El Mar

Un día diferente en la vida de Yeyo lo llevó a disfrutar el lado dulce de su amarga vida.

Apostando Al Milagro

¿Serán simples mentiras o milagros las de un pueblo necesitado de alimentar su fe?

150 Grados

John, perdido en un planetoide de otra galaxia busca durante años el modo de retornar a casa.

Reserva Especial

El amor puede manifestarse de muchas maneras.

El Resguardo

Nunca hables con extraños en lugares desconocidos.

Ella

La mujer que todos quisieron.

El domador de leones

El miedo se enfrenta en algún momento.

El camino que lleva al fondo

Los polos semejantes se atraen.

Aferrado

¿Oh muerte, por qué no me llevaste cuando Yuleiny se fue?

El Niño Perdido

La lúgubre celda guarda el alma de un niño

La Dichosa y Cruel Filiberta

"Ella debe tener algún embrujo que la quiere viuda".

La Silla

" Hay cosas que sólo se ven desde La Silla".

Las Lenguas Muertas de Doña Pura

" Para quien quiera sacar sus demonios".

El niño con voz de Jilguero

"Canta mi niño, canta".

Porque mañana llega Angela

"Manaña llega Ángela... – suspiró el alcalde".

La casa viviente

"'Una noche bastó para no querer regresar a esa casa"".

Mayflower

"'La magia no está en las cosas"".

El hombre sin alma

¿Y ahora qué hago sin alma?

24 horas por morir

La puerta que nunca cierra no tiene dolientes; y lo peor, es que ella lo sabe.

martes, 22 de noviembre de 2016

24 horas por morir. Tercera parte



A las dos de la mañana todo parecía tranquilo. Nochebuena pasó sin notarse en este edificio. No hubo fiestas, ni olor a cerdo horneado y mucho menos el pase de cena como acostumbran los vecinos del edificio vecino.

Cada noche, Helenita la dueña del 3B, sacaba a los perros a hacer sus necesidades a la mata de mango. Ésta española solitaria de mediana edad vivía alejada de todo contacto con sus vecinos. No tenía hijos ni esposo, su única compañía eran Cachy y Dolchy: dos pomeranias dorados de hermoso pelaje y de apetito delicado. Esa vez uno de sus pequeños de 2 años tuvo malestares estomacales; amarró su plateado cabello con una pañoleta de ramos, vistió una bata y pantuflas y bajó a sus perros a limpiar sus estómagos por segunda vez. Aprovechó y agarró su cajetilla de cigarrillos para fumar unos cuantos, mientras esperaba que sus perros terminaran. El doctor le aconsejó no fumar, debido a su problema bronquial, pero siempre llevaba algunos escondidos en los bolsillos de su ropa. Puso los collares a Cachy y Dolchy y bajaron, dejando que como siempre ellos husmeen debajo de la escalera, antes de santiguar con orina la puerta de cristal que nunca cierra.

_ ¿Qué pasa Dolchy? – gritaba Helenita mientras sostenía en sus labios el cigarrillo consumido hasta la mitad al escuchar uno de sus perros ladrar insistentemente.

_ ¡Dolchy, Cachy vengan acá! -les ordenó con firmeza.

Los perros aparecieron entre la oscuridad junto a sus pies y arañaron su bata violeta.

_ ¿Te sigue doliendo la barriga? - preguntó a su perra.

Los canes corrieron nuevamente y ella los siguió hasta la mata de mango donde tropezó en la oscuridad.

_ ¿Qué  hay aquí? – cogió sus fósforos y rasgó uno de ellos dejando ver lo que estaba ante sus pies.

_ ¡Señor, señor! ¡No se mueve!

La asustada mujer les puso las correas nuevamente y entró a la recepción apagando su cigarrillo con la piel de cristal diariamente lastimada de la puerta subiendo las escaleras sin alertar a nadie. Dentro, se sentó en su sofá frente al televisor. Miraba el teléfono, aunque no estaba segura de a quien llamar, si a la policía o a la ambulancia. Mujer de carácter huraño, no quería estar implicada en ninguna investigación o declaración.

