lunes, 11 de enero de 2016

150 Grados. - 2da. parte

Escrita en Diciembre – 2009 y Abril – 2015



Por la aridez del terreno y la atmósfera del planeta les tomó tiempo aterrizar el Phoenix en la zona roja. El sargento Muller hizo una revisión minuciosa de los daños. Smith y Marinez, partirían a buscar rastros de la cápsula que manipulaban los doctores Ho y Strongharm. El transbordador estaba en la zona roja y los vientos huracanados lo cambiaban de posición constantemente hasta arrastrarlos hacia las rocas, provocando severos daños a su radar, lo que hizo imposible la búsqueda. Allí encontraron los hangares y todas las instalaciones abandonadas.

Mientras en el planetoide, la herida de Strongharm seguía deteriorándolo, se veía débil. Trató de caminar por entre las rocas y cayó nuevamente cuarteando su casco. Activó la grabadora del tablero de su traje para comenzar la bitácora de su travesía.

_ Phoneix, si alguna vez me escuchan soy el doctor Strongharm. Atravesé un agujero de gusano y estoy al parecer en otra galaxia, en un planeta que arde como fuego. Una estrella muerta por sus características. Mis marcadores de oxígeno están dañados. Estoy solo, estaba dentro de la cápsula cuando fui arrastrado por la corriente estelar. No puedo establecer en cuáles coordenadas estoy. Todas las constelaciones de estrellas que veo son diferentes a las nuestras. Estoy herido y no creo pueda sobrevivir a esta temperatura.

Apenas finalizó la grabación sintió que se mareaba al entrar el aire caliente por el agujero que tenía el casco. Tardó horas en despertar, viendo que el mismo ya no tenía cubierta. Podía respirar aunque con dificultad, el aire era demasiado caliente y sentía que sus pulmones se quemaban. Deliraba cuando creyó que sus compañeros estaban curando su pierna. Sintió un peso en su rodilla izquierda. Algo se colocaba sobre su pierna, podía escuchar sus ruidos. Se atemorizó, los sonidos no parecían humanos. Estando oscuro y rojizo a la vez, pudo divisar una sombra difusa ante él.

Escuchó nuevamente el mismo sonido, como un lenguaje. La oscuridad y el fuerte calor no le dejaban percibir quién estaba allí. Sacó la mano de su guante derecho y tocó su rodilla, sintiendo una especie de lodo mojado que cubría toda la parte afectada provocándole más dolor que alivio. Continuó deslizando su mano un poco más y alcanzó a tocar una superficie rugosa, escamosa, como roca, que tenía vida. Ésta hizo un ligero movimiento y John retiró su mano por temor.

_ ¿Quién está ahí? Responda. – el miedo fue apoderándose de él.

Al no recibir respuesta fue recogiendo sus piernas tratando de escabullirse lentamente del alcance del extraño. El ruido continuaba repitiéndose, John supuso que algún animal de ese planeta lo estaba en cierto modo ayudando. El lodo se secó rápidamente y sintió que su herida aliviaba. Se levantó del suelo y se recostó de una roca. En ese momento el extraño saltó sobre la roca y fue ahí cuando pudo ver claramente lo que tenía ante sus ojos: una criatura de delgado y largo cuello, al igual que su enclenque cuerpo, que podía trasladarse rápidamente con largas zancadas de sus extremidades inferiores. Siguió emitiendo el mismo sonido que salía de su nariz como lenguaje, tratando de darse a entender por el visitante.

_ ¿Qué eres? Esto es increíble. –expresó John al ver claramente a su anfitrión. No tengas miedo, déjame tocarte.

Nuevamente encendió su grabadora para grabar la bitácora del día.

_ Phoenix no creerán lo que tengo ante mí. Una criatura alienígena muy distinta a como siempre habíamos imaginado. Tiene largas y bien desarrolladas patas traseras y extremidades superiores cortas. Ojos brotados y su piel hecha burbujas gruesas. Sin dientes y su nariz es casi imperceptible al igual que sus orejas. En la punta de sus tres dedos posee unas garras formadas por una capa petrificada parecida a la uña humana.

Apagó su grabador al momento que sintió la temperatura aumentar más y más dentro de su traje. El regulador interno se había averiado. El alienígena saltó de la roca y se escabulló en la oscuridad al momento en que la mano del terrícola se dirigía hacia él. John permaneció en ese lugar a la espera de que su amigo lo reencontrase nuevamente. El aire estaba tan caliente que sentía su garganta quemarse. La sed lo vencía. Comenzó a desvestirse, su traje se estaba calentando más de lo debido y se apretaba la garganta como queriendo desprendérsela de la ansiedad que el calor le provocaba, se le iba cerrando y perdiendo oxígeno. La criatura regresó y al verlo casi muriendo, lo arrastró hasta un fango de lodo gris y húmedo, enterrándolo completamente, dejando apenas sus fosas nasales afuera. Fue un momento de respiro para John que quedó enterrado mientras su nuevo amigo se sentaba sobre su pecho cubierto de lodo.

Estaban al parecer solos en ese planetoide, se preguntaba cómo esa criatura había llegado hasta allí y si existían más de su especie. Con el paso de algunas horas la temperatura descendió un poco aunque permanecía oscuro, solamente iluminado por las fosas de fuego. Entendió que por el descenso de la temperatura y su deseo de dormir, llegaba lo que podía describirse como la noche.

