domingo, 31 de enero de 2016

150 Grados. - Cuarta parte

Escrita en Diciembre – 2009 y Abril – 2015

Cuarta parte.-



John y su nuevo amigo pasaron meses viviendo en la angosta cueva de silicio hasta que estuvo más repuesto para movilizarse. Según Pkcrit y calculando la posición de las estrellas, faltaba mucho camino por recorrer hasta la colonia y si las tormentas no cedían podía llevarles mucho más tiempo llegar al destino. Los ojos de John estaban encostrados y ligeramente brotados por la presión del calor. Su piel tenía un aspecto más rugoso y las llagas curaban rápidamente con los baños de lodo curativo. No bebían, solo comían un fango húmedo que el alienígena conseguía diariamente. John tenía la mitad de su peso aunque de salud estaba bien. Ya su piel no necesitaba ninguna vestimenta, se fue encostrando hasta hacerse dura. Su aparato digestivo se fue adaptando a la comida y no vomitaba como en los inicios. No sentía ya la necesidad imperativa de tomar agua y por el peso del lodo que comía, su estómago se mantenía lleno por largo rato reduciendo su necesidad de alimento.

Emprendieron el camino nuevamente, usando como muleta una larga lanza mineral desprendida de las rocas. No tenía mucha carga en su grabadora, quería dejarla para la ocasión más especial en que llegaran a la colonia y viera con sus propios ojos a una nueva raza humana. La medición del tiempo y los días se perdieron, en su lugar quedaron los descensos de temperatura. Cada descenso lo contaba como un día, aunque fuese más corto o más largo en duración. Al cabo de cuarenta y tres descensos llegaron a la colonia alienígena. La tormenta huracanada estacionaria nuevamente arreciaba cuando ellos entraron a la gran caverna.

_ Phoenix estoy entrando a la caverna, un área inmensa llena de compartimientos y cuevas con un techo tan alto como un edificio de diez pisos, donde el aire es menos caliente que allá afuera. Esto es increíble: Toda una población alienígena se mueve aquí: adultos, niños, todos de la misma especie de mi guía. No parecen temerme. Son dóciles y emiten mucho ruido. Hay chozas montadas en lodo seco tanto en los huecos de las paredes como en el suelo y una fosa de fango que sirve de alimento. Voy a recorrer toda el área para conocer cómo viven.

John visitó todas las chozas de lodo y conoció a todos y cada uno de los 315 pobladores que allí vivían. El mayor tenía alrededor de treinta y cinco años a deducir por su medición de descensos; Pkcrit tenía 12 años más o menos. Su vida era corta por las condiciones del lugar; en contraste crecían y se hacían adultos rápidamente, naciendo los más recientes más fuertes y más adaptados al hábitat. Se alumbraban en la caverna con unas piedras calientes adheridas a las estalactitas. Al parecer hubo agua en algún momento en ese planetoide. Tenían un lugar prohibido con una entrada cubierta de rocas al cual John quiso visitar pero le fue impedido por los vigilantes.

En un descuido Pkcrit se alejó de su vista, luego lo vio rindiendo cuentas a algún superior sobre lo que fue a buscar a la zona de las rocas. Dentro de lo que pudo deducir, entendió que le explicaba a su padre que no logró encontrar nada en su viaje, solamente a un terrícola.

A partir de ese momento John se dedicó a aprender el lenguaje de sonidos nasales, porque aparte de que no entendía a las criaturas, también su laringe se estaba atrofiando cada día más, a tal punto que había palabras que ya no podía pronunciar correctamente. Notó que aunque la vida era rústica, ellos no se comportaban como salvajes prehistóricos. Al contrario, los más jóvenes se reunían a escuchar sobre astronomía, y sobre el clima del planeta donde vivían. No tenían dioses ni divinidades, eran inteligentes y practicaban lo aprendido de padre a hijo. No usaban armas ni utensilios hogareños; cuando tenían hambre tomaban lodo y comían. No había orden jerárquico, cada familia manejaba a su prole. Dentro de la caverna los adultos ejercitaban sus largas piernas preparándola para su vida exterior saltando sobre las rocas desde lo alto de la caverna. John también hacia uso del salto aunque en rocas bajas para no lesionar nuevamente su pierna sin rótula que le quedó tiesa y al mismo tiempo ejercitaba sus escasos músculos.

Había otra cueva no visitada aunque abierta, a la que nadie podía accesar. Una especie de humo o gas le daba un aspecto brumoso.

_ ¿Qué hay en ese lugar? - Preguntó John con un escaso lenguaje de sonidos y señas.

_ Es la cueva de la Vida. No debemos entrar ahí.

No entendió el significado de lo que Pkcrit le respondió. Por su conocimiento supo que era gas carbónico lo que salía de ella.

En la parte exterior de la caverna se avecinaba una nueva hiper tormenta, la galaxia elíptica seguía estática, siendo atraída aún más por las descargas de fuego y la radiación emitidas, al producirse pequeñas explosiones atómicas sobre el planetoide, lanzando todas las partículas hacia el agujero negro - centro de la galaxia - y destruyendo todo a su paso. Los vientos circulaban a 5,000 km/s, dejando el terreno totalmente petrificado por el fuego, quedando como superficie el magma. La entrada a la caverna era angosta y con mucha dificultad para accesar. Dentro de ella seguirían seguros hasta que la galaxia cambiara de curso.

Los cambios físicos generales de John ya eran bastante evidentes, sus uñas desaparecieron y en su lugar una costra dura revistió la punta de sus dedos. Perdió los labios, el pelo, orejas y parte de su nariz. Su piel se tornó rugosa aunque sus extremidades siguieron normales; sus pies desarrollaron una costra dura en la parte baja. Todos esos cambios los achacó a la alta temperatura y la rusticidad del terreno; así como el medio ambiente alteró el ADN de las criaturas desarrollando los órganos que más necesitaban.

Al mirar fijamente a su amigo Pkcrit se preguntaba cómo fueron físicamente sus primeros ancestros cuando llegaron a ese planeta. No tenía ningún equipo para estudiar esa especie y formularse una hipótesis de cómo viajaron y se adaptaron al lugar. De dónde procedían o si evolucionaron de otras especies alienígenas. Y como serían si el agujero negro no estuviera tan cerca aumentando las altas temperaturas. 


No te pierdas la quinta parte en la siguiente entrega.

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