima de su
amo, al que le destrozó la mano que todavía empuñaba el látigo. Auxiliado por
sus compañeros el domador se levantó y miró fijamente al león y dijo:
_ Sansón me ha traspasado sus
miedos. Ya sé cómo se siente esperar lo inesperado, al traspasar el aro hacia
lo desconocido.
Apostando al milagro. Sexta parte
Escrita en Mayo – 2009
Era la mañana del lunes cuando el
Padre Graciano llamó a la puerta de Euraclio para desayunar.
_ Muchacho despierta.
Tocó la puerta tres veces y nadie
respondió. Caminó por el patio hasta salir a la calle y encontró al joven junto
a la multitud, besando niños y riendo con los desamparados. Su rostro se notaba
diferente. Lucía calmado como si nada le perturbara.
_ ¿Hijo qué
haces? Ven aquí.
_ Padrecito, mire cuánta gente hay afuera. Déjelos entrar a
la iglesia.
_ Necesitas comer algo primero, ven y después
hablamos.
_ No quiero nada
Padrecito, estoy bien. Solo quiero orar. Abra las puertas.
El Padre se emocionó al oír esto
tuvo sus dudas sobre si estaba realmente delante de un Santo. Euraclio había
puesto la carnada y todos a excepción de su madre tenían clavado el anzuelo. En
un área con capacidad para 100 personas entraron 300. Todos oraban. El calor se
sentía fuertemente en el lugar: uno por personas que estaban allí agolpadas y
otro por los velones encendidos. Ese era uno de los artículos de mayor consumo
en el pueblo últimamente.
_ Es increíble
que un pueblo tan incrédulo que nunca había venido a la iglesia en los
veinticinco años que tengo aquí, este tan necesitado de la ayuda del Señor -expresó
el cura.
Euraclio ahora Santo solamente oraba
o por lo menos fingía orar. Maquinaba, cómo le iba a hacer con toda esa gente.
Se quitó responsabilidad diciendo que él no era un Santo, era sólo un
instrumento de Dios. Llegado el momento se armó de valor y decidió vivir de
nuevo la experiencia del río. Se levantó del suelo y se volvió hacia la multitud.
Allí vio a un hombre inválido: tenía sus dos piernas sanas pero un día a raíz
de un trauma dejó de caminar. Por más médicos que visitó en la ciudad no logró
ponerse de pie.
_ Hermano,
levántate y camina -le ordenó al desdichado.
El hombre apoyó sus manos con fuerza
sobre la silla de madera en que lo llevaron y se levantó. Cayó al instante al
suelo y le volvió a ordenar que se levantara en nombre del Señor.
Milagrosamente el hombre se agarró de la silla de nuevo y se levantó. Ayudado
por sus familiares pudo dar sus primeros pasos en muchos años. La alegría y el
júbilo se sintieron en el lugar. Las señoras cantaban al Señor con un coro ya
organizado.
* * *
Cada semana la iglesia se colmaba de
más y más personas, en más de una ocasión le hicieron ofrendas muy valiosas
tanto a la iglesia como a Euraclio y su madre. Uno de los ganaderos regaló al
Santo una casa que este cedió a su madre para que la habitara.
No siempre se efectuaban sanaciones
en el lugar. Antes de los milagros doña Amalia debía averiguar las vidas de los
feligreses a sanar, y junto a su hijo los escogían. Era casi seguro que irían a
la iglesia a pedir ser sanados.
El mes siguiente un viernes
cualquiera apareció una mujer muy hermosa en la misa de las siete. Euraclio se
quedó maravillado por la belleza de la visitante.
_ ¿Y tu mija,
a qué has venido?
_ Necesito un
milagro, Santo.
_ Limpiaré tu
cuerpo para que tu vientre de frutos.
_ Amén, Santo.
El Santo ya sabía cuál era el
verdadero problema de ésta mujer. Se había casado con un hombre treinta años
mayor que ella, un anciano que ya no era capaz de engendrar. Esto
imposibilitaba que ella se embarazara, unido a su ansiedad de ser madre.