Tiempo más tarde salió del fango y emprendieron la ruta del reconocimiento de la zona ya conocida por la criatura. El alienígena emitía un sonido proveniente de sus fosas nasales y lo que quedaba de oído. Al parecer le explicaba algo que el astronauta no alcanzaba a entender.

_ No entiendo nada de lo que me dices. Mi nombre es John, John- repetía. ¡Cómo rayos espero que me contestes si no eres humano!

Así caminaron protegiéndose entre las rocas luminosas hasta alejarse. Los dos extraños se cubrían mutuamente, causándole la temperatura grandes llagas al terrícola y no afectando la dermis rugosa y encostrada de la criatura. Cada cierto tiempo venían vientos huracanados como tornados de más de 1000 km/s, que pasaban rápidamente arrastrando parte del polvo caliente que componía el terreno. Este polvo ascendía formando una larga hilera en el firmamento como una cola que giraba alrededor de una galaxia elíptica estacionaria que lo iba consumiendo poco a poco; un agujero negro que alimentaba su centro de material cósmico. Los gases moleculares que participaban en la creación de la vida y el medio ambiente estaban siendo absorbidos por la galaxia y en poco tiempo convertirían el planetoide en sólo polvo cósmico parte de la elíptica.

_ Tengo que encontrar un modo de entenderte –pensó. Puedo reconocer algunos sonidos que expresaste en varias ocasiones.

_ Pkcrit, Pkcrit supongo que ese es tu nombre. Así te llamaré.

Hizo en el suelo algunos dibujos alusivos a su nave espacial y como fue a parar a esa zona deshabitada, a lo que la criatura con sus sonidos y algunas marcas en el suelo también le mostraba que había una colonia, aunque lejos de ellos.

_ Llévame a tu colonia. Quiero conocer más de ti y los tuyos.

Amigablemente la criatura no parecía tener ningún temor por el extraño. Ni siquiera el gran traje blanco plateado le molestaba a la vista. Esta iba saltando rápidamente de roca a roca y sin sentir tanto el calor mientras le indicaba por cuál sendero seguir. No había vegetación, ni agua, ni luz solar. Sólo oscuridad, rocas, fuego, lava y mucho calor.

_ Phoenix. Me trasladé desde la zona cero hacia donde el alienígena me guía. Según los dibujos que hizo, existe toda una población aquí como él. Quiero estudiar su forma de vida y saber cómo llegaron a este planeta. Mis ojos están llorosos e irritados. No aguanto el calor, hasta perdí algunas uñas de las manos. Siento que mi garganta se derrite. Tengo mucha sed, como quisiera una soda en este momento.

El trayecto era difícil y peligroso para llegar al destino, mientras más recorrían más calor hacía, tanto que el material del traje empezaba a causarle severas quemaduras en la piel, porque comenzó a derretirse en las extremidades superiores. Aparte de las llagas en los brazos y la rótula descompuesta, también sus pies fueron llenándose de grandes ampollas de líquido ardiente. Se despojó de todo el traje conservando el panel donde estaba la grabadora y las vestimentas interiores.

Ya habían pasado muchas horas según su cálculo cuando vio a Amy sentada en un chaise long alumbrado por velas a lado de la piscina de un hermoso hotel de Tahití. Los músicos entonaban la canción favorita de los esposos, mientras unas bailarinas danzaban con atuendos de cocos. El camarero le ofreció un trago adornado con sombrillas y pedazos de frutas, guiándolo hasta su acompañante. Amy lo abrazaba mientras observaban la danza del fuego, donde hábiles bailarines usaban lanzas encendidas y la lanzaban a su oponente. Se podía sentir el fuego tan vívido que John creyó que le quemaba.

De ese modo cayó al foso que al no ser profundo no llegó a hundirse del todo. La criatura lo sostuvo con una lanza que empezaba a quemarse y lo sacó del terreno movedizo donde había caído después de pisar las rocas alucinógenas. Este efecto sólo se produjo en el terrícola, ya que el alienígena cruzó saltando las rocas y no tuvo reacción alguna.

_ ¡Quiero quedarme con ella. Amy, Amy! –gritaba.

El olor que desprendían las rocas al ser pisadas provocaba múltiples síntomas, entre ellos la alucinación y la pérdida de sensibilidad al dolor y al fuego. Podría morir calcinado sin darse cuenta de qué era real o imaginario. Al salir del foso había dejado allí su rótula que finalmente se desprendió de la pierna provocándole un agónico dolor, aparte de las ampollas en sus pies que dejaron los pellejos por donde caminaba. Finalmente y ya envuelto en lodo, terminó desnudándose completamente de toda su ropa, que ya empezaba a hacerse parte de su piel.

_ ¡Dios, no aguanto este dolor! – se quejaba mientras arrancaba a pedazos el resto de su ropa.

Extrañamente su pierna aunque dolía no sangraba, se coaguló rápidamente y las venas se sellaron. No iba a infectarse a causa de que no existían bacterias vivientes allí. Pkcrit lo ayudó a deslizarse entre las rocas alucinógenas faltantes hasta llegar a las cuevas de silicio. Muchas piedras luminosas le daban luz al angosto agujero. John arrancó una de ellas y notó que eran diamantes brutos. En algún momento el agua y el fuego ascendieron por esas cuevas arrastrando el carbono en su etapa más perfecta hacia la superficie.

No te pierdas la tercera parte.....

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