-¡Hola!, es una emergencia, hay un hombre tirado en mi residencial. Lo moví pero no responde. No, no lo conozco. Yo solo bajé a mis perros y me tropecé con él. No, no sé si esta borracho o herido.

Era una noche larga y ajetreada para el personal médico de emergencias. En la parte céntrica de la ciudad el tráfico era pesado: mucha gente bebiendo y celebrando parqueados en medio de las principales calles; otros regresando de visitar sus parientes después de cenar. En fin, tomaron más de media hora para acudir al llamado. Algunos de los residentes vieron y oyeron las luces de las sirenas, pero nadie se atrevió a salir, ni siquiera Helenita y sus canes. Los paramédicos encontraron al hombre tirado, tomaron sus signos vitales y se dieron cuenta que estaba infartado. Pusieron al anciano en una camilla, colocaron oxígeno y subieron a la ambulancia. El auxiliar permaneció atrás prestando ayuda al moribundo pasajero, mientras el chofer arrancaba a toda velocidad hacia el centro de la ciudad. Tan pronto salió del residencial y giró a la izquierda, en la primera esquina chocaron con el automóvil de la señora del apartamento 2B que había salido a recibir al aeropuerto a Juan, que llegó de Nueva York para pasar las vacaciones navideñas. Los esposos salieron del carro y discutieron con los paramédicos dilucidando quién chocó a quién. Cuando Lucia vio a quién transportaban, les dijo que lo resolverían luego, lo importante era que don Mario –su vecino del 1B- no muriera.

Ella entró a su automóvil y escuchó el celular de su marido que no paraba de repicar. Vio quien llamaba: la súper modelo del 1A. Siempre vestía ropas y joyas caras, dizque de un supuesto novio que le mandaba dinero del exterior. En ese momento ató cabos y concluyó que su marido era también novio de la chica. Al minuto Juan entró al auto y prácticamente fue impactado más fuerte que el choque con la ambulancia.

_ ¡Desgraciado, mal agradecido! ¡Tú te metiste con esa sucia!

_ ¿De qué me estás hablando mi amor?- preguntó asombrado Juan, agarrándose la gorra de un famoso equipo de beisbol que Lucia casi le arrebató de un golpe.

_  ¿Tú crees que yo no iba a darme cuenta? Ya veo quien le regalaba cosas caras.

_ No mi amor, esa mujer siempre me estaba molestando. Ella es la que insiste.

Arrancó la dama el carro a toda velocidad y casi abrió la puerta del lobby con el parachoques. Tumbaba la puerta a manotazos, al tiempo que vociferaba toda clase de improperios a la muchacha. Arturo esposo de Melisa y cuñado de Yuleiny al escuchar los golpes, acudió con un bate de beisbol en la mano.

_ ¿Qué es lo que está pasando? –dijo muy enojado mientras observaba a su vecina con los ojos llorosos. En seguida se unió Melisa luciendo una bata larga, cubierta de una crema de algas verdes y unas anchoas en el pelo para conservar su forma de cabello.

_ ¿Qué pasa vecina, nunca la había visto así?

Lucia con los ojos rojos, y el rímel corrido hasta los pómulos entre sollozos, explicó a los vecinos lo que aconteció. Mientras Juan siguió directo hacia su apartamento y dejó el pleito armado.

_ ¡Esa -la que ustedes tienen viviendo aquí- es una aprovechada, tiene un romance con mi marido! Pero hasta aquí llegó, no verá un centavo más de él.

Al escuchar esas palabras Arturo se puso rojo de ira, corrió hasta la habitación de Yuleiny y le cayó a bofetadas siendo detenido por su mujer, que no entendió el enojo demostrado por su marido.

_ ¡Desgraciada! después de todo lo que he hecho por ti. Yo te pago tus estudios, te doy ropa, comida, techo ¡y así me pagas!

_ Cálmate Arturo, ella es muy joven, se equivocó.- argumentó Melisa agarrando a su marido, como para justificar las acciones de su hermanita menor.

_ ¿Se equivocó? ¡Ella no sirve mejor dicho!

_ ¿Por qué estás tan molesto? no te entiendo. Ella no es tu hermana.