Llegada a sus cuarenta sentía el deseo y no perdía las esperanzas de darle un
hijo a su esposo. Por unos minutos pasó la mano por el vientre de la mujer y le
dijo:
_ Ve a tu casa
y acuéstate. Pide al Señor durante toda la noche.
Cada quince días se hacía una
sanación. En la iglesia el Padre no sabía qué hacer con tantas ofrendas. Hasta
el púlpito fue remodelado y se compró la casa de al lado para extender el área
religiosa. Allí se daban los catecismos y se hacían retiros espirituales.
Estaban la cocina y algunas habitaciones donde el Santo dormía.
Una noche muy tarde la mujer que
recibió el milagro llegó a esa casa y tocó la habitación del Santo.
_ Santo,
perdóneme que le moleste.
_ ¿Qué puedo
hacer por ti mija?
_ He orado
todos estos días y no he salido embarazada aún.
Los ojos de Euraclio brillaron pero
no por emoción sino por picardía.
_ El Señor
limpió tu vientre, pero te falta sembrar la semillita.
La mujer estaba confundida y en
cierto modo emocionada. Parecía que el Santo la estuviera escogiendo para ser
la madre de su santito.
_ ¿Va a ser
hijo de mi esposo?
_ Claro mija,
pero el Señor deberá ahora abonar el terreno. ¿Me entiendes?
_ Santo,
gracias por ayudarme.
_ Ven mija
entra a la habitación.
Era la primera vez en muchos meses
después que Irene lo dejó por otro que Euraclio estaba con una mujer. Al
amanecer la señora salió de habitación y se marchó a su casa, diciendo a su
marido que estaba en un retiro orando para salir embarazada y así fue. Al cabo
de unos meses la señora ya tenía una barriga y su esposo estaba tan contento
que entregó al Santo un pequeño terreno con unas cabezas de ganado. Doña Amalia
y su hijo reían a carcajadas. Ya tenían dinero, casa, bienes pero aún querían
más.
No te pierdas la continuación de esta fantástica historia....
150 grados. Sexta parte.
Escrita
en Diciembre – 2009 y Abril – 2015
Sexta parte.
Cuando la tormenta cesó, algunos de los alienígenas
fueron a inspeccionar el área exterior notando que no quedaba más que hierro
fundido y lava, todo lo que formaba el suelo había desaparecido, los pozos de
lodo - su alimento - ya no estaban, ni tampoco las rocas alucinógenas, mucho menos
las rocas rojizas de luz. Lo había devorado todo y pasaron a ser parte del
agujero negro. Si los fenómenos seguían ocurriendo llegarían hasta la caverna y
la destruirían como hicieron con el exterior. Y más aún su temperatura sería
tan alta que morirían calcinados sin poder escapar. Esa preocupación lo motivó
a inspeccionar las áreas prohibidas de la caverna. Ni siquiera los vigilantes
sabían que velaban ahí. Por generaciones en generaciones todos nacieron y
crecieron con esa cueva cerrada ante la amenaza de que si entraban morirían.
John alejó a otros compartimientos de la caverna a
todos los colonos e hizo algunos análisis abriendo primero un pequeño agujero
en las paredes para ver si salía algún humo o contaminante que produjera alguna
enfermedad. Su olfato ya no era muy bueno pero lo que percibió no le dio
ninguna señal de alarma. Un grupo de tres alienígenas comenzó a derribar las
piedras que impedían la entrada a la primera cueva. Al abrirla encontraron
grandes cantidades de equipos, partes de naves y muchísimos aparatos de
navegación. Él fue el primero en entrar e inspeccionar todos los objetos
encontrados. Habían dibujos de los exploradores estelares que llegaron a través
del agujero de gusano, el mismo que arrojó a John de Marte al planetoide.
