viernes, 15 de abril de 2016

Apostando al Milagro. Final.

Escrita en Mayo – 2009




El pueblo de “Las Cruces” estaba a ciento sesenta kilómetros de “El Mamey”. El viaje era largo y pesado y más con el cadáver de doña Amalia a cuestas. Aunque el Padre Cástulo, jefe inmediato, no entendió bien las razones de Simón, dio su permiso para que el cura viajara. Una camioneta abierta atrás trasladaba el féretro donde reposaba doña Amalia. Nadie en El Mamey se dio cuenta, ni siquiera los feligreses. El viaje parecía más bien una de las tantas actividades eclesiásticas acostumbradas. Partieron bien temprano, casi al amanecer y llegaron a las cuatro de la tarde.

Directo a la iglesia “Sor Juana de Las Cruces” se dirigió el cura. Entraron el féretro por el patio, ya que la iglesia estaba llena de feligreses. Allí habló con el Padre Amado quien lo llevó hasta la habitación del Padre Graciano que tomaba una siesta, no tenía ya fuerzas para dormirse en su vieja silla como acostumbraba. Le contó sobre doña Amalia y aunque no le dijo lo de la confesión, si dio a conocer el paradero del cuerpo de Euraclio y el arrepentimiento de su madre. El Padre Graciano ya no contaba con muchas fuerzas, pero para enterrar a un hijo sacaría de donde no tenía. Acompañados por el Padre Amado quien ya conocía la historia y escuchó en más de una ocasión de los milagros que después de muerto el Santo hacía, fueron junto al jefe municipal del pueblo y algunos ayudantes a la vieja casucha de doña Amalia.

Tumbaron el techo, las paredes, y hoyaron el piso de tierra que cubría el cuerpo del Santo envuelto en sábanas y colocado dentro de un saco. Ya no quedaba mucho de su esqueleto. Tomaron los restos y lo depositaron en un féretro. Fueron a la iglesia a oficiar una misa por las dos almas, dando tiempo a que la tumba fuera cavada. La noche llegó y la luna llena iluminó el cementerio. Los cuerpos fueron colocados juntos uno al lado del otro, rezando una inscripción sobre su lápida:


Aquí reposan los restos de una madre y su hijo
Almas atormentadas que fueron liberadas por el Señor.
Paz a sus restos. Abril/01/2006



A pesar de que todo el mundo supo la verdad sobre Euraclio Santaolea y su madre, el pueblo siguió creyendo en él, y lo veneraron como “El Santo” por todos los milagros que después de su muerte siguieron sucediendo.

Todavía hoy, una luz de velón se mantiene encendida en su morada de “Las Cruces”.



FIN


0 comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por leer mis historias. Deja un comentario.

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More