_ Lo que sucede es que tu marido también me enamora, al igual que el vecino. Y muchas veces me ha propuesto dejarte y quedarse conmigo y con el niño,  porque soy joven y bonita.

Al escuchar Melisa la palabras de Yuleiny entonces fue ella quien la golpeó, no podía creer que su única hermana estaría conspirando para acabar con su matrimonio de diez años de felicidad con un esposo devoto. Había invertido demasiado dinero en cremas y liposucciones como para dejar que su marido la cambiara por la primera veinteañera que viera.

_ Él te quiere como una hija.

_ Ah, ¿pero tú estás ciega?- manifestó Yuleiny.

Eran las cuatro de la mañana y todavía la discusión continuaba en el 1A, mientras Lucia le informaba a José los pormenores del caso de su padre. Por suerte doña Sara seguía medicada para dormir. José estaba muy nervioso. Se abotonó una camisa para ir enseguida al hospital a alcanzar a su padre, quizás ya sin vida. 


continuará......................................


jueves, 27 de octubre de 2016

24 horas por morir. - Segunda parte.

Escrita en Diciembre – 2014



La Nochebuena no fue nada especial para los miembros del apartamento 1B del Residencial “El Paraiso”. Hirvieron unos pasteles en hojas, que Laura había traído de su trabajo como cajera temporal en un restaurant de la zona colonial. Se sirvió avena para la abuela y se acompañó de pan integral para el abuelo. Para la dieta de José - su esposo- tuna en agua, pan integral y jugo de zanahorias. Sus hijos mellizos se atiborraron de pasteles hasta más no poder, en compensación por la ausencia de la típica cena navideña.

_ ¿Nos vamos a pasar la noche hartándonos de pasteles? - preguntó Salvador a su hambriento hermano mientras engullía el quinto pastel.

_ ¿Qué tienes en mente? No hay dinero para salir de bonche.

 _ Tomemos prestado el dinero de abuelo para dar una vuelta.

_ ¡Estás loco!¡Si se da cuenta nos mata!

_ ¡Es prestado solamente! después se lo devolvemos. Los panas están donde Luis y se van a fiestear. ¿Nos vamos a quedar aquí como dos viejos?

_ Ok, pero hay que esperar más tarde a que él se duerma.

Eran las 12:00 de la noche cuando la música y los fuegos artificiales del edificio de al lado dejaron de sonar.

_ ¿Escuchas eso viejo?

_ ¿Qué ya no hay bullicio en el otro edificio?

_ No viejo, que a la puerta le duelen las coyunturas.

_ Así parece mi reina, no ha dejado de quejarse hoy con ese entra y sale. Yo diría que está llegando a su final con tanto tiempo deteriorada.

_ Yo también llego a mi final, mis hermanas se fueron y ahora me toca a mí.

_ No digas eso vieja, sólo son achaques de la edad, tómate la medicina y duerme con Dios.

Don Mario tomaba ocasionalmente su pastilla de la presión, la del azúcar y la del corazón antes de dormir, pero esa noche olvidó ingerir su dosis, al entretenerse buscando un escondite para su dinero. Había vendido su vieja escopeta, disparada por última vez hacía 30 años, para ahuyentar unos perros hambrientos que mordían a los becerros allá en el campo. Sus balas aún permanecían en su caja con el mismo brillo que de fábrica, como si los años no le hubiesen añadido oxidación en lo absoluto. Su hijo Juan, siempre le decía que debía vender esa arma, porque sus nietos podrían tomarla para jugar, y eso era un instrumento muy peligroso donde hay niños. Aparte que doña Sara era ciega y con demencia senil, podría toparse con ella y dispararse sin darse cuenta. En fin, toda la familia le cayó encima y decidió vender su preciado objeto a un amigo guardián del residencial del lado.

De vez en cuando se reunían para hablar sobre las mañas o trucos de ésta escopeta y cómo destrabarla. Para los años que tenía con ella, entendía que había hecho una buena venta y que su nuevo dueño la trataría con igual cuidado que él. Cuatro mil pesos bien ganados no serían echados a la basura gastándolos en tonterías para nochebuena. Él prefería guardarlos para una emergencia o para dentro de un tiempo comprar un terreno para tener donde reposar sus restos cuando la muerte lo llamara. No habían pasado quince minutos cuando los muchachos despertaron y salieron del apartamento, entrando nuevamente forzaron un poco la cerradura con una copia de la llave que dejaron abandonada a la salida del lobby. Les fue fácil deducir dónde estaba el dinero por el ruido de muebles previamente arrastrados por el anciano.