También grabados en las paredes de cómo viajaron de galaxia en galaxia buscando
planetas habitables y las bitácoras escritas de toda su historia y las muertes
de los tripulantes de la nave Excelsior, que había viajado después de los
primeros expedicionarios al planeta Tierra. Eran parte de los migrantes
rezagados que viajaron buscando La Tierra, pero no llegaron. Habían habitado en
otros planetas por corto tiempo, en otras galaxias hasta ser atrapados por ese
agujero de gusano que los confinó a vivir en el planetoide que ellos llamaron
Exodus.
El medio ambiente fue deformando sus cuerpos y se
internaron en las cuevas. Para poder adaptarse debían desprenderse de los
equipos que ya no usarían y por eso lo catalogaron de prohibidos, para
preservarlos intactos. Muchos murieron, otros sobrevivieron y finalmente fueron
reproduciéndose y adaptándose al medio en que vivieron por siglos. John quedó
asombrado de lo que leyó en los escritos en lengua muerta.
_ ¡Son
humanos! –se dijo. !Evolucionaron!
Empezó a inspeccionar fijamente a Pkcrit por todos los
lados, provocando la algarabía entre los alienígenas que no comprendían su
emoción. John los abrazaba y bailoteó a alguno de ellos. Poco más tarde
entristeció al darse cuenta que con el tiempo, él seguiría transformando su
cuerpo hasta perder su lenguaje, su postura homínida, sus recuerdos, a Amy,
hasta convertirse en criatura también.
_ Oh Amy, no
querrás verme así. Estoy mutando…
Con tres años allí ya conocía el lenguaje nasal, y se
había acostumbrado a sus hábitos sin dificultad. Cada día entraba a la cueva a estudiar las piezas y partes de
naves, y los materiales en que estaban hechos para tener una idea de cómo
viajaron de galaxia en galaxia, ya que según lo que vio no se propulsaban con
combustible sino con una especie de batería energética que se descargó con el
tiempo. Entre los equipos de transmisión habían algunos que podrían utilizarse
si lograba repararlos y enviar mensajes al espacio exterior.
No te pierdas la continuación de esta increíble historia.
miércoles, 10 de febrero de 2016
150 Grados. - Quinta parte
Escrita en Diciembre – 2009 y Abril – 2015
Quinta parte.-
Mediante un comunicado a la base de la Florida, el Congreso
anunció la negación de un nuevo presupuesto para otra expedición antes de los
siguientes diez años, debido a las dificultades económicas que atravesaba el
país en esos momentos. Con esta información ponían fin a las esperanzas de los
astronautas y de sus familias para reunificarse nuevamente. Al hacerse eco en
las noticias y medios informáticos internacionales, el gobierno ruso expresó su
solidaridad y puso a su disposición el programa RUSSSAT12, donde uno de sus
satélites –el KKS12- con dos integrantes a bordo pasaría cerca de la órbita
marciana en unos dos años aproximadamente. Si los astronautas alcanzaran a este
satélite en la órbita marciana podría estar más cerca su regreso a la Tierra.
Aunque lejana, era una noticia que daba una esperanza. Restaba tratar de
comunicarse nuevamente con el Phoenix en Marte para presentarles la propuesta. La
transmisión de mensajes fueron interrumpidos por las ondas magnéticas de un
asteroide que se acercaba amenazante a la zona oscura.
El doctor Marinez falleció repentinamente a
consecuencia de una falla cardíaca. Tenía implantado un catéter magnético que
dejó de funcionar por la influencia del asteroide. Este aparato ayudaba a
mantener su corazón bombeando, hasta que empezó a alterar su ritmo cardíaco y
se detuvo provocando la pérdida de flujo sanguíneo.
Muller y Smith inspeccionaron todos los hangares hasta
encontrar equipos o herramientas que le permitieran restablecer la
comunicación. Parte de esas piezas podrían encontrarse a un rango de veinte
kilómetros de distancia. Tardaron casi un año en conseguir conectarse
nuevamente y captar cualquier señal viviente cercana a ellos. El KKS12 envió el
mensaje diariamente hasta que Phoenix contestara, recibiendo confirmación.
