Escrita
en Diciembre – 2009 y Abril – 2015
Cuarta parte.-
Cuarta parte.-
John y su nuevo amigo pasaron meses viviendo en la
angosta cueva de silicio hasta que estuvo más repuesto para movilizarse. Según
Pkcrit y calculando la posición de las estrellas, faltaba mucho camino por
recorrer hasta la colonia y si las tormentas no cedían podía llevarles mucho
más tiempo llegar al destino. Los ojos de John estaban encostrados y
ligeramente brotados por la presión del calor. Su piel tenía un aspecto más
rugoso y las llagas curaban rápidamente con los baños de lodo curativo. No
bebían, solo comían un fango húmedo que el alienígena conseguía diariamente.
John tenía la mitad de su peso aunque de salud estaba bien. Ya su piel no
necesitaba ninguna vestimenta, se fue encostrando hasta hacerse dura. Su
aparato digestivo se fue adaptando a la comida y no vomitaba como en los
inicios. No sentía ya la necesidad imperativa de tomar agua y por el peso del
lodo que comía, su estómago se mantenía lleno por largo rato reduciendo su
necesidad de alimento.
Emprendieron el camino nuevamente, usando como muleta
una larga lanza mineral desprendida de las rocas. No tenía mucha carga en su
grabadora, quería dejarla para la ocasión más especial en que llegaran a la
colonia y viera con sus propios ojos a una nueva raza humana. La medición del
tiempo y los días se perdieron, en su lugar quedaron los descensos de
temperatura. Cada descenso lo contaba como un día, aunque fuese más corto o más
largo en duración. Al cabo de cuarenta y tres descensos llegaron a la colonia
alienígena. La tormenta huracanada estacionaria nuevamente arreciaba cuando
ellos entraron a la gran caverna.
_ Phoenix
estoy entrando a la caverna, un área inmensa llena de compartimientos y cuevas con
un techo tan alto como un edificio de diez pisos, donde el aire es menos
caliente que allá afuera. Esto es increíble: Toda una población alienígena se
mueve aquí: adultos, niños, todos de la misma especie de mi guía. No parecen
temerme. Son dóciles y emiten mucho ruido. Hay chozas montadas en lodo seco
tanto en los huecos de las paredes como en el suelo y una fosa de fango que
sirve de alimento. Voy a recorrer toda el área para conocer cómo viven.
John visitó todas las chozas de lodo y conoció a todos
y cada uno de los 315 pobladores que allí vivían. El mayor tenía alrededor de
treinta y cinco años a deducir por su medición de descensos; Pkcrit tenía 12
años más o menos. Su vida era corta por las condiciones del lugar; en contraste
crecían y se hacían adultos rápidamente, naciendo los más recientes más fuertes
y más adaptados al hábitat. Se alumbraban en la caverna con unas piedras
calientes adheridas a las estalactitas. Al parecer hubo agua en algún momento
en ese planetoide. Tenían un lugar prohibido con una entrada cubierta de rocas
al cual John quiso visitar pero le fue impedido por los vigilantes.
En un descuido Pkcrit se alejó de su vista, luego lo
vio rindiendo cuentas a algún superior sobre lo que fue a buscar a la zona de
las rocas. Dentro de lo que pudo deducir, entendió que le explicaba a su padre
que no logró encontrar nada en su viaje, solamente a un terrícola.
A partir de ese momento John se dedicó a aprender el
lenguaje de sonidos nasales, porque aparte de que no entendía a las criaturas,
también su laringe se estaba atrofiando cada día más, a tal punto que había
palabras que ya no podía pronunciar correctamente. Notó que aunque la vida era
rústica, ellos no se comportaban como salvajes prehistóricos. Al contrario, los
más jóvenes se reunían a escuchar sobre astronomía, y sobre el clima del
planeta donde vivían. No tenían dioses ni divinidades, eran inteligentes y practicaban
lo aprendido de padre a hijo. No usaban armas ni utensilios hogareños; cuando
tenían hambre tomaban lodo y comían. No había orden jerárquico, cada familia
manejaba a su prole. Dentro de la caverna los adultos ejercitaban sus largas
piernas preparándola para su vida exterior saltando sobre las rocas desde lo
alto de la caverna. John también hacia uso del salto aunque en rocas bajas para
no lesionar nuevamente su pierna sin rótula que le quedó tiesa y al mismo
tiempo ejercitaba sus escasos músculos.
Había otra cueva no visitada aunque abierta, a la que
nadie podía accesar. Una especie de humo o gas le daba un aspecto brumoso.
_ ¿Qué hay en
ese lugar? - Preguntó John con un escaso lenguaje de sonidos y señas.
_ Es la cueva
de la Vida. No debemos entrar ahí.
No entendió el significado de lo que Pkcrit le
respondió. Por su conocimiento supo que era gas carbónico lo que salía de ella.
En la parte exterior de la caverna se avecinaba una
nueva hiper tormenta, la galaxia elíptica seguía estática, siendo atraída aún
más por las descargas de fuego y la radiación emitidas, al producirse pequeñas
explosiones atómicas sobre el planetoide, lanzando todas las partículas hacia
el agujero negro - centro de la galaxia - y destruyendo todo a su paso. Los
vientos circulaban a 5,000 km/s, dejando el terreno totalmente petrificado por
el fuego, quedando como superficie el magma. La entrada a la caverna era
angosta y con mucha dificultad para accesar. Dentro de ella seguirían seguros
hasta que la galaxia cambiara de curso.
Los cambios físicos generales de John ya eran bastante
evidentes, sus uñas desaparecieron y en su lugar una costra dura revistió la
punta de sus dedos. Perdió los labios, el pelo, orejas y parte de su nariz. Su
piel se tornó rugosa aunque sus extremidades siguieron normales; sus pies
desarrollaron una costra dura en la parte baja. Todos esos cambios los achacó a
la alta temperatura y la rusticidad del terreno; así como el medio ambiente
alteró el ADN de las criaturas desarrollando los órganos que más necesitaban.
Al mirar fijamente a su amigo Pkcrit se preguntaba cómo
fueron físicamente sus primeros ancestros cuando llegaron a ese planeta. No
tenía ningún equipo para estudiar esa especie y formularse una hipótesis de
cómo viajaron y se adaptaron al lugar. De dónde procedían o si evolucionaron de
otras especies alienígenas. Y como serían si el agujero negro no estuviera tan
cerca aumentando las altas temperaturas.
No te pierdas la quinta parte en la siguiente entrega.
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