_ Shhh, cuidado que puede despertar.

_ Espera, siento algo aquí detrás del gavetero, pero no parece dinero.

Julián sacó una funda de basura que también contenía una camisa vieja deshilachada, unos periódicos y entre otras cosas encontró el dinero envuelto con unas gomitas rojas. En el momento que rodaron el mueble a su lugar don Mario despertó y medio dormido observó las sombras salir de su dormitorio. Vio el gavetero movido de lugar y se dio cuenta que fue robado. Se sentó en la cama y buscó sus pantuflas para ir tras su dinero. Sin alertar a la familia para no ponerla en riesgo salió afuera a buscar al guardián al que le vendió el arma para que le ayudara a perseguir los ladrones. Los adolescentes dejaron la bolsa debajo de la escalera para no ser descubiertos, junto a algunas fundas de basura que algún condómino olvidó botar. Permanecieron escondidos allí hasta que vieron al abuelo pasar. Luego entraron y se fueron a dormir.

Era la una de la madrugada cuando el abuelo vociferó al guardián, provocando nuevamente el quejido de la puerta del lobby.

_ ¡Serafín, Serafín, se metieron los ladrones! ¡Dame el arma para yo enseñarte cómo se atiende a esa gente!

En otros tiempos don Mario no hubiese necesitado ayuda para enfrentar a los ladrones. En su carrera dentro de la milicia fueron muchos los delincuentes que él apresó con sus propias manos, corriendo entre los callejones y saltando verjas. Hoy día su cuerpo ha envejecido y su capacidad de movilizarse también, acompañada de diabetes, presión alta y otras cosas que lo hacían un hombre físicamente diferente a lo que fue. Buscaba el envejeciente a su recién comprador cuando sintió un fuerte dolor en el pecho. Había caminado muchos metros fuera del edificio. Estaba justo debajo de la mata de mango fundadora del residencial, la misma que meses atrás fue bombardeada por los jóvenes con piedras y palos para tumbar sus deliciosos mangos. Don Mario desmayado e infartado se encontraba afuera, solamente abrigado por unas cuantas hojas y perfumado con el olor a orina de los perros.



No te pierdas la tercera parte.............

martes, 18 de octubre de 2016

24 horas por morir. - Primera parte

Escrita en Diciembre – 2014



La puerta que nunca cierra no tiene dolientes. 
La puerta que nunca cierra cambió de oficio, para ejercitar los brazos de los condóminos que impiadosos revuelven su artritis, externando un chirriante quejido.
La puerta que nunca cierra cambió de oficio, para ser confidente de lamentos y secretos de su gente cuando atraviesan sus cotidianidades.
La puerta que nunca cierra cambió de oficio, para ser cómplice testigo de la envidia, lujuria y la pereza de las manos que la tocan.
La puerta que nunca cierra cambió de oficio, para ser el punto de escasas miradas y saludos que se entrecruzan diariamente.
La puerta que nunca cierra languidece y a nadie le importa. Sus aliados: la cerradura, la cámara, las plantas, las luces y los muebles partieron a destiempo.
La puerta que nunca cierra no tiene dolientes; y lo peor, es que ella lo sabe.

martes, 4 de octubre de 2016

El hombre sin alma. Parte final

Escrita en julio 2015



José partió con el alma en un frasco y el pueblo volvió a la normalidad. En el camino presenció un accidente donde una madre resultó herida al salvar a su hijo de una gran caída. La subió a su automóvil y los condujo al hospital.

_ Usted tiene un gran corazón. - dijo la agradecida madre.

_ Pero ya no tengo alma.

_ ¿Qué es el alma señor? - preguntó el niño.

_ Algo que todos deben tener.

_ ¿Y dónde está la mía?-preguntó el niño tocando su cuerpo.

_ Es invisible.

_ ¿Y para qué sirve?