Estos le indicaron en cuáles coordenadas y cuándo estarían sobrevolando la
órbita marciana en la parte iluminada.
Contentos por la noticia de que alguien más se
preocupaba por ellos, pero también preocupados porque ignoraban si el Phoenix
podría encender y no explosionar en el intento comenzaron a hacer ensayos. Sus
paneles aunque reparados mostraban la temperatura aumentar súbitamente. Podría desmoronarse
en el espacio apenas comenzara a ascender. Debían asegurarse que la nave
funcionara y sólo quedaban seis meses para repararla con lo que tuvieran y
hacer el intento de partir a casa.
Apostando Al Milagro. - Quinta Parte.
Escrita en Mayo – 2009
_ ¡Dame lo que
me toca desgracimado.
_ ¡Toma! y
esto es el principio, seremos ricos.
_ ¡Tanto! Yo
sabía que un día harías algo útil.
_ Lo sé madrecita.
Euraclio entregó el dinero a su
madre y empezó a planear el próximo paso; ya tenía la iglesia muchos feligreses
fijos, las ofrendas estaban funcionando y la virgen continuaba llorando. El día
que lo hacía se corría la voz y más gente del pueblo acudían a verla y a pedir
milagros. Eso faltaba en el pueblo: un milagro.
Cada tarde la catequesis era
enseñada a un grupo de sesenta personas entre grandes y chicos incluyendo a
doña Amalia. Pasó un mes y la señora ya se estaba impacientando.
_ ¿Qué es lo
que tanto piensas? –preguntó a su hijo. Mira que eso pone loco a los muchachos.
Ya casi no te veo en las mañanas, ni siquiera en la iglesia.
_ Estoy pensando
el próximo paso madre. Si no me has visto últimamente es que estoy practicando.
_ ¿Entonces
para cuándo será?
_ Para el día
del bautizo.
Salió de casa de su madre y entró a
la parroquia y allí estaba el Padre tomando los datos de algunos de los futuros
bautizados. A cada uno de ellos le pidió que escribieran el nombre de sus
padrinos y madrinas.
_ Padrecito
¿Cómo le va?
_ Te esperaba
Euraclio. Lléname esta forma para el archivo de bautizados.
_ No lo sé hacer
Padrecito.
_ ¿Y por qué
no, hijo?
_ Es que no sé
de letra.
_ Bueno,
déjame ayudarte. Comencemos. Dame tu nombre.
_ Euraclio Santaolea.
_ ¿El apellido
de tu madre?
_ Si.
_ ¿Y el de tu
padre?
_ Nunca conocí
a mi papá. Mi madrecita sólo lo vio una vez.
_ ¿Cuándo
naciste?
_ El
veinticinco de diciembre de 1963.
_ Cumplirás
treinta y tres años este diciembre.
_ Exactamente padrecito.
El cura se quedó observando
fijamente el rostro de Euraclio: alto, blanco, flacuchento, demacrado, bigotes,
barba y cabello más largos de lo aceptado, y unos profundos ojos negros que le
daban un celaje misterioso al muchacho.
_ ¿A qué te
dedicabas antes de venir al pueblo?
_ Yo trabajaba
en una fábrica. Me botaron porque mi mujer me engañó con uno de mis jefes. Por
eso dejé el pueblo y busqué a mi madrecita.
_ ¡Es una
lástima! ¿Ya escogiste padrinos?
_ No conozco a
nadie en el pueblo.
_ No te
preocupes, yo te buscaré a alguien.
_ Gracias Padrecito,
usted es un buen amigo.
_ Gracias a ti
también hijo, desde que llegaste Dios ha iluminado esta iglesia. Te puedo
asegurar que en algunos momentos me decepcioné al ver tanta gente atea.
_ Voy a trabajar
para que venga mucha a la iglesia.
_ Me agrada
oírte hablar así muchacho. Cuando te vi por primera vez creí que eras otro
incrédulo más.