_ No preguntes tanto hijo.

_ Tampoco lo sé, creo que para después que mueres.

_ No entiendo. ¿Si es para después que mueres por qué se preocupa ahora que sigue 
vivo?

_ No soy aceptado por la gente.

_ Yo tampoco, porque tengo una pierna de madera. A mi madre le falta una oreja.

_ Pareces ser un buen hombre. Quédese con nosotros. – dijo la mujer.

La falta de alma había cambiado de significado. Ya no era un inconveniente, ahora era una ventaja para permanecer y ser parte de una familia que lo aceptaría con cualquier diferencia. 

Durante mucho tiempo los acompañó a recorrer caminos inciertos hasta que se establecieron. Nunca más escuchó de nadie discriminarlo por su carencia.

Una mañana sacó el frasco que siempre llevaba consigo y al ver que ya no la necesitaría le dijo:

_ Vuela libre alma mía, ve a donde quieras.

El humo blanco ascendió lentamente frente a él y se disipó. Su alma ahora libre voló al viento para conocer la verdadera libertad.




martes, 13 de septiembre de 2016

El hombre sin alma. - Segunda parte

Escrita en julio 2015

Segunda parte




Salió presto a poner en marcha su plan para pescar un alma y fue a cuanto mortuorio había no encontrando ningún humo. Visitó hospitales, misa de almas, cementerios, morgues y nada. Los rumores comenzaron a correr de un lado a otro diciendo que ahora José se robaría un alma. La gente temerosa de que fueran plagiados se encerró en sus casas, con sus almas en cuarentena, hasta que José encontrara la que buscaba. Todos los lugares estaban desolados, persona alguna, ni viva ni muerta, estaban ante su presencia.

_ ¡Pobre de mí, sin alma, sin amigos, solo en este pueblo!

_ Buenas tardes señor.

José escuchó una voz a sus espaldas que se dirigía a él. Era la única persona que veía en largo rato de soledad.

_ Buenas tenga usted.

_ Pasé por aquí hace poco tiempo y había mucho movimiento. Hoy luce abandonado. ¿Qué sucedió aquí?

_ Todos temen a que yo le robe el alma.

_ ¿En serio puede hacerles eso?

_ No lo sé, tendría que esperar a que murieran para tomarla.

_ ¿Y para qué quiere usted un alma?

_ Porque no tengo.

_ Usted está de suerte.  Entre las cosas que tengo en mi maletín hay un alma.

_ ¿Bromea?

_ Seguro que la tengo, se la compré a un boticario.

_ ¡Esa es mi alma. La quiero de vuelta!

_ Espere. Le dije que se la puedo vender. Yo pagué por ella.

_ ¿Cuánto pide?

_ Diez mil pesos.

_ Eso es mucho, más de lo que tengo.

_ ¿Cuánto podría pagar?

_ Solo tres mil y una cadena de oro.

_ Acepto. Pero lo hago para ayudarlo. Es difícil vivir sin alma.

José hizo la compra y salió de inmediato para donde el boticario, a que le diera instrucciones de como volver el alma al cuerpo.

_ Destapa el frasco y trágate todo el humo.

_ ¿Sólo eso?

_ Hay una condición. Aunque te den dolores no puedes dejar que el alma se salga por ningún motivo.

_ Eso téngalo por seguro.

Salió de la botica feliz, viendo al pueblo celebrando que ya tenía alma. Todos lo rodeaban haciéndole preguntas sobre lo que sentía cuando no la tenía. Doña panchita le ofreció un dulce de batata con leche de cabra. Doña Herminia le llevó un jugo de tamarindo. Ambas delicias le provocaron fuertes retorcijones intestinales que trató de contener. Hubo un momento en que ya no pudo más y en medio de todo el público que le rodeaba expresó un desahogo intestinal estruendoso, un humo blanco que impresionó al más incrédulo de los testigos.

_ ¡Corran todos. José perdió su alma!

La gente temerosa se alejaba, mientras en el suelo José lloraba por la pérdida y la vergüenza. El boticario logro almacenar casi todo el humo en un frasco nuevamente y se la devolvió.

_ Boticario, mi alma no me quiere.

_ Quizás es que no la necesitas para vivir.

_ Pero nadie me va a querer si no tengo una.

_ La gente es cruel con quien considera diferente. Vete a otro pueblo y comienza de nuevo. Eso si, no le digas a nadie de lo que careces.




No te pierdas la tercera parte de esta historia......

lunes, 5 de septiembre de 2016

El hombre sin alma. Primera parte.

Escrita en julio 2015




José no tiene alma. Así lo aseguran todos. Hace muchos años padecía terribles dolores en el cuerpo que le afectaban los pulmones, en un momento le dolían los riñones, en otro rato la cabeza o las articulaciones. Salió desde la loma hasta la ciudad a buscar la cura de su molestoso mal. Cientos de exámenes y pruebas no arrojaron enfermedad alguna. Estaba fuerte como roble. Como última salida fue a visitar a un viejo boticario que lo sabía casi todo.

_ Eso que tu sientes que sube, baja y cambia de posición es el alma que se te quiere salir.

_ Yo no creo eso, no soy creyente. – le aseguró.

_ ¿Y por qué estás aquí entonces? – preguntó intrigado.

_ Porque estoy desesperado, los dolores son cada vez más fuertes.

_ Podría ayudarte a sacarlo, pero de hoy en adelante quedarás sin alma.

_ Hágalo, no creo que algo que quiera salir de mi sirva para mucho.

El anciano puso al hombre desnudo de pie. Analizó cada parte de su cuerpo. Vio por donde pasaba una bola de aire que subía y bajaba, notándose más en su pierna derecha. La contuvo fuertemente evitando que se esfumara de la zona y con una cánula la pinchó y ésta salió como humo blanco hacia el exterior, que se confundió con el aire en pocos segundos.

Al ver esto José se sorprendió. El alma se le salió del cuerpo, liberándolo de dolores para siempre. A partir de ese momento tuvo una salud de fierro. Fueron muchos los curiosos que circularon la noticia, hasta que toda la población estuvo enterada de lo que sucedió con José –el sin alma- nombre con el que fue llamado desde entonces.

Mejorando su economía ya que podía seguir dedicándose a su oficio de albañil, quiso formar una familia y fue a enamorar a una bella muchacha del rancho vecino.

_ Lo siento mucho José. No puedo aceptarte porque eres un desalmado. No sabrás quererme y yo sólo voy a sufrir contigo.

Abandonó la idea de casarse y fue a la iglesia a que el padre lo ayudara.

_ No puedo hacer nada José. No tienes alma para salvar. ¿Qué le puedes ofrecer a Dios o al demonio?

Salió José compungido de la iglesia y en el camino se le atravesó un caballo y lo hirió de muerte. Fue llevado al cuartel para ser juzgado por su crimen.

_ Este hombre aunque cruel no tiene alma, por tanto, no es responsable de sus actos. – dijo el juez.

Lo que en un principio pareció una ventaja ahora se convertía en un prejuicio. Ni para bien ni para mal era aceptado por no tener alma. Quiso darle otro rumbo a su vida y comenzar nuevamente. Se integró en la milicia para luchar por su país.

_ José no puedes unírtenos porque necesitarás tu alma para sobrellevar esta vida de sacrificios.

_ Estoy cansado ya de tantas limitaciones. - manifestó derrotado.

_ ¿Y por qué no sales a buscar tu alma para que seas normal nuevamente? – dijo el reclutador.

_ ¿Podría?

_ Seguro que el que te la quitó podría dártela si quisiera.

Volvió el desdichado donde el boticario que lo liberó de los dolores y le manifestó su petición.

_ Quiero mi alma de vuelta.

_  No puedo hacer eso. La vendí.

Asustado el hombre preguntó:  

_ ¿A quién se la vendió?

_ Un viajero que pasaba por aquí buscando curiosidades.

_ ¿Y ahora qué hago sin alma?

_ Estabas bien sin ella, ¿por qué la quieres de vuelta si padecías de dolor?

_ No me puede amar una mujer, ni a Dios ni mi país sino tengo alma. Lo he intentado todo y nadie me acepta.