_ Yo creo en
la virgen y en Jesús
_ Haz entrar
al próximo, todavía me quedan muchas fichas por llenar.
Durante las clases de la catequesis
Euraclio fue uno de los mejores estudiantes. De espíritu inquieto, hacía
preguntas y aprendía con mucha facilidad. El día especial se acercaba y todo ya
estaba preparado. Días previos al bautizo el Padre Graciano le dijo que no se preocupara
por adornar la iglesia para ese día, porque había recibido permiso de sus
superiores para celebrar el acto en el río Adón, ya que eran demasiadas
personas para bautizar y junto a los feligreses que vivían prácticamente en la
iglesia venerando a la virgen iban a destruir la casa de Dios.
Llevaba meses preparándose para el
momento. Doña Amalia llena de ansiedad se comía las uñas por temor a que algo
saliera mal y su hijo tan calmado, como si hubiese engañado al mundo desde que
nació.
Por fin llego el día, a todos los
bautizados le colocaron una bata blanca. Una larga fila de ahijados y padrinos
se hizo. A lo ancho le rodeaban familiares y personas del pueblo. El sacerdote
fue llamando cada uno de los bautizados haciéndoles las mismas preguntas, luego
entraban al río y mojaban su frente con agua corriente. Uno a uno fue llamado
hasta llegar a Euraclio. El día estaba soleado y el río brillante.
_
¿Aceptas al Señor como tu Salvador?¿Crees que Jesús fue engendrado, no creado,
que viene del Padre,….etc?
Cuando Euraclio entró al agua una
paloma blanca voló no se sabe de dónde y se posó sobre su cabeza.
_
¡Es el Espíritu Santo! -gritó su madre.
Las personas empezaron a
arrodillarse.
_ Es el
enviado del Señor- decían otros.
La gente se volvió loca. Todos
querían entrar al agua. La paloma voló y cuando Euraclio levantó sus ojos
mirando al cielo su cabeza se iluminó reflejando el sol como un aura en su
cabello. En ese momento el Padre Graciano cayó de rodillas al igual que cientos
de pueblerinos.
_
¡Cúrame, por favor Santo! -dijo un enfermo.
Euraclio no sabía qué hacer, lo tocó
y el hombre salió sano: esa fue su primera sanación. Nadó río adentro para no
ser aplastado por la multitud y llegó al otro lado. Corrió directo hacia la
iglesia y se encerró en su angosta habitación. El milagro había sobrepasado sus
expectativas. No esperaba tal avalancha humana, solo quería emocionar un poco
al pueblo.
_
Todos los que no pudieron ser bautizados los dejaremos pendientes -dijo el
Padre.
La multitud corrió hacia la iglesia
y las señoras cantaban al Señor como si fuera una procesión. En la iglesia las
campanas no repicaron y las puertas permanecieron cerradas luego de sacar a los
fervientes de la virgen. El Padre llegó acompañado de doña Amalia.
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Primero la virgen y luego tú ¿Quieres decirme qué es lo que sucede?
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No sé lo que está pasando Padrecito, yo nunca fui a la iglesia y ahora me
siento diferente desde que vine al pueblo.
Doña Amalia besaba las manos de su
hijo.
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Mijo esta bendecido Padrecito –expresó la señora emocionada.
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Esto nunca lo había presenciado en mi vida –dijo el Padre. Vamos a ver cómo
calmamos a la multitud. No salgas de tu habitación por hoy, no quiero que te
lastimen.
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¡Queremos ver al Santo! -gritaban.
Aunque les ordenó que se fueran, los
fervientes feligreses encendieron velas y colocaron flores en frente de la
iglesia y allí permanecieron días hasta ver al Santo otra vez.
_
Mijo, soy yo, déjame entrar.
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No mamita hoy no. Mañana.
Doña Amalia se fue en la tarde a su
casa saliendo por el patio de la iglesia. No entendía por qué si todo había
salido tan bien, su vástago se sentía tan mal.




