_ Sólo te queda una cosa: Toma esta cánula e inhala el humo blanco que salga de algún moribundo, así poseerás su alma.


continuará..............................................


domingo, 21 de agosto de 2016

MAYFLOWER - 2da parte.

2da parte.
Escrita en noviembre  2014




Mayflower comía mucho para crecer fuerte, pero su aspecto no era muy atrayente. Tenía el cuerpo alargado pero chico para ser una efímera, su cola no se desarrolló y algo mal había en sus alas. Ser diferente de todas motivó un rechazo hacía ella por las moscas restantes. Llegó por fin el día de mudar su piel fuera del agua y comenzaron a madurar con la ayuda del sol. Cuando extendió sus alas tenía un par anaranjado y otro par carmín y amarillo como las flores silvestres que crecían junto al rio.

A medida que se secaron todas las ninfas fueron mudando la piel, quedando al descubierto un cuerpo largo como libélula, blando y flexible de color oscuro, alas transparentes firmes y amarillentas. Todas menos Mayflower. En cambio, el de ella era color miel, débil y pequeño; no le ayudaría a lograr grandes distancias.

_ ¡Qué rara es. Apártense de ella. Tendrá alguna enfermedad!

_ Te lo dije antes. Ella y sus ideas no terminarían en nada bueno.

Mayflower las escuchaba haciendo caso omiso a los comentarios. De alma y espíritu indomable, estaba dispuesta a volar hasta la luna a pesar de sus defectos.

Temprano de la mañana los vientos del este comenzaron a soplar, arrastrando consigo los restos de piel por el aire hasta el poblado más cercano, lo que alertó a los habitantes que ya comenzaban como cada año, a combatir a los insectos para no ser invadidos por plagas y alergias. Un grupo de pobladores organizaron una jornada de fumigación, para eliminar a las moscas nacientes, porque estas estaban produciendo enfermedades estacionales en sus hijos y ancianos.

Llevaron galones de sustancias que al rociarlas, eliminaban a todo animal con quien tuviera contacto. Formaron varios escuadrones para ocupar la mayor parte de la rivera del rio y comenzaron a rociar. Para su mala suerte, los vientos de esta zona hicieron que el aire contaminado se esfumara rápidamente y sólo las efímeras que se posaban en las flores, las que estaban sobre la superficie del rio y algunos peces que respiraban en la superficie del agua fueran afectados, llevándose la suave corriente de sus aguas, sus cuerpos sin vida.

_ Vamos a ver lo que hay más allá del rio. – dijo la ninfa.

_ ¿Será riesgoso?

_ Quizás algunas logren hacerlo. Las que no que se devuelvan.

Junto a un sinnúmero de efímeras volaron hasta el poblado cercano y vieron con asombro todas las pequeñas lunas blancas, brillantes, calientes dentro y fuera de las casas protegidas por enormes guardianes, los mismos que las atacaron ese día.

Empezaban a explorar cada bombilla, cuando fueron salvajemente atacados por los pobladores que con escobas, atrapamoscas y otros utensilios batían el aire intentando eliminarlas. Las efímeras revoloteaban por doquier como abejas sin enjambre. Muchas murieron aquella noche; al menos Mayflower tocó una luna y quedo extasiada ante tal belleza, la luz irradiaba una energía tal, que sentía que la hacía más fuerte, que no era ni pequeña ni débil como para no ir tras su sueño. Ese instante de contemplación de luz duraría para siempre.

De repente todas las luces fueron apagadas, en su lugar se encendieron velas y lámparas. Muchas efímeras decidieron abandonar la misión, ya que estaban siendo aniquiladas y la luz emitida por estas cosas no era tan luminosa como las anteriores lunas. En cambio, las pocas que quedaron, al tocar la luz se quemaron las alas, yaciendo en el suelo moribundas. Esa noche las restantes regresaron al rio alejándose de la causante de esta tragedia.

En el mismo pétalo que le sirvió de morada había una hermosa efímera hembra con tres largas y brillantes colas y alas doradas como el ocaso del sol iluminando el agua. 

_ Es tan bella. Esa hermosura nunca se fijaría en mí. Ni siquiera nota mi presencia en esta flor.

Su optimismo era grande, pero las posibilidades de que algo ocurriera entre ellas era casi nula. Sin belleza, sin tamaño, sin mucho tiempo. No había nada a su favor. Por primera vez, esa noche se entregó en los brazos de la derrota hasta que amaneció.

El sol resplandecía sobre las aguas del rio. Mayflower sintió el calor en su ligero cuerpo dándole fuerzas para seguir adelante. El día era muy especial, ya que sería el último de su vida. Pensaba pasarse ese día sobre alguna flor hasta que llegara la muerte, pero cambió de planes. Salió a disfrutar cada minuto de su vida, olvidándose de su corta cola, de sus alas multicolores, de su pequeño cuerpo duro. Se posó en cada flor que salió a su encuentro confundiendo sus alas con los pétalos multicolores. Bebió el néctar de éstas. Vio su rostro en todas las gotas de rocío que todavía quedaban en las hojas, respiró el perfume de la naturaleza que la rodeaba. Se sintió feliz de poder vivir esos momentos, que aunque parecían una despedida, los recordaría para siempre.

La corta distancia la llevó hasta el poblado nuevamente. Una vez allí quiso tocar las pequeñas lunas y maravillarse con su brillo.

_ ¿Qué sucede? ¿Por qué no alumbran? ¿Ya no tienen magia?

Se dio cuenta que la magia no estaba en las cosas sino en lo que significaba para cada quien. Que el valor de algo no radicaba en el material de que estaba hecho, y que el éxtasis que producía la conquista de ese algo podía vencer cualquier miedo o dificultad. 

Volvió al rio, se armó de valor posándose sobre una flor para esperar su momento mágico que alegraría su corta su existencia. La tarde caía y el sol anunciaba su retirada, el cielo se tornó anaranjado, con algunas franjas grises y azules oscuros. En la noche habría luna llena, la primera que vería en su vida y tal vez la última. El agua estaba agradable. Cientos de efímeras empezaron a aparecer por doquier anunciando el tan esperado ritual. De pronto apareció ella, vestida de un blanco tan brillante que opacaba la belleza natural del bosque. Salió de entre las nubes como marcando su territorio hasta que quedó totalmente sola en el oscuro firmamento. Su luz se reflejaba tanto sobre las aguas, que cada efímera podía destacarse claramente a simple vista. Mayflower abrió sus pequeños ojos y observó admirada a la luna por largo rato, como si estuviera hipnotizada.

Una efímera en especial de desbordante belleza también estaba presente, la misma hembra que había visto en la flor aquella noche. Flotaba en el rio rodeada de machos, que no escatimaban en golpetear sus alas, para mostrarles su amor y formar con ella la próxima generación de moscas. Mayflower circundaba el área. La luz de la luna le dio a sus alas un color y brillo únicos. Parecía tener luz propia como las bombillas del poblado. La efímera hembra la observó desde el agua tintinear desde lo alto como una pequeña luna. Luego la vio acercarse más y más. El aleteo de los demás machos impedía que pudiera acercarse debido a su tamaño. La hembra voló y la sujetó con sus tres colas, llevándola suave pero firmemente hasta el agua. La formación en flor de las moscas produjo un espectáculo sin igual. Su centro, formado por Mayflower y la hembra brillaba causando la admiración de todas las formaciones. Dos horas de ritual romántico fue presenciado por la luna llena y algunas estrellas.

La efímera sintió desvanecerse después de lograr fertilizar los huevos de su amada. Salió de la formación y tomó altura. Miró hacia la luna, la observó por última vez y cayó al agua culminando así su reloj biológico. Su cuerpo flotó sobre el agua siendo arrastrado por una apacible corriente de aguas frescas hasta el final del rio. Tras sí innumerables machos yacían, al instante de conocer el amor y al igual que ella pudieron cumplir todos sus sueños. Momentos después, las hembras comenzaron a depositar sus huevos sobre la superficie del agua y también morían dando paso al florecimiento de nuevas ninfas.

Esta vez el sueño de una efímera diferente fue cumplido. El colorido de las flores de la rivera estaría presente en las alas de nuevas efímeras con nuevos sueños, nuevos caminos por recorrer, nuevas luchas, nuevas esperanzas y nuevas lunas.


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